La solitaria integridad de Aida Avella y Judith Sarmiento, mis respetos

Todos estaban invitados: Germán Vargas, Isabel Segovia, Carlos Holmes Trujillo, Camilo Gómez y Aida Avella. La cita era a las 7:30 de la noche en los estudios de la Señal Institucional, uno de los tres canales públicos nacionales que hay en Colombia. La idea era conocer que piensan quienes podrían ser Presidentes de Colombia si sus compañeros de fórmula fallecen o deben renunciar. No era un debate de poca monta.

Sólo Aida Avella acudió puntual a la cita. Ella y la moderadora, Judith Sarmiento desarrollaron no un debate como estaba previsto, sino un encuentro con Aida Avella como lo definió Judith al momento de darle un último minuto para convencer a sus televidentes de votar por ella y su fórmula a la Presidencia Clara López.

El menosprecio por la Televisión Pública y sus televidentes quedó en evidencia en 4 de los 5 candidatos. Para ellos fue más importante acompañar a sus fórmulas al Debate de la llamada “Gran Alianza”. El show estaba ahí.

Las dos, Aida y Judith hicieron una formidable demostración de responsabilidad y respeto con la palabra empeñada y la audiencia de la Señal Institucional.

Con toda dignidad enfrentaron la soledad y el frío del estudio preparado especialmente para la ocasión. Aida desde su atril central, rodeado por otros cuatro atriles vacíos, respondió todas y cada una de las preguntas preparadas por la moderadora. Judith desde su posición agotó su cuestionario sobre los temas que de verdad le importan a la gente. No hubo contradictores. No hubo crítica u oposición. Fue una charla profunda y tranquila.

Conversaron sobre la importancia de educar bien a los niños como fórmula para combatir la violencia, el vicio y la delincuencia. Sobre la necesidad de temperar el genio y hacer una campaña política en donde primen las ideas sobre la grosería, el espionaje y las acusaciones, con pruebas o sin ellas. Sobre si es el momento para que Colombia sea gobernada por mujeres.

Aida y Judith nos dieron esta noche una lección de integridad que ya hubiéramos querido ver en el debate presidencial.

Mi respeto a Aida Avella y Judith Sarmiento y a esa imponente soledad llena de dignidad, integridad, profesionalismo y seriedad. Ese es el país en el que me gustaría vivir y no en el otro, en el de la patanería, el insulto, el incumplimiento y la manguala.

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