Violentos o faltos de confianza en la justicia

 

Por Rubén Darío Mejía Sánchez.–

En momentos en que se habla del famoso proceso de paz que se adelanta en La Habana entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC, hay una serie de inquietudes entre la gente de bien, sobre la inseguridad y la violencia que tienen aterrorizados a gran parte de la población.

Ya no se puede salir tranquilo a la calle, una bella mujer o un hombre elegante pueden ser los enemigos que nos asechan y que en minutos o segundos nos meten las manos a los bolsillos o a los bolsos para llevarse nuestras pertenencias y lo peor del caso es que algunos sectores de la Policía y funcionarios salen ante los medios de comunicación a decir que no ha pasado nada y que las cosas están mejorando, cuando lo que está pasando es que momento a momento se encrudece más el terror que imponen un gran número de personas que por uno u otro motivo han tenido como mejor salida actuar al margen de la ley.

Con horror nos contaba un taxista en la mañana de hoy que a varios de sus compañeros los han atracado en las noches después de las rumbas y que lo peor del caso es que los atracadores han sido muchachos, tirando a niños, y mujeres que a simple vista no demuestran ser ningún peligro para nadie.

El robo callejero, el paseo millonario, los asaltos y robos a viviendas, perpetrados por desconocidos o por las propias empleadas del servicio son el pan de cada día, y lo peor del caso es que nos toca escuchar la frasesita de batalla de las autoridades, “se está adelantando una exhaustiva investigación”, investigación que en más de una oportunidad no llega a nada y en ocasiones cuando hay delincuentes detenidos son dejados en libertad por falta de pruebas y porque no contamos con un régimen judicial que esté en capacidad de castigar las infracciones por pequeñas que sean.

Aquí recuerdo algo que decían mi abuelo y mi mamá, que quien se robaba un sacapuntas o una moneda, mañana podía asaltar un banco y es que a los padres de familia se nos ha pasado el tiempo pensando en otras cosas y no vigilando quienes son las compañías de nuestros hijos y de donde han sacado los elementos de valor con los que llegan a nuestras casas, porque no está bien que un muchacho que no trabaja tenga celulares y joyas de altos o bajos costos.

Viendo el panorama tan oscuro como el que se está viviendo en toda Colombia, sin que las autoridades puedan hacer nada y sin que nuestros legisladores tomen conciencia de hacer leyes fuertes, como una reforma a la justicia, encontramos algo que nos lleva a pensar que estamos saliendo, como decían los antiguos “de Guatemala a guatepior”, y esto porque la gente al no ver que cuenta con una justicia adecuada y que castigue a los delincuentes se les ha dado por hacer justicia por sus propias manos.

En una de sus ediciones de noticias Caracol Televisión, preguntaron en la encuesta del día si alguna vez habían querido hacer justicia por su propia mano y el 80% de los encuestados dijo que sí, lo que quiere decir que no se cree en la justicia o que seguimos siendo uno de los países más violentos del mundo.

Esto da pena y lo pone a uno a pensar cuando a sangre fría queremos cumplir con la ley del talión, que es ojo por ojo y diente por diente, cuando secuestramos inocentes solo para reprochar actuaciones de sus padres, cuando masacramos a los animales y cuando creemos que la vida fácil es la que va a dar excelentes resultados y es cuando escuchamos a padres de familia decir “póngase a trabajar que se gana más sin estudiar que habiendo estudiado” todo porque después de que un padre hace un esfuerzo de pagar una carrera profesional de cinco o seis años, el hijo sale a devengar un poco más del mínimo, mientras que una persona que simplemente sabe leer y escribir se gana tres o cuatro veces más que dicho profesional.

Lo anterior es causa de las administraciones que no trabajan en bien de la población y que no dan oportunidades para quien acaba de salir de estudiar exigiéndoles la famosa experiencia, pues recordemos que nadie nació aprendido y que todos necesitamos en un momento dado de nuestra vida la oportunidad de iniciar nuestras labores.

Muchas veces somos egoístas y no damos las oportunidades o no damos un paso al lado para dejar el espacio a quienes comienzan a andar por este duro camino de vida.

Otra de las cosas graves es que le estamos dando a los jóvenes todo de manera fácil, se están dando subsidios, comida y muchas cosas mas sin que hagan nada, porque no se les exige y estamos formando un país de limosneros olvidándonos de aquello que cuando a uno nada le cuesta no lo valora o que lo mejor es conseguir dinero de manera rápida, lo que solo se logra cayendo en la delincuencia y violando la ley.

Un gran porcentaje de colombianos no creen en el proceso de paz, primero porque perdieron la confianza en sus gobernantes y porque creen que la Guerrilla solo está tomando un aire y lo que menos le interesa es dejar las armas y no efectuar más actos terroristas. Otros porque saben que la guerra es un gran negocio, y por eso es que se habla de los enemigos de la paz y políticamente hablando eso de anunciar que se puede alcanzar la paz, no de la manera que lo está haciendo el mandatario actual sino como otros lo harían, se está convirtiendo en un aburridor caballito de batalla política para mantener el poder.

Guerra y violencia es lo que vemos a diario y creo que ya no es necesario el aviso que sale en las pantallas de nuestros televisores para anunciar la censura de una película o un programa de televisión, porque en las noticias lo que estamos entregando es violencia y en más de una oportunidad hacemos apología del delito cuando se ensañan a mostrar imágenes de hombres y mujeres asesinados, de personas agrediéndose mutuamente, de gente robándole a la otra, abusadores en los medios de transporte y en las secciones de deportes, cuando para anunciar que se jugará un partido de gran importancia entre dos equipos, se anuncia con bombos y platillos que se jugará a vida o muerte y se acabará con el contrario, y qué decir de las secciones de entretenimiento, que de entretenimiento no tienen nada, pues se han convertido en sesiones de chisme barato donde no se muestran los triunfos de los artistas sino sus equivocaciones en su vida personal.

Todo eso tiene un solo nombre, violencia, fomentamos la violencia desde el hogar, en los medios de comunicación y la desgracia humana es la que importa, porque según nos decía un colega en el medio de comunicación donde está trabajando les exigen las noticias de crónica roja y de escándalos, porque eso es lo que vende, sin interesar la degradación del ser humano.

Somos violentos los colombianos o simplemente no creemos en la justicia que nos rige? Si esto es lo que está pasando, andamos muy mal y el Gobierno Santos como cualquier gobierno está perdiendo el tiempo en el trabajo que adelantan para conseguir la verdadera paz, paz que está muy esquiva en muchos corazones de los colombianos.

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