Supervivencia o desarrollo económico

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez.–

Bogotá, 27 de Julio ­_RAM_ En las últimas semanas hemos venido viviendo en el país el inicio de lo que los meteorólogos venían anunciando desde el año pasado, las primeras señales de sequía en varias regiones del país, en las zonas más pobres y humildes y por consiguiente, que generan menos interés para el Gobierno y para los sectores económicos.

El caso es que estas situaciones que desencadenan en hambre, enfermedades y desnutrición, no es sino la muestra de lo que nos depara el mediano plazo a un país que hasta hace poco se preciaba de ser uno de los que tienen la mayor cantidad de fuentes de agua dulce del mundo.

De qué sirve tantas fuentes si todos estamos enfocados en contaminarlas lo más pronto posible?

Para la muestra varios botones: El Gobierno con su locomotora minera, no se ha preocupado por una reglamentación respecto al uso de las fuentes de agua para la extracción petrolera y minera y una decidida intervención al respecto.

El Ministerio del Medio Ambiente sigue teniendo serias dificultades para poder determinar cuál parte del páramo de San Turbán debe ser protegido, lo que muestra la falta de claridad en las políticas de protección a los páramos que son las grandes fuentes de agua.

Se sigue haciendo hidroeléctricas como la del Timbo en donde en los estudios de impacto ambiental no se hacen visibles los daños irreparables que se están generando alrededor de su construcción, sin contar con la venta de ISAGEN y la gran pregunta que nadie responde respecto a si esto no significa que el Estado esté vendiendo el agua, que es patrimonio de todos…

Y el Ministerio de Agricultura aún no se pronuncia respecto a las prácticas de ganadería extensiva en zonas que deberían ser para el cultivo, generando terrenos áridos y muertos.

Todos estos son apenas unos ejemplos de lo que a diario escuchamos, quedándonos con la sensación de que el Gobierno habla de equidad y crecimiento económico pero sin dar muestras de claridad respecto a todo esto a qué precio? Y ante esta pregunta en unas cuantas décadas vivamos la equidad de la escases de agua potable, o la realidad de la comercialización del agua dulce como el nuevo petróleo en el mundo, que ya no es una teoría descabellada.

Necesitamos políticas públicas de largo plazo en donde el desarrollo económico se alcance sin necesidad de arrasar con lo que tenemos, especialmente si el planeta ya nos está empezando a pasar la cuenta de cobro a nivel global.

No podemos negar que la responsabilidad es de todos los habitantes del planeta, pero los Gobiernos, y en este caso el Gobierno Colombiano tiene la responsabilidad de generar lineamientos que permitan evitar que se siga acabando con las reservas ecológicas de las que disponemos.

Podemos crecer y podemos avanzar en el desarrollo, pero necesitamos aprender de las experiencias de otros países que por causa de sus malas decisiones y su improvisación han llevado a sus pueblos a padecer de hambrunas y de sed, obligándose a tomar medidas serias y costosas en todo sentido, de descontaminación de ríos y recuperación de zonas contaminadas por desechos tóxicos y radioactivos.

Hoy nuestros gobernantes están viviendo una coyuntura histórica, en la que pueden llevar al país al desarrollo aprovechando y valorando lo que tenemos y que tantos otros países quisieran tener o registrando para la historia el auge y muerte prematura de un país que pudo ser muchas cosas pero que su “desarrollo fue flor de un día”.

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