La imperdonable resignación

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

Creo que, en honor a la verdad, debo comenzar haciendo una confesión para salir de una buena vez de ella y así dedicarme enteramente a escribir esta columna: tengo miedo. El futuro no parece esperanzador y tengo miedo de que la amarga noche se eternice, de que esta sea oscura, no por estar cerca el amanecer, sino porque la hora de penumbras pretenda extenderse infinitamente, de que la guerra siga reinando no sé cuántos años más, de que el odio se siga tragando el país a pedazos.
No pocos lo sienten. Pasamos de la ilusión tras las movilizaciones sociales del año pasado y el gran apoyo popular que recibieron, a la desesperanza y de ésta al miedo. Ahondamos en la profunda contradicción de volver a ser un país netamente especulativo, un país que de nuevo se pregunta “Qué habría pasado si…” ó “Sería distinta la suerte si tan solo…”. Aquí se hacen las preguntas cuando ya es demasiado tarde, Colombia tiene la mala mañana de meter las manos al fuego por quien sabe que la dejará quemar.
Pobre país este: avocado a jugarse su futuro en vano, a votar por nada distinto al impulso torpe que da el miedo y no por convicción. Sí: muchos van a votar por miedo, por ese mismo miedo que ha construido para Colombia una identidad malograda empujándola a esta desgracia que llamamos historia patria.
Un miedo que, finalmente, se parece más a la resignación que a cualquier otra cosa.
La fatal realidad sentencia que Colombia ha de escoger entre las dos peores versiones de sí misma, dos versiones que, valga decir, son las mismas que ha escogido siempre: la aristocracia de vieja data dueña de todo lo que puede ser apropiado y el caudillismo guerrerista y vengativo.
Entre el heredero inconmensurable del poder económico que quiere hacerle creer al país que es el designado por dios para hacer la paz que necesita, y el candidato de un animal político y sin escrúpulos, representante de la ultraderecha con ambición desmedida de poder.
Un candidato que, por si fuera poco, se empeña aún en negar la existencia del conflicto en Colombia. Para la ultraderecha y su candidato Zuluaga el conflicto armado se reduce a una “amenaza terrorista”. Son mentirosos compulsivos. Mienten sin vergüenza alguna porque saben que encontrarán siempre quien les crea. Que el uribismo se atreva a negar el conflicto de Colombia deja suficientemente claro que no está dispuesto a hacer la paz y que quiere el poder para librar una guerra a muerte.
Sí: pobre Colombia, que se resignó desde su nacimiento a lo menos peor que podía pasarle. Pobres nosotros que vamos a ser testigos de esta nueva y triste resignación.
Y es a esto a lo que le decimos democracia.
Teniendo ya claro que mi posición es la oposición y que el único y supremo valor que me resta es la libertad de criterio, teniendo también claro que alguna de las dos peores versiones de Colombia va a ganar, entregado quizás a la más absurda e imperdonable de las resignaciones, creo que la versión menos peor es la de Santos. Y afirmarlo me da miedo también.
@acastanedamunoz

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