¡Continúan masacrándonos Señor Presidente!

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

Cada policía, soldado o compatriota que cae abatido por las balas asesinas de las Farc, es una estrella negra a la bandera de la paz que flamea hecha girones en la Habana – Cuba.

En varios estamentos de las Fuerzas Militares y de Policía, cunde el miedo y la desesperación por estar obligados a defender un proceso, donde se han roto todos los protocolos, es algo que no entienden los valerosos héroes de la Patria, pero que en aras de conseguirla, están dispuestos a ofrendar sus vidas para defender sus Instituciones Legítimamente Constituidas.

Sin embargo, con los asesinatos de soldados, policías y campesinos, ocurridos en los últimos días, – suficiente con recorrer los pueblos y veredas donde han ocurrido las masacres-, para ver en los rostros de sus habitantes un hálito de angustia, terror y frustración al sentirse inermes ante una situación que no es de su propia convivencia, sino, que a la fuerza se las están imponiendo.

Estamos asistiendo horrorizados a las masacres colectivas de humiles campesinos, soldados y policías, que en cumplimiento del deber ofrendan sus vidas, en torno a un proceso de paz que a lo mejor no tiene ninguna sinceridad por parte de la guerrilla de las Facr; desde que se iniciaron los diálogos en el mes de noviembre de 2012, hemos presenciado un mar de incertidumbres y contradicciones que ha perdido credibilidad en los Colombianos.

No nos alegramos que esto suceda, pero si se requiere poner los puntos claros en la mesa de negociación, y a Usted señor Presidente con el debido respeto, le corresponde como jefe de Estado, no permitir que esta ola de violencia continúe donde la Fuerza Pública y la población civil llevan todas las de perder.

Sabemos de su entusiasmo por conseguir la paz, pero, lamentablemente nos encontramos frente a un interlocutor que de acuerdo a como están las cosas y a los acontecimientos de última hora, no tiene verdadera vocación de hacerla, desde un comienzo han venido generando desconfianza tanto en la comunidad Nacional como Internacional.

Muchas de sus posiciones son ambivalentes y carentes de soporte jurídico para poderlas llevar a la práctica, los señores de las Farc quieren refundar nuestro Estado de Derecho, poniendo una serie de condiciones que nos coloca entre las espada y la pared. Fue algo irrespectuoso de su parte quererse meter con nuestras Fuerzas militares y de Policía haciendo una serie de exigencias inocuas que no caben ni en la lógica ni en la razón.

Desde luego, que todos queremos que el proceso de paz que se inició con tanto entusiasmo llegue a un final feliz, pero, lamentablemente son muchos los desaciertos por parte de los negociadores de las Farc, que da la sensación de quererla “caguanizar” como ha sucedido en gobiernos anteriores.

Es algo que debe tenerse en cuenta, puesto que, cuando han fracasado los acuerdos, la guerrilla finalmente aparece más fortalecida, hablando un lenguaje revolucionario moderno, con nuevos frentes, y financieramente estable. Es triste tener que aceptar que este grupo guerrillero por enésima vez se burle de las buenas intenciones que tenemos para hacerla.

Si queremos que el diálogo continúe con mayor seguridad hacia el futuro, se hace indispensable encadenarlo de común acuerdo con los negociadores de ambos bandos, señalando estratégicamente cuantos eslabones deben conformar la cadena, a cargo de quién debe estar cada eslabón, con el fin de evitar que se revienten en el momento menos pensado sin haberlo discutido en la mesa de negociación.

Esta práctica parece un poco ilusa, pero, considero que podría ser la más viable, puesto que obedece a lo que es el proceso de un cultivo, que debe encadenarse desde que se siembra la semilla, pasando por los procesos de fumigación, y finalmente de cosecha, bien manejadas cada una de estas etapas, da magníficos resultados.

Pero en la sana lógica y de acuerdo a las prácticas de comunidad y desarrollo, como se trata de establecer un ordenamiento jurídico, sería muy alentador para quienes se encuentran liderándolo, hacer enunciados concretos para que se defina de una vez por todas, hacia donde se quiere llegar, pero siempre respetando la voluntad de las partes, que para estos efectos son los representantes que interpretan el querer de los Colombianos

Desde luego, debemos reconocer en el proceso de paz que se adelanta en la Habana, por parte del Gobierno, hay la representación de personas muy altruistas y conocedoras de las problemáticas sociales del País, pero, también deben entender que se encuentran frente a negociadores de un grupo guerrillero que lleva más de sesenta años tratando de someter al Estado para desestabilizarlo.

Pero, además deben tener en cuenta, que el poder económico de la guerrilla de las Farc, es infinitamente poderoso, puesto que desde hace más de treinta años se vienen nutriendo del narcotráfico, secuestro, extorsión y chantaje, -se dice que en las montañas de Colombia, las Farc, tienen encaletadas miles de canecas llenas de dólares, producto del narcotráfico-, y que el proceso de paz puede ser una de las salidas para legalizar su inmensa fortuna.

Son muchas las dudas que empiezan a vislumbrarse sobre la voluntad de paz por parte de las Facr, uno de ellos, es el debate promovido en el Senado de la República, contra el expresidente Alvaro Uribe, puesto que todo indica que las Farc, fueron sus principales promotores.

Debemos entender que este debate como lo dijimos en artículo anterior es: inconveniente e innecesario, lo único que se va a conseguir con él es polarizar el País abriendo heridas que ya estaban cicatrizando y la paz hay que hacerla entre todos.

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