La guerra más difícil está por darse todavía entre el perdón y el olvido  

Por: Eber Patiño Ruíz.–

Nuestro país no puede ser la excepción de todo el continente Americano en no darse una oportunidad historia de salir del túnel de la guerra. Colombia no puede quedarse anquilosada en odios rancios y viejos, no puede seguir creyendo la historia de los buenos y los malos, como en las películas de Hollywood, no puede seguir alimentando un cáncer que tarde o temprano lo va a matar de todas maneras y de paso se lleva otra generación por delante que no le interesa el conflicto armado interno.

En el mundo hay muchos ejemplos para ver con buenos ojos y aprender de ellos, imitar sus acciones y tomarlos como modelos y referentes de que si se puede terminar con la guerra, que si se puede vivir en fraternidad, en sociedad, como una verdadera civilización y no como primitivos animales de la caverna Platónica.

Para hablar de uno de ellos, el más espinoso y sangriento de la historia reciente es el caso de Ruanda subsahariana, donde el término genocidio es por si solo escalofriante y aterrador, pero las cifras de horror están en la mente de los pocos que sobrevivieron a esta hecatombe humana, una guerra sin tregua entre las tribus Tutsi y Hutus, donde los Hutu decidieron exterminar a los Tutsi y por poco lo logran, 800.000 mil muertos dejó esta confrontación irracional por tener el poder político de este país.

Fue el desplazamiento humano más grande comparado con los relatos bíblicos del pueblo de Israel, y hace apenas 20 años, a la vuelta de la esquina tuvieron lugar estos acontecimientos vergonzosos para la humanidad, y aun así pudieron sentarse a la mesa y negociar una salida pacífica y empezar de nuevo, y lo lograron, sin dejar de reconocer que todavía se dan enfrentamientos aislados propio de sus diferencias. Pero lograron lo impensable, llegar a un acuerdo de poder y pasar la hoja de la historia.

Lo mismo ocurrió en Irlanda del Norte en una guerra innombrable entre católicos y protestantes heredada de Enrique VIII cuando rompió con el Papa en el siglo XVI, toda una vida de oprobios y sevicia, de tire y afloje por tener el control del poder. El llamado viernes santos un 10 de abril de 1998 se firmó el acuerdo de paz entre los dos bandos y se inició un desarme gradual de las milicias, permitiendo así la integración a la vida civil de todos los alzados en armas, y como es apenas lógico, después de varios siglos de discordia todavía se dan pequeños brotes de violencia aislados, pero se puso fin a una guerra ideológica la más antigua del mundo y eso debe servir de ejemplo a nuestro país.

Por su parte Mandela le dio un ejemplo memorable a la humanidad, con su pensamiento iluminado pudo terminar con la guerra en Sudáfrica y acabar con el régimen del Apartheid.

Para no ir muy lejos, en chile un plebiscito el 5 de octubre de 1988 terminó con la dictadura de Pinochet contra todos los pronósticos y fue el pueblo quien tomó la decisión de acabar con la tiranía del general, era el momento de cambiar la historia de este país y lo lograron.

Ahora la reflexión la hago para Colombia ¿si estos países y muchos otros pudieron lograr un acuerdo de paz, por qué Colombia no puede hacer lo mismo y seguir el buen ejemplo? Independiente de todas las malas acciones que hayan cometido en medio siglo, la guerra en nuestro país tiene colores (azul y rojo) en estos dos colores se fundamenta la diferencia, un pensamiento mal llamado revolucionario que hace décadas perdió su rumbo y se encontró de paso con el secuestro, la extorsión, el narcotráfico, el saqueo, el robo, el contrabando etc.

Una guerra que ha sido favorecida y justificado por los gobiernos de turno, donde algunos han tenido la voluntad política de acabar con estos grupos insurgentes y se avanzó con la dejación de las armas del M 19 el 9 de marzo de 1990 y se constituyó en una fuerza política en nuestro país, pero detrás habían fuerzas oscuras que sembraron el miedo y aun así el EPL y la UP se unieron a la iniciativa y la decisión de entregar las armas fue aplaudida en su momento, pero los intereses políticos de la mal llamada unidad nacional perpetraron una sistemática desaparición de los reinsertados y afloró entonces otro mal peor, los grupos paramilitares que también tuvieron no sabemos si el gesto de entregar las armas como fachada política.

Lo cierto de toda esta historia es que en nuestro país si ha habido voluntad de paz, de sentarse a la mesa a dialogar con las guerrillas, pero desafortunadamente esos intentos han sido fallidos, y no es el primer país en fracasar en el intento, todos los demás países que hoy gozan de no tener grupos insurgentes porque se atrevieron a firmar un acuerdo de paz, también en algún momento fracasaron pero lo intentaron de nuevo y lo lograron.

El perdón y el reconocimiento de sus actos violentos es el primer paso para que las guerrillas de las FARC hoy sentadas en la mesa de la Habana reciban de sus víctimas ese acercamiento, sin desconocer el duelo por el que todavía pasan cientos de familias. El olvido puede que no se dé nunca, pero si se logra firmar un acuerdo de paz, nuestro país será otro y entraremos en la lista blanca y seremos ejemplo ante el mundo de que si es posible terminar con las diferencias personales y vivir en tolerancia.

Estamos en el camino de lograr lo que otros países también en su momento y por las circunstancias no creían que era posible lograr.

Levantarse de la mesa de diálogo, es retroceder a la caverna y perder toda la ilustración que otros países nos brindan.

Un hecho que dejará a Obama en la historia de los EEUU, es haber reconocido que cincuenta años de bloqueo a Cuba no ha servido de nada y por eso hoy, hay vientos de esperanza, y otro ejemplo que deja sin tablero a los que se oponen desde la política a un eventual proceso de paz, primero porque se les acaba el discurso y segundo por quedarán como los malos del paseo y la sociedad les cobrará por ventanilla su falsa oposición.

La figura de no tener guerrilla en Colombia, es un paso gigantesco para el desarrollo de nuestro país, habrá más inversión, desarrollo, más oportunidades, mejores condiciones de vida y ninguno de nosotros seremos ajenos a este cambio.

El perdón si es posible, la paz también, mi preocupación es la guerra interna que muchos tienen desde hace muchos años y todavía no se dan por enterados que necesitan un proceso de paz urgente con ellos mismos y desminar sus corazones del odio y el rencor que irremediablemente los asesina poco a poco y serán los perdedores atrincherados esperando que salga la paloma de la paz para dispararle la peor arma de destrucción masiva como es el no reconocer en el otro la diferencia.

 

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