El eco de los goles

 

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

Terminó por fin el ruido insoportable de las elecciones. Finalizó esa perorata prefabricada de insultos y atropellos. Porque sí: aquel tremendo 15 de junio se nos vino encima como un alud irremediable y en esa tarde que parece ya tan lejana el temor me venció y tuve que cambiar el canal del televisor para no hacer el seguimiento de los resultados. Y una hora después ya podía respirar de nuevo. La hora de la asfixia que se me antojó eterna finalizó aunque no haya cesado la horrible noche. Terminó, pues, y fue reemplazada toda esa cacofonía por el sonido ensordecedor y seductor de los goles que retumban en los estadios y trascienden las fronteras llenando las salas y las calles con su alegría y su infinidad de colores maravillosos.

Y aquel encanto magnífico que por alguna extraña y triste casualidad coincide con ese espectáculo lamentable de nuestras elecciones va llegando a su fin para caer en el silencio nuevamente. Pero sí que nos hemos sentido vivos, extasiados quizás. Es ese inexplicable paliativo del fútbol el que nos ha hecho sentir una vez más vivos y parte de algo, de algo que se llama Colombia.

Porque cuando empieza el Mundial de fútbol el orbe parece detenerse, es como si el mundo durara noventa minutos. Noventa minutos espléndidos y felices. Quizás sea eso: que durante el Mundial el mundo sigue su curso pero no lo notamos porque el mundo es el estadio, el balón, el equipo, la felicidad suprema y efímera.

La última vez que vi a una Selección Colombia actuar en un Mundial yo tenía 7 años. Hoy los he vuelto a ver saltar a la cancha, jugar y ganar. Y de qué manera: el eco de los goles se queda para siempre en el alma, se graba en la memoria como un instante infinito, el instante en que los jugadores son Titanes desafiando al Olimpo para reclamar gloria.

Esta nueva generación de aguerridos futbolistas en toda la extensión de la palabra, han librado sus batallas de noventa minutos de manera ejemplar. Han vencido, han encontrado su propio juego bonito. Es el premio a la disciplina, a la constancia, al hecho de atreverse a reclamar su derecho a soñar… Ellos, como muchos otros deportistas, le han dado más gloria a este país que todos sus políticos despóticos y egoístas juntos. Han demostrado que la paciencia es una virtud reservada para los grandes. Quizás gracias a ellos tengamos un nombre de nuevo. Sí, es gracias a ellos.

Porque durante un leve espacio de tiempo, durante dos fugaces semanas, esas dos semanas cercadas por sus gambetas y sus goles, Colombia ha sido Colombia, la Colombia que debería ser y no el legado de tragedias que ha sido siempre. Porque por primera vez en demasiado tiempo hemos llorado de felicidad y no de tristeza. Y cuando el espejismo pase, nos quedará el eco de los goles y la alegría en el corazón.

Es que este pueblo que ha sufrido tanto recordó al fin que también tiene derecho a la felicidad. Este país triste merece un paliativo, un motivo para tener un nombre y una identidad pese a todo.

Sigamos hablando de fútbol, pues, que ya tendremos que envenenarnos cuatro años más con política. Seamos esa Colombia que debemos ser y no la que nos toca ser.

NOTAS:

  1. Muy conveniente que desaparezcan archivos del DAS fundamentales para la investigación de las chuzadas justo en momentos en que María del Pilar Hurtado puede ser finalmente extraditada a Colombia.
  2. Colombianos matan a un ciudadano estadounidense (algo que bajo ningún punto de vista es justificable) y Colombia los entrega a Estados Unidos. Un policía gringo mata a un joven colombiano y la cosa se queda así. ¿Dónde carajos queda nuestra soberanía?

@acastanedamunoz

 

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