Por el honor de Medellín

Por: Margarita Restrepo.– (*)

Durante los tiempos de Pablo Escobar, Antioquia en general y Medellín en particular, fueron objeto de una feroz estigmatización por cuenta del rechazo generalizado de la sociedad al flagelo del narcotráfico. Nosotros, un pueblo pujante, trabajador, honesto y que nos preciamos con toda razón de ser los precursores de la industria colombiana, tuvimos que soportar estoicamente los señalamientos mezquinos que se nos hicieran.

Los ataques y críticas provenían de todos los segmentos sociales y políticos. Se llegó al extremo de creer que exterminándonos se solucionaría el problema de la mafia. En algún momento un político de la ciudad de Nueva York planteó la posibilidad de lanzar una bomba atómica sobre Medellín.

Eliminar la estigmatización del lenguaje no ha sido una tarea fácil para los antioqueños. Con mucho esfuerzo reconstruimos nuestra reputación luego de la desarticulación de los carteles del narcotráfico. Hemos tenido que soportar tiempos difíciles. A pesar de ser uno de los departamentos más importantes de Colombia, hemos sufrido en carne propia los avatares de la violencia que vino con posterioridad a la muerte de Pablo Escobar. Guerrilla terrorista, grupos de autodefensa ilegal y ahora bandas criminales mal llamadas “oficinas”, han sido las grandes dificultades que el destino nos ha puesto por delante.

Nadie puede negar los problemas que padece nuestra región, pero tampoco nadie puede soslayar lo meritorio que ha resultado nuestra capacidad para enfrentar los desafíos planteados.

Hace unos días tuvimos una nueva arremetida de la mala prensa internacional. Como ya no nos pueden acusar de ser la ‘meca’ del narcotráfico, un canal de televisión londinense lanzó una acusación ruin y mentirosa mostrando a Medellín como el más grande burdel del planeta, poniendo a nuestra capital al nivel de ciudades ampliamente reconocidas por ser destinos para el turismo sexual como Bangkok o Ámsterdam.

No se trata de responder ese señalamiento con la tristemente célebre frase de la canciller María Ángela Holguín, según la cual donde hay un hombre habrá una trabajadora sexual. La mejor manera de responder a esa infamia es mostrando a nuestra ciudad tal y como es. Propongo entonces que la Alcaldía seleccione a un grupo de periodistas de diferentes países, preferiblemente especializados en asuntos turísticos y los invite a que conozcan todos y cada uno de los rincones de Medellín.

Seguramente esos periodistas encontrarán lugares de prostitución como los que hay en el barrio Kings Cross al norte de Londres, ciudad en la que se emitió la crónica contra Medellín y sus mujeres. Difícilmente habrá una ciudad grande que no tenga lugares como éstos. Por supuesto que el tema de la prostitución, sobre todo cuando es infantil, merece un cuidado especial de todos los gobernantes.

Ese fenómeno que yo insisto en calificar de drama humano no tiene solución a la vista. Los países escandinavos adoptaron una medida de choque para evitar el tráfico de mujeres en sus países, implementando una serie de sanciones de tipo penal contra quien solicite o demande servicios sexuales. Igualmente, en muchos estados de los Estados Unidos ejercer la prostitución es considerado como una felonía. Aquello tampoco ha funcionado. Las cifras reflejan un crecimiento vegetativo en el número de mujeres y hombres dedicados al meretricio.

Resulta entonces indignante, injusto, pero sobre todo desafortunado que se nos quiera etiquetar como un “burdel sin techo”, pretendiendo hacer olvidar que la nuestra es la segunda mejor ciudad de América Latina para vivir, de acuerdo con el estudio realizado por la empresa INDRA. Y esa no es una cifra arbitraria, sino el reflejo de una realidad incontrastable que cualquiera que lleve 5 minutos en Medellín podría confirmarlo.

(*) Representante a la Cámara por Antioquia

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