El balón parado

Por: Esteban Jaramillo Osorio.–

Bogotá, 23 de Noviembre ­_RAM_ Hay distintas maneras de ver el fútbol: desde la pelota, desde el resultado y desde la camiseta. Santa fe y Huila jugaron un enérgico partido, gobernado por el juego aéreo, sin tregua en el ritmo e incierto hasta el cierre. Cada acción de estrategia, a balón parado, se marcaba como peligro inminente.

Las defensas sin orden, con tumulto, sucumbieron a la imponencia de los goles de cabeza, cinco de los seis marcados en un duelo sin lujos, pero jugado con intensidad y ambición.

No obstante ver caer sus porterías, los guardametas tuvieron papel relevante para evitar contrastes mayores, especialmente Camilo Vargas, quien, en su retorno, alivio penalidades del penalti, el que cobró con entusiasmo, y desafió con sus ágiles reflejos a los artilleros opitas.

El resultado tiene importancia para uno y otro. Santa fe porque consolida sus aspiraciones y Huila porque ratifica la evolución de su rendimiento, al punto de que un equipo sin rango, se ha colado en la cumbre de la tabla, con alentadoras perspectivas.

No obstante el fútbol de Santa Fe, al margen de los resultados, no satisface aún. Incapaz de controlar el trámite, con grietas defensivas como lo indica el saldo final, limita su función de ataque a los contragolpes que maneja Cuero, en galopadas inciertas, tantas de ellas impregnadas de marrullería, cuando los rivales le respiran en la nuca.

Los números en el rojo no admiten discusión y ve la final cerca, con la idea de reforzar el rendimiento colectivo, para hacer realidad el objetivo de una nueva estrella. Razones en su nómina le sobran para ello.

 

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