El proceso de paz a buscar credibilidad

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez.–

BOGOTA, 28 de septiembre_ RAM_ Desde un comienzo he considerado que el trabajo para logra la paz no es cosa fácil y me parece muy destacable lo que ha tratado de hacer el presidente Santos en demostrar no solo a Colombia sino al mundo, que logrará para el país lo que ha perdido en más de 65 años.

Los de nuestra época hasta el momento no podemos decir que hemos podido vivir en paz y es así como escucho aun los rumores de violencia y asesinatos principalmente de campesinos y gentes de escasos recursos, que muchas veces los de las ciudades ignoran, porque se han acostumbrado a otra clase de violencia y de inseguridad.

Nos hemos vuelto tan insensibles que ya no nos importa lo que sucede a nuestros vecinos y los medios de comunicación somos los responsables de ello, y digo que los medios de comunicación somos responsables, porque en mis comienzos de reportero el raponazo de un reloj o el ser atropellada una persona por un vehículo era noticia para toda una semana y ahora he escuchado a muchos colegas que en caso de que los nuestros no pasen de cuatro o cinco, esto ya pierde importancia, nos hemos vuelto vampiros y lo peor no nos importa el dolor ajeno.

La inseguridad en Colombia está muy grave, tanto en las ciudades como en el campo, ya le quitan la vida a una persona por raparle un celular o como decía un asesino, solo por el hecho de hacer gestos en el momento de morir.

Hemos perdido el respeto a la mujer y lo peor del caso, es que muchas de ellas son culpables por su manera de actuar y de ser de que esto esté sucediendo y además porque en los hogares ya no se educa y se le deja esta responsabilidad a los centros educativos, olvidándonos que allí se departe conocimiento y no se educa.

Pero volviendo al tema de esta columna, puedo decir que he mirado y he estudiado detalladamente lo que está sucediendo, pero hay cosas que no se entienden, se habla de paz, de perdón y reparación a las víctimas y al mismo tiempo se sigue asesinando inmisericordemente en las carreteras y caminos del país.

El ciudadano común y corriente se pregunta, ¿que es lo que está pasando? cómo es que no se hace un cese al fuego y si la verdad de esto es que porque la guerra es un verdadero negocio tanto para el Gobierno como para los alzados en armas.

O será que el grupo de La Habana no es el vocero legítimo de toda las FARC o si hay ruedas sueltas que no se han podido llamar al orden y que pueden seguir siendo un dolor de cabeza luego de terminado el duro y anhelado proceso de paz.

Como dice el dicho popular, estamos más perdidos que el hijo de Lindbergh, y estamos perdidos simple y llanamente, porque no se había contado con un proceso de paz que tuviera tanto respaldo en el mayor número de la población sin contar los estratos sociales, que simplemente están cansados de la violencia.

Hay asesinatos, espionaje o chuzadas como se les llama ahora en la persona del delegado del Gobierno y tanto el Gobierno como las FARC salen a rechazar estos actos y es cuando uno se pregunta, ¿Dónde están los verdaderos responsables de lo que está sucediendo?

En las reuniones de La Habana debería de hacerse un alto para hablar cara a cara y preguntar si se está hablando en serio y responsablemente, porque queda muy mal que el Gobierno en la persona del Presidente salga a hablar maravillas del proceso mientras que están sucediendo actos terroristas.

Somos conscientes del gran número de enemigos de la paz, porque no nos digamos mentiras, la paz tiene muchos enemigos, porque puede no ser buena política y económicamente para algunos sectores, los que debería de ponerse al descubierto.

Esperamos que al presidente Santos no se le vayan otros cuatro años tratando de buscar la paz y que los incrédulos tengan razón, que las FARC se están tomando su tiempo y a la hora del café no se alcance nada.

Los borradores dados a conocer sobre las conversaciones adelantadas hacen creer que se están haciendo las cosas bien y es por eso que los ciudadanos desde este lado clamamos a las partes para que nos devuelvan la confianza perdida y que la paloma de la paz no vaya solo en la solapa del Presidente de la República sino en el corazón y en el ser de cada colombiano.

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