¿Hipócritas u olvidadizos? ¿Las dos cosas?

Por: Horacio Serpa Uribe.–

Bogotá, 06 de Octubre ­_RAM_ Niegan la historia o no quieren recordar. ¿Solo les conviene seguir la guerra? La paz es una obligación para todos.

Unos andan con el cuento de que ya no hay guerra. Para otros, nunca existió. Uno de mis alumnos me dijo en conversación de cafetería que para muchos jóvenes el tal conflicto armado es un invento de los políticos para ganar elecciones.

Hay gente para la cual el problema con farc y eln no les corresponde ni nada han tenido que ver con él. Son sencillamente unos inocentes perjudicados por lo que otros han hecho. “No tienen arte ni parte”. No les interesa y no les corresponde prestar atención al asunto de la paz. Que de eso se ocupen otros, ojalá pronto, para que no siga el pretexto de la violencia, que es una gran vagabundería.

Me apena perturbar su tranquilidad. Puede ser que nunca hayan tenido ninguna participación especial con las causas o el desarrollo de la grave conflagración que nos afecta hace medio siglo. Tal vez no tengan responsabilidad personal. ¿Sus padres o abuelos tampoco? ¿Nadie de los suyos, nunca, tuvo algo que ver? ¿Acaso la desidia, la desatención, con que se trataron o eludieron las graves situaciones de antaño no es una responsabilidad de todos?

Porque pasaron muchas cosas graves. Miremos solo 65 años atrás. Sangriento enfrentamiento entre liberales y conservadores que ocasionó 350.000 muertes en 7 años, consecuencia de abusos, pobreza, injusticias, torpezas. Luego dictadora militar y la aplicación de un sistema político, el Frente Nacional, que alivió la violencia pero produjo exclusión, mayor inequidad y corrupción.

A principios de los años sesenta las heridas seguían sangrando. La gente aún recordaba “el robo de Panamá” y la situación internacional estaba marcada por la guerra fría. En la juventud latinoamericana se miraba con rabia la prepotencia norteamericana, se despreciaba con indignación el sistema de los gobiernos autoritarios que cundieron por todos los países de la región y se admiraban las causas de liberación estimuladas por el triunfo de la revolución cubana. Se incrementaron la pobreza y el bipartidismo, engolosinado este con el aprovechamiento inconveniente del poder. Se reprimió al campesinado. La consecuencia fue que nacieron las guerrillas, hace medio siglo.

De esa situación surgieron el narcotráfico y el paramilitarismo. Continuó el desprecio por la vida y reinó la impunidad. Siguieron creciendo la corrupción, la inequidad y la desigualdad, con sus secuelas. Todo se desprestigió, la política, la justicia, la iglesia, la fuerza pública, la actividad privada. Nadie cree en nadie. Cada quien quiere salvarse solo con los suyos.

La guerra existe, nos cuesta a todos y tuvo unos orígenes y unas causas. ¿Alguien puede sentirse libre de culpa? ¿Dónde estaban cuando ocurrió la hecatombe? Cada quien tiene algo que ver, tal vez mucho, con lo que sucede. Taparse los ojos o hacerse los desmemoriados no los libra de responsabilidades. Todas y todos debemos colaborar en la solución. La paz se puede alcanzar.

Pero es obligante dejar la irresponsabilidad y la hipocresía

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