Así no se puede hacer un diálogo

 

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez.–

Dice mi amigo Ricardo Galán, Director de Libreta de Apuntes que es la repetición de la repetidera muchas noticias y en eso tiene sobrada razón, porque vamos para dos años que a cada momento y a cada instante la noticia es sobre el diálogo de paz que se adelanta en la Habana por parte del Gobierno y las FARC.

Pero así no se puede, la manipulación que llega de todos los lados, nos hacen pensar que si de verdad se hablara en serio, los diálogos avanzarían o se romperían, porque eso de tirarse la pelota el uno y el otro no es muy bueno, eso de estar diciendo que el Gobierno tiene la culpa de lo que está sucediendo y las FARC también tienen la misma, hace pensar que no hay seriedad, que nadie se hace responsable de lo que está sucediendo.

Que malo eso de presionar para que haya un ser bilateral de fuego y está mal es porque los que están pagando con su propia vida son nada menos que los civiles y unos policías que a veces los encuentran con las manos abajo y con falta de responsabilidad y apoyo de sus directivos.

Ya estamos mamados, perdónenme la palabra y quizá quienes me leen, saben que esta no es mi forma de escribir, pero mientras que muchos de mis paisanos se han enseñado y acostumbrado a ver correr sangre por todos los lados a mí eso me llena de tristeza y cada día se me hace más repugnable.

Señores representantes del Gobierno y de las FARC, no vayan a caer en lo del pastorcito mentiroso, porque esto sería bastante grave para un país que sin ser tan decidido como otros no cree en las promesas y ya se les hace ridículo lo que está sucediendo.

Ha habido momentos en que hemos cantado victoria, pero sucede como en los partidos de fútbol, como en este momento que estoy viendo el pre del partido Colombia – Venezuela y en todas las entrevistas que hacen los periodistas en la región solo se habla del gran triunfo para el combinado colombiano, y eso pasa con el proceso de paz, muchos de los que ya tenemos más de 65 años esperamos que antes de partir de este mundo terrenal, o como se llame, hayamos dejado una Colombia en paz, con un futuro mejor para nuestros hijos y para nuestros nietos; pero como están las cosas, creo que nos toca hablar de una manera espiritual diciendo que la única paz que vamos a ver es la que muy pocos llevan dentro de su corazón.

Duelen tanto las muertes de los soldados y policías, como la de los guerrilleros y todos sabemos que no estamos mintiendo cuando decimos que el gobierno Santos ha sido muy paciente y que por ataques de menos magnitud, pero siempre graves se han roto diálogos.

Mientras que desde Colombia se clamaba por mano dura por parte del Gobierno, el presidente Santos que está en Europa, se atrevió a decir que por nada suspendería los diálogos, sabemos que para él es la meta de lograrlos sea al costo que sea, pero no debe ser al costo de la sangre de los inocentes.

Y la credibilidad de las FARC se puso a temblar de mi parte, cuando se metieron a atacar a los medios de comunicación, porque periodistas como Diana Calderón dijeron sus verdades desde sus columnas o espacios periodísticos.

Mi gran verdad es, QUIERO, así en mayúsculas decir, quiero y anhelo la paz, pero también pido sinceridad de las dos partes y si lo que está sucediendo es por falta de sinceridad en los acuerdos me declararé muy triste.

Mientras que una parte de colombianos celebran la fiesta del gol por la Copa América Chile 2015 otros están despidiendo a sus seres queridos vilmente asesinados con un tiro de gracia, lo que está por fuera de los protocolos de la guerra, en donde se respeta al adversario.

Sabemos que por muchos años no se ha respetado la vida humana y que estamos demostrando que somos un país supremamente violento, pero no hay motivo por el cual no podamos estar dispuestos a cambiar, para que podamos volver a las calles, a los parques, a los centros de diversión, a las carreteras y a la zona rural en paz.

Se habla de enemigos de la paz y si hay muchos que han cogido este tema como caballito de batalla política, casi que podemos decir que los enemigos de la paz están dentro de los mismos que negocian este proceso, aunque espero y hago votos para que mis apreciaciones estén equivocadas.

Todos somos responsables de conseguir la paz y de poder mirar a nuestros hermanos a la cara, sin pena y cargos de conciencia.

Colombia no debe de seguir manchada de sangre y por eso tenemos la responsabilidad, quienes estamos en los medios de comunicación, para demostrar lo bueno que hace cada una de las personas que trabaja por el bien y el progreso y dejemos a un lado la apología del delito.

Sé que la verdad duele, y que muchos de los que están La Habana, en el Gobierno y en las montañas de Colombia, no van a estar de acuerdo con lo que estoy diciendo, pero me atrevo a arriesgarme a ser el vocero de ese pequeño grupo de colombianos que solo esperan vivir en paz y dejar un futuro a las próximas generaciones.

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