Sopa de mico

  • A menos de dos años de la reforma tributaria de 2012, ya estamos abocados a nuevas reglas del juego, a cambiar los sistemas de la empresa y a elaborar nuevos presupuestos. Esta cambiadera de reglas cada dos años no está contemplada en la Ocde.

 

Por: Fanny Kertzman.—

 

Cada gobierno que llega se siente en la obligación o con el derecho de presentar una reforma tributaria. A los parlamentarios les gusta porque es el proyecto de ley más costoso para el gobierno en materia de mermelada. Se presenta así la paradoja de que el Gobierno, en lugar de recortar la mermelada para no tener que hacer reforma tributaria, reparte más y más para que le pasen la reforma.

El Ministro de Hacienda dijo, según El Tiempo, que sí está reduciendo gasto controlando más la evasión (cuando 30.000 contribuyentes no declararon en agosto), reduciendo el gasto en celulares y viáticos y congelando la nómina. El Ministro bien sabe que lo que está diciendo es un chiste. La nómina no está congelada y menos a comienzos de un gobierno que todavía está haciendo nombramientos. Y si la nómina está congelada, para eso son los supernumerarios. Celulares y viáticos son gastos mínimos.

Durante Santos I se presentó una reforma que no iba dirigida a aumentar recaudo, como dijo el mismo ministro Cárdenas, sino a ordenar el aporreado Estatuto Tributario, que con cada reforma queda con más parches y descosidos. Cárdenas dijo que no se necesitaban más recursos en esta reforma Santos I, pero aun así se aprobó la Ley 1607 con cuatro nuevos impuestos: Cree, Iman, Imas y extensión del impuesto al consumo. Y eso que la reforma no iba dirigida a aumentar el recaudo.

Antes de las elecciones el cuento era que se necesitaban ingentes recursos para el postconflicto y ello justificaba una reforma. Sin embargo, esta está dirigida “solo” a tapar un hueco de $ 12,5 billones en el presupuesto y nos quieren convencer de que esto se logra con la prolongación del 4×1.000 –que estaba en camino de ser desmontado– y la extensión del impuesto al patrimonio, que se acabó en el año fiscal 2013.

Los otros dos puntos son rutinarios en todas las reformas: mayor castigo para la evasión y amnistía a capitales sin declarar. Esta última siempre es demandada y hundida por la Corte Constitucional. En cuanto a la evasión, Santiago Rojas, antes de posesionarse como director de la Dian, decía que habría cárcel para los evasores del IVA.

Resulta que el único delito de evasión fiscal tipificado en el Código Penal es el no pago al Tesoro del IVA y la retención en la fuente. Los parlamentarios nunca van a aprobar cárcel por evadir el impuesto de renta porque ellos son los sospechosos de siempre y este país no es serio.

Lo cierto es que, para incrementar el recaudo, realmente hay que subir dos puntos del IVA de una vez, no gradualmente al estilo colombiano. Y lo más importante, la Dian debería aprovechar esta oportunidad para introducir el sistema IFRS y evitar que los contribuyentes que sí pagan deban llevar tres contabilidades.

El Gobierno ha evadido el tema del IVA, cuando ese será el corazón de la reforma. Será costosísimo en mermelada, pero es la única medida que sí representa recursos significativos. Se quejan los contribuyentes de aumentos en el IVA, pero deben recordar la gran mayoría de ellos, que es el único impuesto que pagan.

Según el Gobierno, “después” presentarán otra reforma para el tema del postconflicto. El DNP había calculado ese costo en $9 billones de pesos, mientras Sergio Jaramillo dijo en el portal Primera Página que este ascendería a $40 billones. Eso quiere decir que el Gobierno no tiene idea del costo del postconflicto, lo cual es lógico, porque en La Habana “nada está acordado hasta que todo esté acordado” y no sabemos qué han entregado Humberto de la Calle y sus muchachos.

A menos de dos años de la reforma tributaria de 2012, ya estamos abocados a nuevas reglas de juego, a cambiar los sistemas de la empresa y a elaborar nuevos presupuestos. Creo que esta cambiadera de reglas del juego cada dos años no está contemplada en los estatutos de la Ocde.

El Gobierno no ha sido serio en amarrarse los pantalones, que es lo que le toca. Seguimos los colombianos financiando a los señores de La Habana que, a juzgar por las barrigas de alias ‘Iván Márquez’ y alias ‘Rodrigo Granda’, lo están pasando muy bien. No extrañan para nada la sopa de mico, que es la que tomamos los contribuyentes de reforma a reforma.

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