El País reclama paz, sin impunidad

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

Si las Farc no son narcotraficantes, podemos decir a pie juntillas que: el extinto narcotraficante Pablo Emilio Escobar Gaviria, fue un mártir y como tal debe ser canonizado por las tantas infamias y calumnias que se le han inventado.

El resultado arrollador de la marcha del 13 de diciembre,- por diferentes ciudades-, promovida por el Centro Democrático que orienta el expresidente y Senador Alvaro Uribe Velez, es un mensaje inequívoco para el Gobierno y los negociadores de la Habana- Cuba: el País en más de un 50% no está de acuerdo con la forma en que se quiere firmar la paz, concediendo a los criminales de las Farc gabelas por: masacres, asesinatos, desapariciones, desplazamientos, violaciones, secuestros, extorciones, voladura de oleoductos y demás obras de infraestructura, que vienen cometiendo desde hace más de cincuenta años, en medio de una revolución estúpida que ni ellos mismos la entienden, pero que el único trasfondo es el narcotráfico, para sostener un ejército de 65 frentes de facinerosos y matones, que lo único que han hecho es atesorar inmensas fortunas para que una vez firmado el acuerdo de paz poderla disfrutar a sus anchas, sin que haya lugar a la reparación de las víctimas, ni mucho menos al reintegro de los dineros mal habidos producto de todo tipo de fechorías.

Se dice que el grupo narcoterrorista de las Farc, es el segundo más rico del mundo. Su inmensa riqueza se encuentra en el exterior, y depositada en canecas llenas de dólares y euros, en las selvas de Colombia, además poseen grandes extensiones de tierra, y millones semovientes que figuran a nombre de testaferros auxiliares del mismo ejército subversivo.

Que le quede claro al presidente Santos, que la mayoría de los Colombianos somos amigos de la paz y la queremos, pero sin impunidad, no en la forma en que lo está haciendo, al querer entregar a la subversión una cantidad de dádivas y prebendas, que solo son justificables en un Estado anárquico, donde el principio de autoridad se pierde, y contraría las normas que regulan nuestro Estado de Derecho, que son hijas de una democracia digna y honesta construida palmo a palmo por más de cuarentaicinco millones de Colombianos.

Es muy difícil como lo propone el presidente Santos, que “la paz debe tener perdón y olvido”, considero que el perdón debe ir cogido de la mano con la reparación, pero el olvido es una secuela imborrable que permanecerá en la memoria de las víctimas hasta el día de su muerte, es que hay miles de casos tan salvajes, que es imposible que entre seres humanos se olviden y que desde luego, continuarán alimentando en su subconsciente el fenómeno de la venganza:

En la marcha del 13 de diciembre tuve la oportunidad de escuchar el escalofriante drama de un joven de 18 años, que cuando apenas tenía 8 años y vivía con sus padres en una finca del Putumayo, con frecuencia eran visitados a altas horas de la noche, por un grupo de terroristas de las Farc, que ordenaban a su señora madre prepararles un sancocho de gallina y al terminar la cena, ella y sus dos hermanitas de 10 y 12 años eran cogidas a la fuerza por los maleantes y violadas en presencia de él y su señor padre, que se encontraba invalido por una mina que le voló parte de su humanidad. A la cuarta ocasión de semejante oprobio y humillación, el progenitor les llamó la atención en forma pacífica: de inmediato fue rematado a tiros, el joven fue amarrado a un árbol y en su presencia violaron a su señora madre y hermanas, finalmente logró zafarse de las ataduras y salir corriendo, días después se reencontró con ellas, para desplazarse a otra vereda.

Al preguntarle a este joven: si él reconocería a sus víctimas, me dijo0 que sí, y al indagarle sobre qué reacción tomaría en caso de tenerlos frente a frente me respondió: “soy persona firmemente creyente en Dios, pero si la justicia no hace nada para llevarlos a la cárcel para que paguen por semejante infamia, yo me encargaría de hacerlo por mi propia cuenta”.

Considero que casos como este hay miles en el País, y que el ejercicio que se está haciendo en la Habana- Cuba, de enfrentar a las víctimas con sus victimarios, sin que exista reparación de por medio, es muy difícil que se llegue al perdón, máxime cuando el olvido quedará para siempre plasmado en la mente y personalidad de la víctima.

Pero avanzando mas sobre las infamias de las Farc: con las cientos de masacres cometidas en predios de humildes familias campesinas, con saldos de víctimas asesinadas y violaciones, simplemente para que sus dueños abandonaran los predios; es un imposible que estas familias regresen nuevamente. Encontrarse con los sitios en donde fueron masacrados y violados sus seres queridos: les produciría rabia y frustración, puede suceder que lo hagan, pero, con el alma enferma y el corazón herido de venganza, esperando una oportunidad para dar rienda suelta a la justicia por sus propios medios.

Es un error de algunos analistas, psicólogos y sociólogos, pensar que ante semejante infamia los hijos de las víctimas, que siendo menores de edad presenciaron las masacres y violaciones, pasen desapercibidos y se den el abrazo con quienes fueron los verdugos, asesinos y violadores de sus seres queridos.

De otra parte, los negociadores de las Farc, están reclamando cosas tan inverosímiles, como por ejemplo, que: no se les considere narcoterroristas; si con todas las infamias que han cometido, simplemente por defender su supremacía del narcotráfico, entonces: ¿a qué se les llama narcoterroristas?

La parte ideológica y su filosofía de ser guerrilleros hace mucho tiempo la cambiaron por el negocio del narcotráfico, razón por la cual se encuentran tan boyantes económicamente, que por eso son calificados como el segundo grupo narcoterrorista más poderoso del mundo.

Debemos estar preparados: si la agenda del proceso de paz no se modifica, y se le abre a las Farc, a la topa tolondra, las puertas para que accedan a corporaciones legislativas y cargos por elección popular, a punta de compra de votos y de conciencias nos van a dar una muenda democrática, que fácilmente pasaremos a ser sus borregos e incondicionales.

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