En defensa de los malos

La clave parece estar en el manejo de los tiempos y en la incapacidad de reacción. Ocurre cada día con más frecuencia en Bogotá y es consecuencia directa del miedo que consume por estos días a los ciudadanos sobretodo usuarios de Transmilenio.

Acosados de todo tipo de malandros, desde “inofensivos” ladrones de celulares, computadores portátiles o billeteras, de “simples tocadores” o depravados sexuales. Acorralados por atracadores a punta de navaja y cuchillo. Aterrados por las bandas de piratas urbanos capaces de asaltar buses y estaciones repletas de gente, los ciudadanos decidieron hacer justicia por su propia mano.

La furia ciudadana ha ido creciendo con el paso de los días y el nivel de amenaza. Al principio pusieron a rodar en Internet videos que mostraban desde lejos y de manera general el modus operandi de tocadores y “cosquilleros” como se conoce a los ladrones de billeteras en Bogotá. La idea, supongo, era advertirnos para que tomáramos las precauciones del caso.

Una semanas después esos videos ciudadanos, grabados con los mismos teléfonos que les intentaron robar, ya mostraban la cara de los ladrones incluido uno que otro insulto de ida y vuelta. La idea, vuelvo a suponer, era identificarlos para que los usuarios tomáramos distancia y las autoridades hicieran su trabajo.

Casi enseguida aparecieron en YouTube, Facebook e Instagram videos y fotos que mostraban a ladrones desesperados tratando de huir de la reacción violenta de los pasajeros. Unos días más las películas caseras mostraban al supuesto ladrón recibiendo una golpiza por parte de pasajeros motivados por una mezcla de desespero, instinto de conservación y sed de venganza.

Usted amable lector habrá notado que hasta aquí no le he contado qué decían la policía o la justicia. Es porque no reaccionaron.

La muerte de un ladrón por linchamiento era inminente. Algunos lo advertimos en columnas de opinión y en Twitter. La respuesta de las autoridades fue un tímido llamado a la ciudadanía “espere a que llegue la Policía”.

Pero la Policía nunca llega. La muerte si. Ya hay varios delincuentes muertos por linchamiento y según el general Humberto Guatibonza la Policía ha tenido que salvar a otros 600 de la furia ciudadana en lo corrido de este año.

Gracias a la inoperancia de las autoridades para prevenir y castigar el delito. Y de su incapacidad para llegar a tiempo a proteger a los ciudadanos de bien, la Policía de Bogotá ha terminado actuando en defensa de los malos. El mundo al revés pensaría mamá Zoila.

@RicardoGalanO

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