La paz sin colores políticos

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez
Quizá una de las cosas que hace pensar es que el odio corroe y que mientras que el hombre no tenga una conciencia tranquila y limpia no va a saber perdonar y se va a sostener en vivir en medio de la carroña del odio y de la muerte y eso es lo que está pasando en Colombia, donde en vez de decir bienvenida la paz, le damos la bienvenida a la guerra como si fuera lo que nos mereciéramos los que vivimos en este bello país.

Se nos olvida que la paz no tiene color político, que la paz no pertenece a una sola persona, que la paz nos pertenece a todos sin distingo de razas, religiones o pensamientos políticos.

Antes de escribir esta columna, escuchaba el discurso desde el Salón de la Independencia de Filadelfia, del papa Francisco, quien al realzar el sitio donde se encontraba recordó la importancia de la libertad, una libertad que tiene que ver con asuntos religiosos y políticos, una libertad de la que los hombres no debemos renunciar, porque, como decía el líder de la iglesia Católica en un discurso sin matices políticos, debemos de luchar porque se nos respeten esos derechos y evitar a los Jefes de Estado, políticos y personas que quieran mantenernos bajo su yugo, sin buscar el bien común sino siempre buscando partido de la guerra.

Francisco habló para el mundo, para los norteamericanos y para los sordos colombianos, los que no quieren oír, los que no quieren sentir y los que quieren manipular la política del país y mantenerla en un verdadero caos.

Sentí tristeza al leer algo el día jueves de un dirigente político que asistió a una misa católica y se salió del lugar, por el solo hecho de no compartir el saludo de la paz, una parte del rito católico que va después de la consagración y antes de finalizar la eucaristía, me da pena porque sin partido religioso, quien rechace en dar un saludo de amistad o de paz es que tiene muy enferma su alma de rencor.

Ver las encuestas, en un país de encuestas como es Colombia, que hacen encuestas hasta si la gente come aguacate o no, sobre el proceso de paz da mucho que pensar, la gente está mal informada o viven felices en la guerra y se puede creer que sí, porque no se despegan de los telenoticieros, como lo que pudimos ver este sábado en uno de ellos en donde mostraban como los hinchas de un equipo asesinaban a otro de otro equipo y lo peor del caso es que repetían las imágenes cuando el sicario apuñalaba a su víctima.

Uno no entiende que en esas encuestas más del 50% no crea en el proceso de paz y simplemente porque no ha leído, porque no se ha informado y porque como dice el dicho, “no hay más sordo que el que no quiere oír” y por ese grupo de personas de la política de los cuales no entendemos sus intereses, quieren tergiversar todo y dejar en ridículo el trabajo hecho por el Gobierno y los negociadores en un proceso de paz serio y responsable que comienza a dar resultados, en donde lo que se ha planteado dice que no va a haber impunidad y olvidan que cuando se hacen esta clase de negociaciones, una de las partes o las dos deben de estar de acuerdo para ceder en asuntos de cada una, sin considerarse que perdieron, para lograr algo hay que saber arriesgar algo y no que todo se le dé gratis, sino sacrificando cosas que creemos que no tienen valor.

Después de escribir y publicar la noticia de lo logrado en La Habana, una señora mes escribía y me decía que era un periodista vendido al Gobierno, porque no pensaba en las víctimas, y que estaba de acuerdo con las mentiras de La Habana, a lo que le respondí que no tengo que ver nada con el Gobierno, que nuestra agencia de noticias no recibe auxilios oficiales y que también tengo mis dudas pero que trato de creer más en lo positivo que en lo negativo; también me decía la señora que yo no sabía lo que era ser víctima para lo que le recordé que mi madre fue víctima de la violencia de las FARC y yo mismo al soportar el secuestro, pero eso no me da derecho a atacar lo que se está haciendo bien, sino que me invita a desear lo mejor, y esperar un futuro en donde pueda hacer la noticia más grande que haya hecho como periodista y es anunciarle al mundo que Colombia logró la paz.

Qué bueno sería que amáramos de verdad a Colombia, que no hubiera enfrentamientos y que los tintes políticos quedaran alejados totalmente de lo que es el Proceso de Paz y olvidáramos el fanatismo y que aprendiéramos del papa Francisco que ha sido uno de los personajes que ha estado de acuerdo en su intervención y en sus mensajes de la necesidad de paz para Colombia y la Región, que bueno fuera que los que se creen dueños del poder pensaran de manera diferente y dejaran trabajar al Gobierno, que no descalificaran todo, que no se dedicaran a desinformar (para lo que cuentan con medios de comunicación), sino que sus capacidades fueran puestas al servicio del país, no quiero decir nombres, pero creo que entre líneas los lectores se darán cuenta de quienes estoy hablando.

Qué bueno que dentro de seis meses nos demos cuenta que quienes utilizaron el Proceso de Paz para fines políticos estaban fuera de foco y quienes con el odio lleno en el corazón reaccionaran y trataran mejor de atacar sus vanidades y ceder para que esa guerra que nos carcome, como dijo el papa Francisco saliera de nuestras vidas.

En seis meses sabemos si lo que esperamos es verdad, pero también sabremos si estamos hechos para acabarnos unos a los otros, la mala reputación, la mala prensa, lo malo de Colombia lo divulgamos nosotros mismos y mientras que el mundo y la comunidad internacional se alegró y felicitó al Gobierno Colombiano por los logros alcanzados, muchos dizque colombianos han puesto caras largas y han comentado las cosas a su manera, sabiendo que como líderes políticos o sociales están es para orientar y no desorientar a la ciudadanía.

No entiendo que pasa con los medios de comunicación, en vez de invitar a los programas a las personas que puedan informar y orientar sobre lo acordado en La Habana, invitan a los mal llamados de la oposición para que destruyan todo, demostrando que somos felices dándole cabida al amarillismo.

Pero de verdad que se puede esperar cuando las buenas noticias no se dan a conocer, cuando los noticieros tienen que ser llenos de violencia, cuando hasta en las noticias deportivas lo que as se destaca es la desgracia en la que cae un deportista y no sus triunfos y en los llamados programas de entretenimiento se dedican a denigrar de la vida de las personas, e n veza de darse cuenta de los logros alcanzados por estos en los campos profesionales en los que se encuentran.

Como veo las cosas las veo mal, los colombianos no queremos la paz, porque hay muchos que parece que estuvieran inmersos en la carrera de la muerte, porque para muchos es de gran ganancia la desgracia de los demás y no la felicidad de quienes por ejemplo viven en el campo, porque muchas veces cuando se vive en la ciudad se aprende a convivir con la violencia, mientras que el campesino es la verdadera víctima de lo que hace un grupo de desadaptados.

Hay que tomar las cosas sin partido, con seriedad, no denigrando y muchas veces nos damos cuenta que los grandes logros no son destacados pero si las caídas y las miserias humanas y a pesar de lo que digan los desinformados, los que siguen a los que quieren la guerra, yo quiero la paz e invito a que desarmen los corazones, porque mientras que haya ese odio que corroe no iremos a poder respaldar nada que sea positivo

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