Viviendo en el celular

Por: Ricardo Galán.–

La mudanza ha sido lenta, pero constante y segura. A medida que mejoran sus especificaciones y prestaciones va dejando más y más “víctimas” a lo largo del camino. Va modificando hábitos y comportamientos. Nos va transformando la vida. ¿Para bien o para mal? Aún no se sabe con certeza.

La primera víctima fue el teléfono fijo. ¿Se acuerdan de él? ¿Recuerdan los días en que para arrendar una oficina o una vivienda exigíamos que tuviera línea telefónica? Hoy a nadie se le ocurre que necesite una. Para eso está el celular.

Casi al mismo tiempo ocurrió una paradoja, se popularizó la fotografía, pero empezó la decadencia de la cámara fotográfica. Ahora todos nos creemos fotógrafos porque nos podemos desaprovechar la cámara del celular.

De manera discreta desaparecieron las agendas de citas y los directorios telefónicos. En realidad el computador ya los había relegado al cajón de escritorio de las personas mayores, pero el celular les dio la estocada final. A las cartas las devoró el correo electrónico y este avisora el fin de sus días por cuenta del chat. Ahora tenemos WhatsApp.

Artefactos y objetos como los mapas, la calculadora, la linterna, el radio, los equipos de sonido, el VHS, el DVD, el CD, el despertador, la grabadora, el fax, la fotocopiadora, las tarjetas débito y crédito y los pasajes aéreos ya son o están a punto de ingresar a la categoría pieza de museo. Fueron reemplazados por el celular.

El reloj y el televisor sobreviven gracias a que se pueden conectar con el celular para amplificar su omnipresencia en nuestro día a día. De otro modo ya hubieran desaparecido. Como parece le ocurrirá a las tabletas y al computador portátil y de escritorio porque ya casi todo lo queremos, y podemos, hacer en el celular.

De manera lenta o vertiginosa según se mire, nos pasamos a vivir al celular y apenas nos damos cuenta. El celular no sólo ha sustituido a otros dispositivos. También ha modificado hábitos y costumbres de los seres humanos. Oficios y profesiones. Empieza a desplazar personas.

El control de la salud y las dietas, por ejemplo, se puede hacer desde el celular. César Caballero, gerente de la encuestadora Cifras & Conceptos, presume de haber bajado más de 15 kilos de peso gracias al control que lleva de su dieta y ejercicio con una aplicación de su Samsung Galaxy.

El último iPhone trae Salud, una aplicación que nos permite controlar en tiempo real nuestras frecuencias cardiaca y respiratoria, la temperatura corporal y la tensión arterial. Además de informarnos cuanto dormimos, caminamos, subimos escaleras o comimos con un gráfico de gran diseño y fácil de entender.

La manera como nos comunicamos es quizá en dónde más se notan los cambios de hábito a que nos ha inducido el celular. Una compañera de trabajo, Marcela Mosquera lo explica en una frase: “El celular nos acerca a quienes están lejos, pero nos aleja de quienes tenemos al lado.”

Se refiere a aplicaciones como Skype o WhatsApp que nos facilitan hablar con amigos o parientes que están al otro lado del planeta, pero que, por su uso casi adictivo nos alejan de quienes tenemos al frente. ¿No nos creen? Levanten por un momento sus miradas de las pantallas de sus celulares, miren a su alrededor y comprobarán que ya no hablamos. Ahora chateamos.

Hace unos días ocurrió en la oficina que por lo menos cinco personas sostuvimos una discusión por WhatsApp sobre las diferentes alternativas de solucionar un problema. La conversación duró más o menos 45 minutos al final de los cuales nos dimos cuenta de que todos estábamos en la misma casa. La buena noticia fue que nos ahorramos un Comité. La mala que dejamos de dialogar mirándonos a la cara.

Me atrevo a pronosticar que las próximas generaciones de humanos vendrán con grandes mutaciones por cuenta del celular. Las más notorias serán dos: un dedo pulgar más largo que los demás terminado en punta para que podamos escribir a altas velocidades y un tercer ojo un poco más arriba de la frente para que podamos caminar y chatear al mismo tiempo sin riesgo de tropezar o caer.

Tranquilos, eso no lo veremos pasado mañana. Será un proceso lento, pero inexorable que se inició el día cuando decidimos pasarnos a vivir en el celular.

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