Legalización, concientización y consumo       

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

Definitivamente la legalización de la droga aunque tímidamente empieza a abrirse paso, poco a poco, sus opositores empiezan a ceder, hasta que se convertirá en artículo de consumo.

Han transcurrido trece años cuando el suscrito pidió por el Semanario el Espectador de la época, se abriera el debate para buscar la posibilidad de legalizarla. Sin embargo, llovieron rayos y centellas, pero jamás se echó reversa en sus apreciaciones, hoy el tiempo y las circunstancias nos están dando la razón.

Para hablar de la legalización de las drogas, se requiere ir al fondo de la problemática social que desde hace varias décadas estamos padeciendo. Han sido etapas bastante dolorosas, las que han permitido que familias enteras caigan en desgracia, sencillamente por el  convencimiento del dinero fácil, que fugazmente les da ostentación de poder, pero que después, van a las cárceles o a los cementerios, con la pesadumbre de que todos sus bienes les son confiscados y expropiados por el Estado, y solo les queda el estigma de la mala imagen de la criminalidad.

Recordemos lo que a sido la luchas contra la erradicación del cultivo, comercio y consumo de la marihuana, todo fue una guerra sin cuartel y los traficantes eran tratados como los peores criminales, pero a espaldas nuestras, otros países, le estaban sacando mayor provecho, tal cual sucede en los Estados Unidos, Paraguay y otros Gobiernos que han terminado por legalizarla, siempre empiezan haciéndolo para usos medicinales, como lo acaba de proponer el hijo y senador del inmolado dirigente Luis Carlos Galán Sarmiento, – Juan Manuel Galán Pachón-, que muy seguramente convertirá su iniciativa en Ley de la República.

¿Pero qué decir de la coca y la heroína, que es el sostén de toda una estructura criminal y mafiosa, de la cual no se salvan de su penetración ninguno, de los tres Poderes Públicos? La guerrilla y el paramilitarismo se han sostenido y organizado las cruentas guerras contra el Estado de Derecho, gracias al poder del narcotráfico.

Podemos decir sin lugar a equívocos, que todas las instituciones del Estado, están permeadas por el narcotráfico y las privadas en su mayoría, para poder subsistir, tienen que vincularse a este negocio que egoístamente parece ser un crimen, pero que consumirlo les garantiza  estatus dentro de lo social, lo político y lo económico.

Son varios los expresidentes de América Latina, que están de acuerdo en que a las drogas hay que bajarles de temperatura, con el fin de bajarle al mismo tiempo su estatus criminal y permitir que caminen de la mano con productos que deben tener regulación y supervigilancia de las autoridades competentes.

La Organización Mundial de la Salud, acaba de pronunciarse a favor de la legalización de las drogas, con el argumento que hay que hacerle un estudio de mucho fondo a cada una, para conocer los verdaderos efectos nocivos para la salud, el medio ambiente y el impacto  económico de los países donde se admite: su cultivo, comercio y consumo.

Pero es muy importante entrar a analizar, si toda la lucha contra la erradicación del narcotráfico, donde está comprometida toda nuestras Fuerzas Armadas y de Policía, más las diferentes instituciones del Estado: Fiscalía, Procuraduría y Contraloría, además de varias organizaciones internacionales: como el Plan Colombia, entre otros, han arrojado resultados positivos a través de más de 30 años de estarla combatiendo, lamentablemente tenemos que decir que los resultados son demasiado precarios.

Todo sencillamente por el inmenso poder del dinero que esto les representa a las organizaciones criminales. Tomemos no más el caso de los grupos guerrilleros, que para sostener un batallón de más 20.000  hombres armados, se han convertido en los principales cultivadores, industrializadores, procesadores y distribuidores.

Si ahondamos mas sobre este tema, llegamos a la conclusión que la violencia en Colombia, tiene sus raíces más profundas en el narcotráfico. Toda organización criminal para fortalecerse y conseguir su infraestructura, empieza por el tráfico de drogas que les garantiza, la reposición de los socios que caen en combate con las autoridades, o van a las cárceles.

Como conclusión de lo anterior en muy importante que se haga una evaluación de lo que debe ser la cuota de consumo para los casos de formulaciones médicas o científicas, y al mismo tiempo levantar un censo de la población consumidora, con el fin de someterla a un proceso de desintoxicación y de rehabilitación, pero sin que esto represente repudiarlos socialmente.

El proceso de consumo y concientización deben ir cogidos de la mano y manejados por expertos en el tema, para evitar las malas interpretaciones de tipo social a que son sometidas estas personas, que muchas veces son inducidas sin pleno conocimiento de causa, razón por la cual no disponen de las defensas sociales que esto requiere para decidir ante situaciones de oferta y demanda, tan comunes en el día de hoy, en los centros educativos y las galladas de los barrios de las principales ciudades, lo anterior sin descartar los estratos sociales más altos

Soy de los que cree que la lucha contra las drogas, hace mucho tiempo la hemos perdido, y como consecuencia de ello, el monstruo de la corrupción ha extendido sus tentáculos a los diferentes órganos del poder. Por lo tanto considero que legalizarla mediante un proceso de consumo concientizado es la solución más viable.

Esta campaña debe partir desde las escuelas, colegios y universidades, que es allí donde está el germen del mal, puesto que nuestros estudiantes la consumen simple y llanamente porque sus compañeros los hacen, más no porque compartan el gusto de transformarse en personas indeseables para la sociedad.

 

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