La paz y los gringos

Por: Andrés Felipe Castañeda. —

La guerra contra las drogas es un fracaso rotundo. Las políticas represivas ordenadas por Estados Unidos han ido dejando una estera de sangre y dolor imborrable y han terminado por provocar el auge de los carteles del narcotráfico que generan todo tipo de violencias en sus territorios de influencia.
Es una regla universal del mercado que sin demanda no hay oferta, que lo que no se consume se deja de producir, y siendo Estados Unidos un país netamente consumidor, tiene una gran responsabilidad en las consecuencias que acarrea su desaforado ímpetu por castigar las cadenas de producción de droga en los países que la producen para satisfacer su demanda. En el caso de Colombia, el tráfico de cocaína ha recrudecido el conflicto. Ha sido utilizado por paramilitares y guerrillas como método de financiación, dejándoles millonarias ganancias.
Mientras tanto, la persecución auspiciada por Norteamérica va dejando víctimas silenciosas, llenando cárceles y tumbas al atacar los eslabones más débiles de la cadena: los campesinos, casi siempre coaccionados para sembrar la mata de coca por la fuerza del fusil, las mulas –que no son otra cosa que la carne de cañón de los narcos-, y los consumidores, a quienes se insiste en tratar como delincuentes en lugar de verlos como lo que son: personas con una enfermedad que requieren especial atención médica y psicológica.
Lastimosamente hay que admitir, como lo ha dicho Antonio Caballero en varias de sus columnas, que lo que se negocia en este momento entre el Gobierno y las Farc en La Habana sobre el tema de drogas ilícitas, tiene que pasar primero por las narices impetuosas de los gringos, que seguirán sentados en sus escritorios reclamando resultados a los países productores al tiempo que aumentan sus ganancias por la venta de veneno para fumigar las miles de hectáreas de cultivos ilegales y que terminan afectando todas las siembras a su alrededor, contaminando el agua y el aire acarreando con esto serias consecuencias para la salud humana. Mientras Estados Unidos no acepte que son sus consumidores los que alientan todo el ciclo de producción y las violencias que este genera, el problema de las drogas persistirá. Pero poco les importan a los norteamericanos las víctimas que diariamente cobra su absurda persecución. No. A los gringos solo les importa el dinero que los narcos invierten en sus paraísos fiscales y poder ejercer sin resistencia alguna su potestad de control sobre el mundo entero.
Todo esto viene a cuento porque la guerra antidrogas podría afectar seriamente la finalización del conflicto. ¿Será que le tenemos que pedir permiso a los gringos para firmar la paz en Colombia?
Quizás. Las Farc están en la mira de Estados Unidos por el narcotráfico, no por los crímenes de guerra, pues se sienten directamente afectados. Ante ello, y bajo su óptica, la solución son los tratados de extradición. Esto puede resolver el problema para ellos, pero no para Colombia, su patio trasero desde la separación de Panamá. Al país le tocará la peor parte.
La extradición se puede atravesar en la firma de la paz en Colombia ya que los cabecillas de las Farc podrían terminar en Estados Unidos pagando condenas por narcotráfico. Mientras tanto las víctimas de la violación de Derechos Humanos se quedarán esperando que les llegue la verdad, la justicia y la reparación.
¿Qué pesará más en la balanza del Estado colombiano? ¿Las órdenes de Estados Unidos o los derechos de las víctimas y la construcción verdadera de la paz? La respuesta parece obvia. Parece que alguien nos usa.
@acastanedamunoz

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