Mi lectura de los comunicados de La Habana

 

 

  • Farc prometen explicación sobre lo ocurrido en Buenos Aires.
  • ¿Qué sucedió, ¿Por qué sucedió? ¿Cómo sucedieron los hechos del 14?, preguntan
  • Por primera vez el gobierno no descalifica las protestas ciudadanas.
  • La indignación actual no es un fenómeno mediático. No es una estrategia ideada por alguien para atacar el proceso, o por la oposición política, dice

Terminó el ciclo 35 de los diálogos de paz entre el gobierno y las Farc en La Habana. La única noticia proveniente de la mesa fue que la comisión técnica de militares y guerrilleros se apresta a dar a conocer las fechas de inicio del “plan conjunto de descontaminación del territorio de materiales explosivos atendiendo a las necesidades humanitarias del conflicto”. Complicada y difusa manera de decir que está listo el cronograma para el desminado.

Ese fue el único avance del ciclo 35. Pero lo que en realidad esperábamos los colombianos era que gobierno y Farc nos dijeran que pasaría con los diálogos después de la masacre de Buenos Aires. Y de eso se ocuparon ampliamente los comunicados del Gobierno y las Farc leídos por Iván Márquez y Humberto de la Calle..

Las Farc aceptaron que lo ocurrido en Buenos Aires fue una tragedia, pero culpa de la misma al Gobierno a quién acusan de no haber dicho toda la verdad. “¿Qué sucedió? ¿Por qué sucedió? ¿Cómo sucedieron los hechos del 14? (…) Pero lo que deseamos manifestar no toca con la versión gubernamental de lo sucedido esa noche. Nuestra aspiración es que en los próximos días se pueda dar respuesta a los tres interrogantes arriba formulados. Eso sí, reconstruyendo los movimientos del ejército desde las vísperas. Su llegada a la zona: A Comedulce, y su desplazamiento a Naranjal, Bellavista y Betulia. Su entrada a La Esperanza. Todo dejando entrever en la región, que no se trataba de un preparativo para una fiesta”.

Las Farc desestiman la legitimidad de las protestas ciudadanas en su contra y en apoyo del Ejército Nacional que se han manifestado en todo el país con el argumento de que provienen de “los ricos cuyos hijos nunca van a la guerra. Porque nunca nos hemos visto enfrentadosa soldados de estratos cinco o seis, porque los hijos de los ricos no van a la guerra. Curiosamente estratos estos que sin preocuparse por lo que aconteció la noche del día 14 claman por más sangre al cielo. La sangre ajena, naturalmente.

El comunicado de las Farc concluye que no van a caer en la trampa de suspender los diálogos, que mantienen el cese el fuego unilateral e invitan al gobierno a no permitir que las elecciones infecten los diálogos.

El Gobierno

El comunicado del gobierno por su parte también trae sorpresas. Por primera vez no descalifica las protestas ciudadanas diciendo que se trata de una maniobra de la oposición.

La indignación actual no es un fenómeno mediático. No es una estrategia ideada por alguien para atacar el proceso, o por la oposición política. No hay que equivocarse en eso. Es una reacción limpia, auténtica, espontánea. Miles de colombianos llevando flores a los cantones militares. Reuniones callejeras para expresar el dolor de los colombianos, que no obedecen a concierto o preparación alguna. Es un acontecimiento inédito que las Farc deben comprender en su verdadera dimensión. El problema de las Farc hoy es con la gente. No con los militares. No con la llamada oligarquía. No con los políticos. Es con la gente”. 

Según el gobierno, las Farc han incumplido su propia palabra. Su promesa de declarar y mantener un cese de fuego unilateral. “Es allí, en el terreno de los propósitos de desescalar el conflicto y generar hechos de confianza, donde se ha hecho un grave daño. El mayor daño es a la credibilidad de las Farc. Una falta de confianza de los colombianos que ha sido expresada de un modo que no tiene antecedentes y que hoy se acentúa con la afirmación alucinante de que el Estado es el responsable de lo sucedido. La responsabilidad recae exclusivamente en las Farc.”

El gobierno, como las Farc anuncia que no se para de la mesa. Que los diálogos seguirán en medio de las balas, que no hay condiciones para declarar un cese el fuego bilateral y que, aunque no impondrá plazos para la firma de acuerdos es importante las Farc entiendan que entre más se demore la negociación mayor será el riesgo de que ocurran hechos que lo sauen de curso o “le pongan fin”.

En conclusión, pasada la ola de indignación, en la práctica lo que ocurrirá es que gobierno y Farc seguirán conversando en medio de la guerra.

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