Escribir un cuento

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

Suele comenzar como una idea, como una frase suelta, como un nombre. El cuento nace en la mente y empieza a crecer, a desarrollarse, a tomar forma. Adquiere vida, cuerpo, voz, ritmo. El cuento se va inventando y va creando su propio lenguaje para contarse.

Hace un tiempo emprendí la aventura bellísima de escribir un cuento. Este iba creciendo y una vez cada tanto me veía sentado frente a la pantalla, con la historia aún por contar. A veces el aturdimiento que produce la cacofonía del mundo era tal que terminaba por retirarme, sintiéndome derrotado.

La trama se me vino a la cabeza de repente, hace más de un mes. En silencio comencé a esculpirla y una vez creí que la historia tendría forma, me senté a escribirla. Ha sido, sin duda, uno de los desafíos más grandes que he emprendió. Lo es ante todo, o eso creo yo, porque no soy escritor.

Cuando comencé a escribirlo, creí que se trataría de un cuento corto, de no más de tres páginas y que podría escribirlo en cuestión una noche. Pero las palabras iban surgiendo y poco a poco las páginas se fueron llenando de letras. Al final, fueron veinte páginas.

Sí: escribir un cuento es una de las cosas más complejas que he hecho. Quizás se deba, como lo dije, a que no soy escritor, a la falta de práctica, a la pobreza de lenguaje, a la precaria imaginación. Augusto Monterroso se bastó de siete palabras para escribir un cuento. A mí 11 mil no me fueron suficientes. Porque he de admitir que el resultado no me satisface por completo, pero eso me sucede a menudo: la más de las veces no estoy conforme con lo que escribo. Quizás esta columna se me antoje mal escrita cuando esté ya publicada.

Sucede que escribir un cuento no es tan sencillo como uno podría creer. Es sumamente difícil contar una historia entera con pocas palabras, crear un mundo, contenerlo en pocas páginas, darle color, forma, sonido y vida a algo que no existe. Sobre todo cuando el mundo no deja de hacer ruido. Pero quizás ahí radica su belleza.

Porque escribir un cuento –comprendí– es también un acto de rebeldía. Es una forma de oponerse. Cuando el mundo gravita alrededor de personajes siniestros dispuestos a todo por satisfacer sus egos inmensos, cuando ese mundo gira produciendo una estridencia insoportable, una nausea visual tan aberrante, escribir literatura es un acto de resistencia. Escribir literatura, pues, aunque no sea buena literatura, aunque sea prescindible.

Porque tal vez, la literatura es un monólogo del autor, una forma de hablarse a sí mismo, de hablar de su propio ser en lugar de hablar de otros seres malvados.

Finalmente, después de tanto, terminé de escribir un cuento. Mi primer cuento. El primer cuento de mi vida adulta. El primero que escribo consciente y enteramente. Mi primera pieza de literatura, aunque no sea buena literatura, aunque sea prescindible.

Ahora bien, a causa de un temor incontrolable, sé que tardaré mucho tiempo sin volver a leerlo. Quizás en unos meses lo repase y quiera cambiarlo o reescribirlo completamente. O quizás no. Quizás en unos meses lo relea y decida mantenerlo en su integridad, como una escultura mal hecha, para vergüenza o para aprendizaje.

En todo caso, solo pido a la inspiración que de vez en cuando me permita resistirme al ruido del mundo y escribir literatura. Aunque no sea buena literatura, aunque sea prescindible.

@acastanedamunoz

 

  Share: