La comunicación como un bien público en América Latina

Por: Carlos Villota Santacruz.–

Bogotá, 14 de Octubre ­_RAM_ El consumo de los medios es la tercera actividad realizada por hombres, mujeres y niños después de dormir, trabajar o estudiar. ¿Cuáles son los alcances de este fenómeno y como puede ser aprovechado?

En pleno siglo XXI, el consumo de los medios es la tercera actividad realizada por hombres, mujeres y niños después de dormir, trabajar o estudiar. En otras palabras, está inmerso el proyecto de país, en el caso que nos ocupa -será objeto de debate en México en el mes de diciembre en la Cumbre Mundial- bajo la expectativa de un continente como América Latina, con una alta complejidad que le apunta a fortalecer sus raíces, pero a su vez, a sacarle provecho a la globalización.

En este escenario académico, y luego de la cita en la ciudad de Cartagena, considero que la defensa de la comunicación como un bien público es prioritario. La razón. La comunicación es parte esencial de la dignidad humana. Es la base de los demás derechos que debe ser garantizado por el Estado. Llámese Venezuela, Colombia, Argentina o Chile.

En otras palabras. La comunicación es hoy, para un continente -que llama la atención y en donde todos quieren estar- gracias a la crisis europea, el motor de un cambio cultural y el tránsito de una sociedad que se transforma desde sus raíces históricas, en su propósito de construir identidad.

Ese es el caso de Colombia. Un país de 48 millones de habitantes, que le apunta a un proceso de paz con la guerrilla de las FARC. Ha sido visto por años desde el exterior, como un país que ha puesto en peligro el orden jurídico internacional. Hoy, tiene el respaldo de naciones amigas y organismos como la ONU.

Es en ese contexto, donde la comunicación juega y jugará un papel fundamental A través de relatos, crónicas, documentales, artículos de opinión e investigación. A esta altura del 2014, se ha convertido en una la hoja de ruta para el presidente Juan Manuel Santos y su equipo de Gobierno con el propósito de demostrar que la violencia no es el camino para construir un país pluralista, diverso, pluriétnico y con una alta riqueza humana y natural, como es el caso de los departamentos de Cauca, Nariño y Putumayo, donde la violencia ha sido por estadísticas, más fuerte.

En esencia, en un escenario de posconflicto, la puesta en marcha de una comunicación pública será un reto. De entrada, será el encuentro entre víctimas y victimarios, bajo la palabra perdón. Se levantarán muchas preguntas e interrogantes acerca de cómo convivir entre el pasado, el presente y el futuro. Llegado ese momento, la comunicación será protagonista en la formación de una nueva ciudadanía. Un hecho, que repercutirá en la región de manera importante. Un sí a la vida. Un no a la muerte.

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