Implosión y margen

 

Por: Andrés Felipe Castañeda.—

Hoy el mundo se levanta para mirar por la ventana a la humanidad que parece dejar de ser. Para observar estupefacto lo que pasa en uno de esos lugares que siempre parece tan distante, tan inalcanzable, como si lo que pasara allá no pudiera tocar a nadie más. Nadie escuchó el primer llanto porque el mundo entero tenía la mirada puesta en otro lugar y extasiado gritaba de alegría. El ruido del espectáculo se tragaba por completo el de las explosiones sucesivas y los gritos.

Hoy el mundo fija su mirada allí, en aquel lugar remoto donde los límites de un mapa implosionan sin piedad alguna, confinando a la nada a un pueblo entero, donde una tierra parece devorar a otra para ser un todo construido sobre la nada y la devastación y la muerte que va dejando a su paso.

Quizás como muchas otras veces, maldecimos la fatalidad de los números: más 1.400 muertos en Palestina, casi todos civiles, en la cada vez más pequeña Franja de Gaza; 59 muertos en Israel, casi todos soldados. Sí, los números se dicen fácilmente, pero la dimensión de la tragedia no cabe en ninguna cifra. Un solo muerto habría sido demasiado. Hamás lanza cohetes desde Gaza, Israel responde con bombardeos inclementes. Los aviones del ejército de Israel, uno de los más poderosos del mundo y que cuenta con el auspicio de Estados Unidos, lanzan sus bombas sobre todo: poblaciones civiles, escuelas, hospitales. La muerte reclama su botín mientras al otro lado del globo leemos la hecatombe en los titulares de prensa. Gaza está bajo ataque, la humanidad observa un nuevo genocidio, de nada han servido las lecciones de las pasadas guerras y masacres.

Tal vez allá la vida ha comenzado a contarse en segundos, quizá la esperanza de futuro se reduzca a estar vivo en el minuto siguiente, la verdad es que dentro del ‘Margen Protector’ hay un exterminio sistemático e inhumano. En ese lugar de la tierra donde el cielo escupe tormentas de fuego, junto a los 1.400 palestinos –y también, claro, con los 59 israelíes-, está muriendo también la humanidad. Palestina es hoy la triste historia de una bandera que no tiene tierra, ese asesinato desalmado es el retrato perfecto del rincón más oscuro del alma humana.

El mundo se levantó aquella mañana, o aquella tarde, o aquella noche, para ver un trozo de sí mismo hacerse añicos. Ningún dios ha recordado a ese pueblo al que un croquis se está comiendo vivo, y uno se niega a creer que el pueblo elegido de Dios sea capaz de tal atrocidad. Porque detrás del genocidio de Israel al pueblo palestino hay más que la lucha por un territorio, es el vestigio de tragedias y persecuciones milenarias y es también una batalla entre religiones y culturas y colores y costumbres diferentes. Porque hay más que el hecho simplista de comparar a los sionistas con los nazis. Y no: lo que hace hoy Israel no puede justificar lo que hizo en el pasado Hitler con el pueblo judío. Hitler no tenía razón. Porque quizás en Israel y en Gaza se libra también una batalla entre dioses distintos, sí, pero allí va perdiendo la humanidad.

Nota: Lo dijo Ricardo Silva Romero en su más reciente columna: Lo que pasa allí pasa también aquí. Las Farc deberían entender que un acto realmente revolucionario sería llevar agua a poblaciones que no tienen acceso a ella en lugar de volar un acueducto afectando a 60 mil personas en Meta y que tampoco tiene nada de revolucionario dejar a Buenaventura sin luz.

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