La nueva ‘Luciérnaga’ de Caracol

Por: Julio Suárez Anturi

Bogotá, 14 de Enero ­_RAM_ Ayer escuché La Luciérnaga. En efecto, era la inauguración de una nueva etapa. Era un nuevo programa con vestigios del conocido que se acabó con la salida del doctor Hernán Peláez. Me pareció más de chacota que de información, categoría en la que ganó premios. Me pareció juvenil, un programa de muchachos para muchachos. Aunque allí estuvo Paulo Laserna, quien fue de pocas palabras.

Una Luciérnaga muy distinta a la que vi nacer a mediados de 1992, cuando se produjo el gran apagón del país durante el gobierno de César Gaviria. Aunque creo que La Luciérnaga nació antes. Creo que todo empezó en la cabina del tercer piso de Caracol, cuando estaba en la Avenida 19 con Octava, un viernes en que Yamid Amat, en el noticiero de la tarde (vespertino) hizo algunos chistes, aprovechando que estaba en Bogotá un muchacho desconocido que llegaba de Pereira llamado Guillermo Díaz Salamanca. El joven de lentes de aumento y pelo lacio caído sobre la frente, tenía el don de imitar las voces de las personas. Imitaba al dirigente de fútbol León Londoño, al propio presidente César Gaviria, al expresidente Belisario Betancur, a los futbolistas Willington Ortiz y Carlos Valderrama y al inolvidable Jaime Ortiz Alvear, entre otros personajes de ese momento.

Esos diez minutos de chacota se fueron repitiendo, y ya no solo los viernes, y ya no solo diez minutos, hasta que decidieron un día ponerle nombre y se llamó La Luciérnaga, porque era lo único que alumbraba (en sentido literal y conceptual) en medio del apagón.

De Yamid Amat pasó rápidamente a manos de Hernán Peláez, quien ordenó, pulió y proyectó el espacio con el paso de las semanas, hasta convertirlo en un fenómeno al cabo de un año o dos. Contribuyó el hecho de que los radiotransistores se pusieron de moda, y de alguna manera, según yo lo veo, La Luciérnaga se volvió ‘algo personal’ para los colombianos.

Fenómeno de La Luciérnaga que el doctor Peláez sostuvo siempre con la guardia alta. Se le veía en su oficina o los pasillos de la ahora nueva sede de Caracol, donde antes emitió Radio Sutantenza en la Zona Industrial, en el occidente de Bogotá, con alguien del grupo, los novatos Pedro González (que empezaba con Don Jediondo y podía “reemplazar” a don Cristóbal Américo en la lectura de las noticias de Radio Reloj) o Alexandra Montoya (que iniciaba imitando a María Emma Mejía), o los de “mayor peso” Guillermo Díaz Salamanca o Juan Harvey Caycedo (quien hacía unos simpáticos personajes, un negro estibador de Buenaventura y un milico cabecehierro). Hablaban de temas del día, de declaraciones de personajes, de segmentos de discos, de nuevas voces, etcétera. En este sentido, el doctor Peláez siempre libreteó (o “libretió”) La Luciérnaga, sin que el programa perdiera lozanía. Nada estaba al garete, ni las arrancadas de moto de uno de los personajes de Díaz Salamanca, aunque lo pareciera.

Quizás sea la nostalgia, pero la de ayer no era La Luciérnaga reconocible. Quizás porque la había dejado de escuchar por más de siete años y ayer tuve la curiosidad por escuchar a su nuevo director, el colega Gustavo Gómez (foto). No era la misma Luciérnaga.

Es obvio que en la primera emisión de un tipo de programa de estos no puede vislumbrarse todo su potencial, como lo sería el primer capítulo de una serie de televisión o una telenovela. Este edificio tiene que ‘asentarse’. Creo que hay que esperar el dictamen del tiempo, por lo menos seis meses, para poder evaluarlo mejor. Porque hay que ver el desarrollo de la presencia de Paulo Laserna o de Martín de Francisco, por mencionarlos, y de los demás.

Quiero recordar que La Luciérnaga también fue dirigida, por cortos períodos, de acuerdo a contingencias del doctor Peláez, por Gabriel de las Casas y Édgar Artunduaga. Pero se sabía que “ahí estaba Peláez”. Ahora es distinto. Y la verdadera evaluación la irá haciendo, día con día, la audiencia.

 

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