¿Por quién lloras Colombia?

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

¡Por tus hermanos hijo, por tus hermanos!, víctimas de esta guerra atroz que a todos nos oprime; que sin respetar edades ni sexo ni razones, destruye las riquezas de la Patria, sembrando sus lares de tumbas y calvarios

Por los soldados que combaten en los campos, defendiendo la grandeza de Colombia; pero, solo saben que son hijos de sus entrañas, y están cosidos a su suelo bajo el estigma del dolor y la violencia

Por los hijos de las madres de la guerra, nacidos en medio de las balas, el llanto y el dolor meció su cuna, de hambre y de miseria se coció su alma

Por los niños secuestrados para el combate, que añoran regresar a sus hogares, a retomar sus juegos infantiles y a soñar con un mejor mañana

Por las viudas de futuro obnubilado, que no encuentran alivio a su tragedia, promesas e ilusiones son sus sueños, que se escudan en los encantos de la nada

Por los huérfanos y mutilados del conflicto, que claman porque cesen los combates, para abrir nuevamente los caminos, otrora senderos de paz y de bonanza

Por lo desaparecidos bajo el silencio de la muerte, o los horrores inclementes de la guerra, que crean en sus familias la zozobra, y en la sociedad la angustia de la espera

Por los desplazados de pueblos y veredas, que huyen bajo el silencio de la noche, abandonando las parcelas de sus sueños, donde cultivan alegrías y esperanzas

Y por los secuestrados por manos criminales, que lloran su injusta prisión en tensa calma, pidiendo al todo poderoso que se apiade, de esta Colombia inmortal de hoy y de mañana.

Todos los estamentos: sociales, económicos y políticos del País, están pidiendo a gritos al Gobierno y a sus instituciones legalmente constituidas, que por favor: acabemos con este baño de sangre en que nos tienen sometidos los grupos guerrilleros desde hace más de sesenta años.

Han pasado varias generaciones, que en sus etapas de: niñez, adolescencia, juventud y madurez, no tienen otra historia que contar, fuera de las horrible masacres que presenciaron cuando, grupos de facinerosos disfrazados de ser los nuevos salvadores de Colombia, sembraron de terror la tranquilidad de sus veredas, caseríos, corregimientos y municipios, regiones habitadas por humildes familias campesinas, que de rodillas les han suplicado perdonarles la vida, para sembrar un futuro promisorio a presentes y futuras generaciones.

Somos hijos de una violencia estúpida, que a través de décadas su única filosofía para querer derrocar nuestras Instituciones Democráticas legalmente constituidas, ha sido el negocio del narcotráfico, la extorsión, el secuestro, el desplazamiento y el chantaje, pero, lo más grave en contubernio con agencias internacionales cuyas inmensas fortunas se nutren de la desgracia del Pueblo Colombiano, que constantemente llora a sus muertos y entierra a sus hijos, mientras llega la otra masacre, ante la ineptitud de un Estado de Derecho, que no ha querido entender, que si bien el diálogo es el camino más corto para llegar a la paz, este debe medirse de acuerdo a las buenas intenciones de quienes representan la subversión en la mesa de diálogo.

En los actuales momentos el alma de Colombia se encuentra herida, toda una cadena de masacres son las que se están presentando por cuenta de los facinerosos de las FARC, que ya prácticamente perdieron nuevamente la confianza de los Colombianos, en aras de firmar el tan cuestionado Acuerdo de Paz.

¿Será que los señores de las Farc, creen que la palabra Paz se escribe con sangre y tiene como bandera la tragedia? No entienden estos señores que: las veredas, corregimientos, pueblos y ciudades están sembrados de calvarios y mausoleos, producidos por un guerra estéril sin ninguna ideología, que su único trasfondo ha sido el negocio del narcotráfico, el secuestro, la extorsión, el chantaje y el desplazamiento forzado de humildes familias campesinas, que por su culpa se encuentran pasando todo tipo de necesidades en las áreas urbanas, fortaleciendo los cinturones de miseria y creando focos de inseguridad.

No podemos aceptar que después de más de dos años de diálogos, la guerrilla de las Farc, esté cometiendo los más horrendos crímenes contra militares y la población civil, que laceran el alma de los militares mas rudos en los campos de batalla, ellos indudablemente continuarán siendo nuestros héroes y jamás los olvidaremos, puesto que fueron abatidos por grupos ilegales que se escudan en la mansalva y la cobardía para abatirlos inmisericordemente.

Son miles y miles los hogares enlutecidos, con millones de niños huérfanos, y de madres viudas que tras el asesinato de sus esposos fueron violadas en presencia de sus hijos, pero, que sin embargo, guardan en el corazón un espacio para construir un santuario que sea un remanso de paz y de grandeza, que les permita avizorar un mejor mañana.

Considero que los negociadores en la mesa de diálogo de parte del Gobierno, deben cambiar su estrategia para continuar la misión encomendada, no es procedente seguir en las mismas condiciones, puesto que con todo lo que ha ocurrido en los últimos días, las condiciones han cambiado. Estamos plenamente de acuerdo en que se fijen unos plazos y unas condiciones que sean verdadera prenda de garantía para labrar el camino de la Paz, que si bien todos la queremos, debe ser sincera, franca y perdurable, pero, sobre todo con un futuro de posconflicto que está plenamente garantizado.

Caso contrario, parémonos de la mesa, demos por cancelada tanta humillación a que nos tiene sometidos la guerrilla desde los inicios del diálogo, y retomemos la Constitución y las Leyes de la República para aplicarlas a quienes las infrinjan, sea quienes fueren.

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