Mentiras y fantasías

Por: Margarita Restrepo (*)

Los colombianos seguimos esperando explicaciones por parte del gobierno sobre los desmanes de publicidad oficial mientras se tramitaba la reelección de Juan Manuel Santos; queremos conocer la verdad sobre los dineros de la mafia que se denuncia ingresaron en 2010 a las arcas de la campaña santista y nos urge saber el porqué de la deshonrosa presencia de nuestros soldados y policías en La Habana.

Fiel a su estilo motejador, intrigante y falaz, Santos pretende desviar la atención de los colombianos. Para encubrir sus mentiras como presidente recurre al desprestigio de la oposición. Esta vez el vehículo para tramitar la infamia es el hacker Sepúlveda a quien la Fiscalía y la revista dirigida por el sobrino presidencial, pretenden presentar como el hombre más peligroso de Colombia que además prestaba sus servicios al uribismo.

Las  burdas contradicciones de Sepúlveda son protuberantes. Su decir no concuerda con las fechas de los hechos; una cosa es lo que dijo él y otra muy distinta lo que en su momento expresaron su esposa y hermano. Se nota claramente entonces que la motivación potísima del nuevo testigo estrella de la Fiscalía es el de lograr, al precio que sea, que la pena a la que se enfrenta sea rebajada por aquello de la “colaboración eficaz con la justicia”.

Con el falso testimonio ganan el procesado, la Fiscalía que tendrá una nueva herramienta para arreciar su persecución al uribismo y gana Santos porque criminaliza a la oposición. Pero pierde la democracia colombiana que con acciones como esta empieza a tomar un pavoroso parecido a la de Venezuela.

No caeremos en la trampa que nos pone el presidente de Colombia. Entre más testigos falaces nos ponga por delante, más incisivas serán nuestras voces y mayor la preocupación por los actos atentatorios contra la dignidad de los militares y policías. La partitura que memorizó Sepúlveda no amilana la convicción de que fue absolutamente imprudente la decisión de enviar a los miembros de la fuerza pública a la isla de los hermanos Castro,  como si se tratara de un acto de capitulación.

Colombia no perdió la guerra contra el terrorismo tal y como se nos pretende hacer creer por parte de quienes defienden la negociación-rendición con la guerrilla de las Farc. Solucionar por la vía política una guerra no es sinónimo de humillar a quienes, además, han ganado en el campo de batalla.

No creemos una sola palabra de las fantasías narradas por el hacker Sepúlveda y al margen de las densas cortinas de humo que el gobierno pretende tender a través de los medios de comunicación de sus afectos, seguiremos defendiendo el honor, la dignidad y el profesionalismo de nuestros militares y policías.

(*) Representante a la Cámara por Antioquia

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