Silvia, Uber y las elecciones

Silvia, una amiga gringa que viene con bastante frecuencia a Bogotá y ha sufrido en carne propia con sus problemas de movilidad y seguridad me preguntó vía Skype, entre incrédula y asombrada ¿por qué la negativa del Ministerio de Transporte de permitir el ingreso a Colombia de la plataforma Uber que ofrece un servicio de transporte público de calidad, seguro y confortable? A la altura de las grandes ciudades del mundo.

 – Es una cuestión de política, respondí.

– ¿Cómo así? – contrapreguntó- ¿Allá es política de Estado impedir que haya buenos servicios públicos?

– No creo, le respondí. No se trata de eso. Es que este año hay elecciones.

La carcajada tronó al otro lado de la pantalla seguida de una pregunta devastadora pronunciada muy a la colombiana:

– ¿Y qué diablos tienen que ver las elecciones con Uber?

– Todo y nada, respondí., tomando aire y preparandome para la inevitable siguiente pregunta.

– Explícame. ¿No entiendo?

– Pues todo y nada, repetí. Acto seguido me despaché la siguiente teoría:

Este año hay elecciones de alcaldes en Colombia y los taxistas son un aliado que pueden marcar la diferencia entre ganar o perder. Nadie quiere pelear contra ellos. Y como los taxistas ven en Uber una competencia que les puede dañar el negocio, van a aprovechar la necesidad de los políticos para impedir que el gobierno lo autorice.

Los alcaldes -intenté explicarle- son los responsables de regular el servicio de taxi en las ciudades, fijar sus tarifas, horarios de circulación, sitios de parqueo, etc. Son los encargados de velar porque presten un buen servicio.

– Y si eso es así, ¿no deberían autorizar a Uber porque los usuarios son más que los taxistas? Ripostó Silvia haciendo uso de un demoledor sentido común.

– Pues si, resongué. Es lo que uno esperaría de un país serio. Pero te recuerdo que estamos en Colombia. Aquí el poder real lo ejercen las minorías. Los taxistas son menos que los usuarios, pero como estos no bloquean vías ni Transmilenio ni llevan gratis gente a votar el día de las elecciones, algunos ni siquiera votan. Pues a los políticos les importa un ‘pito’ lo que piensen.

– Tendría que ser colombiana para entenderlo, dijo pensativa.

Y cuando pensé aliviado que el tema había terminado y pasaríamos a comentar sobre la conveniencia del comprar o no el Apple Watch, Silvia dijo con frialdad:

– Te compro el cuento ese del temor de los alcaldes, pero ¿qué tiene que ver el Ministerio de Transporte? ¿Por qué el Ministerio es que el niega la licencia.

Esto amerita otra hipótesis pensé. Tomé aire y me lancé:

– Silvia la izquierda lleva doce años gobernando en Bogotá, de los cuales los últimos ocho han sido un verdadero desastre, así que el establecimiento decidió recuperar el poder en la Capital.

El establecimiento está encabezado por el gobierno nacional y representado por los partidos de la Unidad Nacional a saber: Liberal, Conservador, La U y Cambio Radical. De este último forman parte el Vicepresidente y la Ministra de Transporte. Ellos tampoco quieren pelear con los taxistas. Y ocurre, mi querida amiga, que quien autoriza las nuevas modalidades de servicio de transporte público que se prestan en Colombia es el Ministerio de Transporte. Uber ofrece una de ellas. Pero como nadie quiere pelear contra los taxistas no hay la menor posibilidad de que Uber reciba permiso para trabajar en Colombia antes de octubre de este año cuando son las elecciones.

– ¿Y entonces, los usuarios que se jodan? Gritó Silvia, furiosa.

– ¡Sí!, que se jodan! acepté resignado.

 

 

 

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