La jaula de oro  

Por: Esteban Jaramillo Osorio.–

Bogotá, 22 de Febrero_ RAM_ Está ausente, enjaulado, Falcao García. Tiene Jugoso contrato, nombre, fama, modernos autos, teléfonos y relojes de oro, está en uno de los mejores equipos del mundo, rodeado de figuras, pero es infeliz. Lejos están los días cuando era el delantero referencia, el fichaje prioritario, candidato al balón y a la bota de oro, al mejor gol del año y estaba en la selección ideal.

Se ve, en estos días, intacta su pasión, su actitud, pero sus muecas desnudan su impotencia.

Sus pasos en el área son inciertos, erra opciones de gol ante la portería, se ve acelerado, ansioso y en conflicto consigo mismo, porque perdió la sintonía con la red.

Sus socios, en el equipo, no le dan vida porque están confundidos como él y al borde del colapso en el laberinto táctico- obsesivo, de su entrenador.

En su momento, su paso al Manchester generó expectativas con sosiego y optimismo entre los colombianos. Cerradas las puertas del Madrid, el fútbol de Inglaterra era el ideal para sus condiciones, por la verticalidad, la obsesión ofensiva, ciertas predilecciones hacia el juego aéreo y el compromiso y el respeto en la propuesta ante el público. Era, su nuevo club, la autopista esperada para su reivindicación, luego de meses de angustia, de sueños rotos y decepciones, tras la desgraciada lesión que lo afectó. Pero sus números se redujeron y los deseos se frustraron.

A Falcao solo le queda hoy la selección de Colombia como alternativa, para su recuperación. Allí el respeto, la confianza y las voces de aliento de sus compañeros y, en especial, de su entrenador, le permitirán ser el eje del vestuario. En Colombia, Falcao volverá a ser el tigre que se come a los leones. Su esfuerzo y disciplina tendrán compensación para así superar el bache actual de su carrera.

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