Las grietas de los jefes

Por: Esteban Jaramillo Osorio

Tendencia es que  algunos entrenadores regañen a los periodistas en público, al mejor estilo Mourinho, cuando las preguntas que se plantean, ponen  en aprietos su preparado discurso.

“¿Usted qué partido vio?”, se decía en la época de “Bolillo”, cuando la interrogante no satisfacía sus deseos de explicación. Común era la respuesta también de Javier Álvarez, en su nefasto paso por la selección nacional.

Recientemente, a Hernán Peláez, representativo como pocos del periodismo con calidad, Pekerman, con  sonrisa forzada, le desautorizo en rueda de prensa,  al requerir de él dos simples explicaciones sobre la actualidad de la selección.  Lo propio ocurrió el mismo día, con dos representantes serios y reconocidos de la crónica deportiva nacional.

No son marcianos los periodistas cuando consultan, si parte del trabajo del entrenador es comparecer ante ellos. Ver, en la sala de prensa, “un grupo de idiotas”, o “un pelotón de fusilamiento”, es la consecuencia del desenfreno no controlado del entrenador de turno, que se deduce de una mala presentación de su equipo. Por insidiosa que sea la pregunta planteada, no merece su autor, una descortesía en la respuesta.

Nunca es responsable el periodista, por impreparado que este,  de la discreta presentación de un club, o de su baja en rendimiento y en sus resultados.

El pasado fin de semana el turno correspondió a Pelusso, indignado, quizás, porque  la crónica capitalina entendió más que él la desafortunada actuación de Santa Fe. Se incomodó en extremo ante una simple pregunta sobre el rendimiento del plantel alternativo. Sabía Pelusso la nómina que recibía cuando acepto el reto de dirigirla. Es, además, el responsable de potenciar  el rendimiento de su equipo, situación que se la ha  salido de las manos, incapaz de solucionar la ausencia de Omar Pérez. Sus fórmulas no han calado y desde la salida por lesión del argentino, Santa Fe tomo otros rumbos. Respeto en el trato merecen todos: periodistas y entrenadores, algo  que parece imposible.

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