Los borradores de La Habana

Por: Ricardo Galán.–

Casi dos años después de iniciado el proceso de paz y gracias a la creciente presión y desconfianza de los colombianos sobre lo negociado, las Farc y el Gobierno de Juan Manuel Santos decidieron coger el toro por los cachos y revelar los textos completos de lo acordado hasta el momento. Intentan acabar con los chismes y la desinformación.

Si bien las partes recuerdan la regla según la cual “nada está acordado hasta que todo esté acordado” la publicación le inyecta al proceso de La Habana una necesitada dosis de transparencia.

Hoy resulta increíble la cantidad de labia, tiempo y tinta que hemos gastado los colombianos discutiendo sobre rumores y verdades a medias filtradas de un y otro lado.

Tras una lectura a vuelo de pájaro de “Los borradores de La Habana” uno se pregunta: ¿Y cual era el misterio? ¿Cuantos debates nos hubiéramos ahorrado si, a medida que se iban firmado se hubieran publicado los acuerdos? ¿Por qué esperar hasta que la desconfianza carcomió el proceso para entender que es mejor discutir sobre hechos concretos y no sobre versiones parciales?

Y lo que es peor, tras leer “Los borradores de La Habana” es que uno de pregunta indignado: ¿Y llevamos décadas matándonos por eso?

¿No es acaso la razón de ser del Estado proveer a la sociedad de todas esas normas, herramientas, derechos y garantías que acepta en “Los borradores de La Habana”? ¿No era obligación de los líderes de las Farc buscar por las vías democráticas el cumplimiento de todas esas aspiraciones y obligación de los gobernantes, los legisladores y los jueces atender esos reclamos?

¿Había que matar a tanta gente para llegar a la obvia conclusión de que “el objetivo final es la erradicación de la pobreza y las necesidades de la ciudadanía en la zonas rurales” o de que es importante “formalizar la propiedad de la tierra, definir la frontera agrícola o proteger las zonas de reserva? ¿Era necesario matar a tanta gente inocente para entender que los campesinos necesitan crédito para comprar tierra y ponerla a producir?

¿Ha valido la pena matar a tanta gente para aceptar que se debe garantizar a todos los ciudadanos su derecho a participar en política o que el gobierno nacional adelantará “campañas de prevención de conductas que atenten contra la transparencia de los procesos electorales?

¡Por Dios! Después de leer “Los borradores de La Habana” me parece muy caro el precio en vidas que hemos tenido que pagar los colombianos durante todos estos años de guerra para que el Estado se comprometa a cumplir con las obligaciones básicas que justifican su existencia.

¡La estupidez humana en PDF!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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