Lo que destapó la tormenta

El miércoles el país se fue a dormir atento a lo que prometía ser un nuevo episodio del ya rutinario “choque poderes”.

En una extensa carta la “Comisión Interinstitucional de la Rama Judicial” le solicitó a la Cámara de Representantes hundir el capítulo justicia del proyecto de reforma constitucional conocido como de “Equilibrio de Poderes” porque a su juicio no soluciona los problemas estructurales de la administración de justicia y presenta vicios que ponen en duda su constitucionalidad.

El documento lleva las firmas de los presidentes del Consejo de Estado, el Consejo Superior de la Judicatura y de la Corte Suprema de Justicia. También la del Fiscal General. La Corte Constitucional no firmó. Para los entendidos es un silencio estratégico pues le corresponderá revisar la constitucionalidad de la reforma

Que la rama judicial en pleno le pidiera a la Cámara de Representantes hundir el proyecto bandera del gobierno y que, aunque de manera sutil, amenazara con declararla inconstitucional en caso de no ser escuchada, ya era un escándalo. Pero lo que desató una verdadera tormenta fue su propuesta de convocar a una Asamblea Constituyente como única salida válida a la crisis.

Con esa propuesta la rama judicial no sólo le dijo al congreso y al gobierno que no les reconoce competencia para reformarla e inmiscuirse en sus asuntos, sino que puso a uno de los tres poderes públicos del lado de las Farc que promueve la idea de convocar al constituyente primario para avalar los acuerdos de La Habana.

La reacción fue inmediata y gradual. El gobierno, al principio tímido, rechazó de plano la propuesta. A él se sumaron los partidos políticos, algunos líderes de opinión y, cuando nadie lo esperada, la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia desautorizó a su presidente aunque mantuvo los reparos al proyecto de “Equilibrio de Poderes”.

La postura de la Corte Suprema acabó con la tormenta que dejó a su paso varias cosas al descubierto:

  1. Las altas cortes y sus magistrados no han podido asimilar las consecuencias de la fallida “reforma a la justicia”. La más grave de ellas el creciente deterioro de confianza ciudadana en su desempeño evidente en todas las encuestas.
  1. Es tal el desespero en la cúpula judicial reinante que cada bandazo, cada intento que hace por salirse del pantano termina hundiéndola más y más. Como en una arena movediza.
  1. Es evidente la falta de un liderazgo, capaz de unir las altas cortes y poner a trabajar toda esa inteligencia, experiencia y preparación en la búsqueda de objetivos claros que recupere la confianza del pueblo.
  1. La decisión de la Sala Plena de la Corte Suprema al desautorizar a su vocero dejó en evidencia que cada corte y cada magistrado van por su cuenta. Todos están jugando al “sálvese quien pueda”.
  1. El Ministro de Justicia no existe. Yesid Reyes, quien debería estar al frente del tema, aparece en televisión hablando de otras cosas desde los Estados Unidos en donde anda en campaña de relaciones públicas. Como si aquí no pasara nada.
  1. La tormenta dejó en evidencia que el Fiscal quiere quedar bien con Dios y con el Diablo. Firmó el documento (dicen que fue quien lo redactó) pero no fue capaz de salir a defenderlo. Cosa rara en alguien tan mediático como él. “Ni el gobierno, ni sus compañeros de la rama sabemos hoy a qué atenernos”, me respondió un magistrado a quien consulté.
  2. Y a los ciudadanos nos queda la sensación de que los firmantes de la carta están más interesados en litigar en causa propia que en salvar de la debacle a nuestro golpeado sistema judicial.

El viernes la Comisión Primera de la Cámara de Representantes citó a una audiencia pública “urgente” sobre el proyecto de “equilibrio de poderes” e invitó a las Cortes a presentar y debatir sus inquietudes. Muy buena idea. Ojalá acepten. Una reunión privada nos parecería muy sospechosa.

 @RicardoGalanO

 

N del E. Aunque está  columna fue publicada el sábado en semana.com y aunque ha habido mucho ruido en la radio y algunos personajes como el Fiscal y el Ministro de Justicia que son mencionados ella han hablado, en esencia la situación se mantiene intacta.

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