Lo sepultó la mermelada

Últimamente las metidas de pata del presidente Santos son de tal tamaño, que hasta su Ministro de Defensa lo contradice.

Por FANNY KERTZMAN

Es curioso. A mí me da la impresión de que el presidente Santos, en el fondo de su corazón, no quiere seguir siendo Presidente. La Presidencia fue su aspiración toda la vida y se lanzó a la política, él solo, porque su familia se oponía. Pero no es que no se sienta capaz, sino que está lo que los gringos llaman burnt out –agotado, fundido–. No da más y se quiere ir. De pronto por eso le ha dado por embarrarla.

Últimamente las metidas de pata son de tal tamaño, que hasta su Comandante de la Policía y el Ministro de Defensa lo contradicen. En una infortunada declaración reproducida por todos los medios Santos manifestó: “A estas alturas del proceso lo pensaría dos veces [antes de neutralizar a Timochenko]” porque “las condiciones son distintas….Veré qué decisión tomo en ese momento”.

Parece que el Presidente tiene síndrome de Estocolmo. Montó toda su estrategia de campaña alrededor de la paz, poniéndose en manos de su contraparte en la negociación, que no ha hecho sino mamar gallo.

Dan órdenes de ataques guerrilleros desde La Habana. Apoyan el paro agrario, de transportes y todo lo que huela a desorden. Sin embargo, como lo ha declarado el Ministro de Defensa –siempre tan firme– Inteligencia tiene pruebas concretas, grabaciones y conversaciones.

Las muertes de policías y soldados han aumentado escandalosamente, las torturas a los dos policías han estremecido la sociedad y los actos terroristas no cesan, empezando por el oleoducto Caño Limón-Coveñas, el sitio a Tumaco, bombas en Toribío o la bomba de El Cable, en Bogotá, todavía por resolver.

Los caciques, los que ponen los votos, ya tienen las arcas agotadas después de las elecciones parlamentarias, mientras que con los Musas y los Ñoños, que tienen fuentes inagotables de financiación, le da vergüenza que le tomen la foto en la tarima.

El rechazo a la mermelada y al proceso de paz ha llevado a la caída del Presidente en popularidad. Ya le lleva a sus contendores menos de 10 puntos.

Los problemas se resuelven repartiendo plata, como en las épocas de Samper. Para los cafeteros, PIC. Para desactivar el tal paro agrario prometen cielo y tierra a los campesinos, con la esperanza de que con las gabelas cedan. Pero promesas como bajar el precio de los fertilizantes o que el Gobierno compre la cosecha de papa, son ilusas. Se requiere una política agraria de fondo para solucionar el problema agrario.

Escribo esto el domingo, no sé qué pasó o pasa con el paro campesino, camionero y otros que se quieran aprovechar de la situación, como las Farc. La imagen de Santos cayó a 29% en el pasado paro agrario.

Por otro lado está el kamikaze de Petro. No ha habido nada peor para la capital, y de paso todo el país, el espectáculo populachero y el desafío a la institucionalidad de Petro en los últimos días. Tal como han salido las cosas ahora, Petro va ganando el round, y al que le cae el agua sucia es al presidente Santos, ya sea porque hizo o no hizo.

Y siguiendo con las embarradas, en una entrevista, nada más y nada menos que con la BBC, Santos tacha a sus enemigos políticos de neonazis y fascistas. Está usando el mismo vocabulario de Chávez y Maduro, y equiparándose con Petro que habla de las mafias paramilitares y los contratistas del Distrito.

Las encuestas muestran que las mayores necesidades de los colombianos son empleo, seguridad ciudadana, salud, calidad de la educación y reducción de la pobreza, en ese orden. Por ningún lado aparecen las Farc. 63% de la población no cree en el proceso dicen las encuestas en este momento.

Santos escogió la bandera equivocada. Se dejó enredar en el proceso de paz, así como ha pasado con el Caguán y similares. Las Farc manejan la agenda de las elecciones como ha pasado en los últimos 20 años, pero ahora es un lastre. Mientras tanto, los otros candidatos crecen en las encuestas, con enorme credibilidad cada uno de ellos. Olvidémonos de la mermelada y volemos sin ataduras. Hagamos un cambio en la política.

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