Es la justicia, señores

Un día el reconocido empresario Víctor Maldonado, implicado en las estafas de InterBolsa y el Fondo Premium, empaca maletas, llama a su abogado y le anuncia que se va del país porque la justicia no le ofrece garantías. Que ahí deja algunos de sus bienes para que el Estado haga con ellos lo que le parezca y repare a sus víctimas. Días después aparece en Madrid, España, cenando como si nada en un restaurante de fama mundial.

Paula Jiménez, la jueza encargada de los sonados procesos por la muerte de Andrés Colmenares ocurrida hace cinco años y el carrusel de la contratación en Bogotá, confiesa ante la periodista Cecilia Orozco que le tomará por lo menos año y medio mas resolver el primer caso y más de seis meses escribir el “auto de pruebas” del segundo. Un documento que servirá de base para juzgar al exalcalde de Bogotá, Samuel Moreno. ¿La razón? El Consejo Superior de la Judicatura le acaba de aumentar de 40 a 240 el número de procesos a su cargo. “Estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano”, se queja.

En Cartagena, el Ministerio del Interior y Foros Semana reunieron a casi 100 abogados, profesores, académicos y expertos en medición y generación de opinión pública, nacionales e internacionales, para escuchar sus opiniones sobre la reforma constitucional de equilibrio de poderes uno de cuyos componentes fundamentales es la administración de justicia. El ministro de Justicia, Yesid Reyes, llegó una hora tarde a su intervención, dijo un par de generalidades y se devolvió para Bogotá sin escucharlos.

Desde La Habana, las Farc nos repiten día tras día que no está en sus planes pagar un solo día de cárcel para resarcir a la sociedad de décadas y décadas de terrorismo, secuestro, chantaje, extorsión, expropiación y asesinatos.

En Florencia, Caquetá, un juez dejó en libertad al presunto asesino del periodista Luis Antonio Peralta porque la policía que lo capturó “no diligenció el formato exigido para este procedimiento”.

En Pijao, una barrio de clase media baja al sur de Bogotá, una comunidad decidió tomar justicia por su propia mano. Persiguió y linchó a un joven de 16 años que intentó robar al conductor de un vehículo que pasaba por allí.

La desconfianza y el desprecio de Maldonado. La impotencia de la jueza Jiménez. Las dudas y temores de González. La insolencia de Pretelt. El descaro de Pacheco. La arrogancia de las Farc. El descuido del policía y la implacable rigurocidad del juez de Florencia. El desespero de la comunidad de Pijao. La falta de tiempo de Reyes para escuchar lo que pasa más allá de su despacho.

Apenas un puñado de botones de muestra de lo que estamos pensando y sintiendo frente a uno de los tres pilares de nuestra democracia. Los colombianos perdimos la fe y la confianza en nuestra administración de justicia. No creemos en ella y ella no parece darse cuenta. O no le importa.

Como tampoco parece importartes al gobierno y al congreso, para quienes la solución al ‘cáncer’ que la devora es una receta consistente en cambiarle el nombre a instituciones inútiles como el Consejo Superior de la Judicatura y la Comisión de Acusaciones, crear más burocracia para hacer las msimas cosas y concederle el beneficio de la justicia VIP a funcionarios que ni lo merecen ni lo necesitan.

Señores ficales, jueces y magistrados. Señores representantes y senadores. Señores ministros. Señor Presidente. La crisis de la justicia es seria. Muy seria. Requiere su atención. Toda su atención y con urgencia. No es un asunto de cosmética. Es hora de actuar rápido y a fondo. En Pijao se cansaron de esperar.

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