¡Semana de reflexión!

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

La reflexión y la meditación nos permite colocar las cosas en orden, encontrarnos con nosotros mismos, y sin ambages, ni mentiras, preguntarnos, si en los actos de nuestras propias vidas nos estamos auto – engañando, y que producto de ese engaño es mas el daño que se hace a nuestros semejantes, que el bien que se presta, sobretodo, cuando se transita por caminos minados de incertidumbre y poca claridad, además de desconocidos para quienes en una u otra forma van a ser sus coprotagonistas.

No es para menos, traer a colación el tema del Proceso de Paz, que se negocia en la Habana – Cuba, entre el Gobierno y la Guerrilla de las Farc, sin lugar a equívocos, quienes hemos seguido de cerca este proceso, nos preocupa enormemente la cantidad de inexactitudes y de improvisaciones que se están presentando, pero, lo más grave, a espaldas de la opinión pública, que tiene todo el derecho de saber con exactitud todo lo que está pasando al interior del proceso.

Hemos visto con notable preocupación, cómo el Señor Presidente, hace unos días sacó de la mesa de negociación a los Generales (R) Mora Rangel, del Ejército; y Oscar Naranjo de la Policía, ante las críticas que ha recibido por diferentes sectores de opinión, quiere conjurar la crisis manifestando que los dos generales continuarán vinculados a la comisión negociadora del Gobierno en la Habana- Cuba.

La verdad, nadie entiende estas contradicciones, puesto que días después de ocurrida su desvinculación, el General Naranjo, en declaraciones para los medios de comunicación manifestó que: en la Habana – Cuba, hasta la fecha: nada se había acordado. Es bueno que el señor presidente aclare con mayor precisión todas estas improvisaciones, puesto que el común de los ciudadanos, especialmente, en las organizaciones de militares en retiro, existe la creencia que al País no se le está diciendo la verdad.

El Gobierno en esta semana de reflexión, debe entender que los Colombianos queremos una paz perdurable, sin ambages y sin engaños; para lograr este objetivo lo mejor que puede hacer es bajarla del poder de las alturas, para que todos los que tengan que aportar proyectos o ideas lo hagan son ningún obstáculo, una paz de elitistas y con tantas mañas de burocracia no pasaría de ser flor de una día donde se beneficiarían unos pocos con fines politiqueros, y los corruptos aprovecharían la oportunidad para hacer crecer sus fortunas.

Es indudable que para obtener una paz, perdurable y duradera, se hace indispensable que el aparato de la justicia esté lo suficientemente bien aceitado, pero, sobretodo que no vaya a ser escenario de nuevas huelgas y que el fantasma de la corrupción se haya erradicado en su mayor porcentaje, por eso, el escándalo que sacude a las cuatro Altas Cortes, debe quedar lo suficientemente solucionado, puesto que de lo contrario entraríamos al campo de las contradicciones y a los escenarios recriminatorios de nunca acabar.

Aún no sabremos calcular los millones de procesos que de una u otra forma se van a mover por acción del Estado, o de las víctimas en la etapa posconflicto, por lo tanto se requiere de una mayor responsabilidad, no solamente de parte de los negociadores de ambas partes, sino del Gobierno, para que vaya pensando qué va a ser para encausar las millonarias reclamaciones que se instaurarán en las diferentes instancias judiciales, una vez se firme el Acuerdo de Paz.

Esta Semana Santa, debe ser motivo de reflexión, no solamente para las tres Ramas del Poder Público, sino también para todos los que de una u otra forma profesamos la Religión Católica, debemos entender que nos encontramos próximos a firmar un Acuerdo de Paz, pero lamentablemente no existen escenarios válidos para hacerla perdurable.

Pretender que se va a firmar un Acuerdo de Paz, cuando los Tres Poderes Públicos, se encuentran tan seriamente cuestionados por actos de corrupción, podríamos decir sin lugar a equívocos, que es perder el tiempo, y entrar en una nueva etapa de grandes frustraciones para el País, pero, muy especialmente para los millones de Colombianos que en calidad de desplazados, reinsertados u otras de las tantas formas de violencia que han recibido de parte de los grupos guerrilleros, están esperando que se les haga justicia.

Continuamos insistiendo que la etapa posconflicto debe entrar en un proceso de confección, cuyo principal objetivo debe ser con una justicia dinámica y eficiente, que garantice a las víctimas la seguridad de que van a ser indemnizadas y no se van a quedar burladas por una serie de trámites innecesarios, que finalmente se pierden en fallidas esperanzas.

Soy de los que cree que el procesos de paz, debe suspenderse, hasta tanto se solucione la crisis especialmente de la justicia, no cabe en la cabeza de nadie, que se avance, posteriormente se firme, y luego en la etapa posconflicto nos encontremos con una serie de obstáculos que no van a permitir hacerla dinámica , puesto que el aparato judicial adolece de una serie de fallas, que la hacen vulnerable de cualquier acto de corrupción durante los procesos de desarrollo en las reclamaciones de las víctimas.

No olvidemos que los billones de pesos que se van a mover para la etapa posconflicto, son en su mayoría aportes de gobiernos extranjeros, que como en veces anteriores, en el caso del Caguan, han colaborado, pero que desafortunadamente buena parte de esos recursos fueron a parar a organizaciones de papel, que fueron constituidas de última hora.

Es muy aplaudible la iniciativa del Señor Presidente de la República, de iniciar una guerra frontal contra la corrupción, sin embargo, le aconsejo que blinde muy bien su despacho, puesto que en estas épocas preelectorales le llegarán sus amigos  “mermelados” pidiéndole oxígeno para no perecer en las elecciones del próximo 25 de octubre, tal cual ocurrió con su reelección Presidencial.

 

urielos@telmex.net.co

urielos@hotmail.es

 

  Share: