No nos podemos volver a equivocar

Por: Eliécer Ardila.–

No nos podemos volver a equivocar. Los errores han sido reiterados. Tenemos que elegir un alcalde que conozca la ciudad. No sólo en estudios académicos o diagnósticos, en su mapa político, en sus normas, en su teoría, en su crítica, su corrupción y en la paquidermia de la administración pública para ejecutar proyectos, sino en su esencia, en sus calles. Que las haya caminado o mejor padecido en sus andenes disformes inundados de vendedores ambulantes, indigentes adictos y excrementos, o haya recorrido ciclorutas discontinuas, pavimentos lunares, vías inconclusas y trancones sin salida.

Tampoco es suficiente que conozcan las enfermedades endémicas de la burocracia Distrital, como la clientela enquistada por los honorables políticos en las diferentes entidades, los sesgos de la contratación para conseguir jugosas ganancias sin necesidad de cumplir lo que pactan, alcanzar cargos directivos medios para sus esbirros o las argucias para lograr unos contratitos intermitentes de prestación de servicios a los que ayudan en época electoral.

Necesitamos a un alcalde que haya vivido los asfixiantes tumultos de muchas de estaciones de Transmilenio en la que no se ingresa al articulado, sino que el pasajero es embutido a empellones y queda cual empaque al vacío.

Un mandatario que haya sentido en sus riñones el desborone del cemento, de la Troncal de la Autopista Norte y la Caracas, que empezó unos meses después de su inauguración. La falta de conexión adecuada de varias de sus troncales como la de Calle 26 con la 30, Calle 13 con Caracas y 30, entre otras. El trancón de articulados en los semáforos de la Caracas, en la entrada a la 30 de los provenientes de la 26 o en Escuela Militar de la 80, entre otros. Que haya esperado horas un Sitp o prefiera la ruta vieja del barrio que si pasa, pero va a desaparecer.

No es suficiente que haya estado en reuniones o eventos en los salones de la élite empresarial o política para obtener su giño, ni que sepa en qué sectores sea más importante inyectar cemento, es imprescindible que conozca las escasas entradas y salidas de la ciudad atascadas, que muchas vías inconclusas necesitan continuación, que varias glorietas se quedaron insuficientes, que muchas intercepciones necesitan puentes y que un conjunto de obras en puntos clave, desinfartaría la ciudad. Claro sin echar por la borda, la puesta en marcha de los tranvías del occidente, sur y norte, el Metro y nuevas troncales de Transmilenio, entre otras, obvio, todo integrado.

Que haya vivido la sensación de inseguridad, alimentada por una ciudad en la que proliferan los adictos indigentes, que superan ya la delincuencia habitual y que junto a las bandas, traficantes de drogas, riñas y la esquizofrenia propia de los conductores inmersos en horas de trancones sin salida, incrementan esa percepción incertidumbre. Para completar, el deficiente alumbrado público tiene la mayor parte de la ciudad en la penumbra, como cómplice perfecto de la inseguridad.

Un alcalde que haya caminado por los entornos escolares, en los que en sus calles venden droga, o en sus tiendas expenden licor y ofrecen juegos de azar y maquinitas. Que haya constatado que el Distrito brinda cobertura no calidad. Que haya estado en los alrededores del estadio El Campin pasado junto barras bravas, algunas integradas por grupos de drogadictos.

Que haya pasado por el sector Entreríos, El Fucha, El Tunjuelito, Juan Amarillo, Río Bogotá, entre otros, disfrutando del inconfundible olor a excretas sin que los esfuerzos para recuperar el medio ambiente.

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