La paz: derecho sagrado e inalienable

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

Existe malestar en las Fuerzas Militares y de Policía, – activos y retirados-, por los pronunciamientos del presidente Santos en torno al proceso de paz.

Que el proceso de paz esté convertido en instrumento político para lograr la reelección del presidente Santos, es todo un adefesio con abuso de poder, que atenta contra los principios de independencia y libre albedrío de los potenciales votantes. Lo que está haciendo el presidente – candidato no es más que colocar una mordaza entre quienes están con su malinterpretada propuesta de paz, y quienes abogan por una paz sin impunidad, libre y democrática, con verdaderos proyectos de desarrollo.

No deberá olvidar el señor Presidente – Candidato, que las Fuerzas Militares y de Policía, son los baluartes fundamentales de nuestra Democracia, que gracias a ellos, los grupos subversivos y el narcoterrorismo en general, no han logrado desestabilizar las instituciones democráticas legalmente constituidas por los ciudadanos en las urnas.

Desde luego que nuestras Fuerzas Armadas y de Policía, tienen toda razón al estar indignadas, puesto que sus luchas continuas, y permanentes, con miles de soldados y policías masacrados, miles de ellos mutilados por minas antipersonas, y cientos de desaparecidos durante más de cincuenta años de una guerra estéril sin ninguna identidad ideológica , son apenas un incipiente inventario doloroso, puesto que cientos de casos continúan sin esclarecerse por la morosidad en la administración de justicia, y a cambio su dignidad de combatientes, está siendo pisoteada por componendas marrulleras y politiqueras.

¡Cuantas, veces a nuestras Fuerzas Armadas y de Policía, les ha tocado pasar hambre y todo tipo de necesidades, precisamente por el hostigamiento de los grupos subversivos en plena selva, o cuidando las infraestructuras para que no sean voladas, o prestando guardia en veredas y municipios alejados de nuestro entorno para evitar que sean atacados! Esta respuesta dolorosamente la tenemos todos los Colombianos a flor de labio.

Soy de los que creé que el Señor Procurador General de la Nación, en representación de los Ciudadanos, debe hacer un llamado al Presidente/Candidato, para que morigere su vocabulario en torno al Proceso de Paz, y no lo siga utilizando como propio. Como presidente está en pleno derecho de hacerlo, pero, como candidato reeleccionista se está pasando de la raya.

Como presidente en ejercicio por norma constitucional está en la obligación de defenderla y preservarla, pero de ahí que el proceso de conversación en la Habana- Cuba, con el grupo guerrillero de las Farc, esté convertido en bandera para su reelección, riñe con los más sagrados principios de nuestras libertades individuales y colectivas, puesto que encontrándonos en plena campaña electoral, se está enarbolando como bandera fundamental en la conciencia del Pueblo Colombiano, algo que es de su incumbencia defender como Jefe de Estado, mas no como candidato reeleccionista.

La paz nace de la concepción misma de nuestro Estado de Derecho, y los tres Poderes Públicos: ejecutivo, legislativo y judicial, están en la obligación de vigilar constante y permanentemente porque estos postulados se cumplan con toda rigurosidad, lleguen a todos los ciudadanos sin el menoscabo de la tranquilidad pública y amenazas de distanciamiento, como las que estamos viviendo con la reelección de presidente Santos.

Desde el 25 de mayo, cuando el presidente – candidato, perdió la primera vuelta presidencial, no pierde oportunidad para decir que su bandera es el procesos de Paz que se adelanta con el grupo guerrillero, y que quienes no estamos de acuerdo, somos sus enemigos. Cuan equivocado está el presidente – candidato, puesto que cuando está hablando de paz, los subversivos están atentando contra la población civil, como lo pueden evidenciar las masacres y secuestros de soldados y policías ocurridos en las últimas semanas, días y horas.

La Paz no tiene color político, ni es bandera de nadie. La Paz es un derecho sagrado e inalienable de todo ser humano, desde que nace hasta que muere, los gobernantes están en la obligación de preservarla para todos sus gobernados, sin importar: raza, credos políticos o religiosos y sobre todo sin distingos sociales.

Lamentablemente en nuestro País, está ocurriendo todo lo contrario: el candidato – presidente, ya nos tiene hasta los tuétanos con su trasnochado discurso del proceso paz, y lo mas grave lanzando diatribas a los cuatro vientos contra quienes no estamos de acuerdo en la forma en que quiere firmarla, puesto que adolece de todo tipo de falencias, empezando por los proyectos postconflicto que no se ven por ninguna parte.

Cuando empezó el proceso de Paz, en noviembre de 2012, no dudamos hacerle seguimiento por esta columna, considero no habernos equivocado, cuando dijimos que no estábamos preparados para iniciar los diálogos con una organización narcoterrorista que la tiene secuestrada desde hace más de cincuenta años.

Posteriormente y unos meses después, dijimos que el proceso de paz, no podría ser utilizado como instrumento político, como efectivamente está ocurriendo en los actuales momentos, con la complacencia de ciertos sectores políticos, que con tal de lograr nuevamente el poder, no les importar estrangularla y echarla por los despeñaderos de las componendas politiqueras.

Que no se equivoquen los promotores de la campaña reeleccionista, que la paz, es de todos y que continuar enarbolándola como bandera política para la reelección del presidente candidato, van a complicar más las cosas, puesto que lo que están haciendo no es con altruismo, es simple y llanamente para obtener prebendas burocráticas.

De lo anterior, pueden dar muy buena fe los congresistas “mermelados” que una vez elegidos como tal, en las elecciones del mes de marzo, le dieron la espalda al partido que les dio el Aval, y a través del cual hicieron su carrera política, para quienes esperamos, que una vez pase la segunda vuelta, se inicien las acciones pertinentes para despojarlos de su investidura por doble militancia.

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