Amenazan al periodista y columnista Pascual Gaviria

  • El comunicador de la cadena Caracol Radio en Medellín y columnista del diario El Espectador  explicó el hecho en una columna periodística.

BOGOTA, 07 de Octubre_ RAM_  El periodista Pascual Gaviria denunció mediante una columna periodística haber recibido amenazas de muerte en su contra.

El periodista, Pascual Gaviria, denunció que en las últimas horas recibió llamadas en las que lo amenazan de muerte al parecer por sus comentarios sobre el ambiente electoral ante los comicios locales y regionales del próximo 25 de octubre.

El periodista Pascual Gaviria, que colabora con el programa radial La Luciérnaga y es columnista de opinión del diario El Espectador, reveló que un día después de haber salido de vacaciones, un individuo llamó preguntando por el comunicador y al recibir respuesta de su ausencia manifestó que lo mejor que podía hacer por su vida, era quedarse en donde estaba.

“En mi primer día de vacaciones llamaron a la recepción de Caracol Medellín durante la última hora de La Luciérnaga.

Preguntaron que dónde estaba, parece que me extrañan, y cuando oyeron la palabra vacaciones soltaron una frase que no vale la pena repetir. Con el lenguaje de los pillos dijeron que mejor me quedara por allá y recalcaron que iban muy en serio”.

Se indaga que las amenazas pueden ser con motivo a que hace unos días, el columnista Gaviria ganó la batalla jurídica contra Luis Pérez, candidato a la Gobernación de Antioquia y exalcalde de Medellín.

Gaviria escribió una columna en el diario El Espectador en julio pasado en la que cuestionó la gestión de Luis Pérez como alcalde y criticó su candidatura. Además, señaló en su columna que “el aspirante se alió con paramilitares en la campaña electoral de 2007”.

El director del diario El Espectador, Fidel Cano, dio a conocer la resolución del fallo de tutela. En su cuenta de Twitter, Cano manifestó que la “libertad de opinar salva otro obstáculo”.

A poco más de 15 días de las elecciones regionales Pascual Gaviria ha hecho un minucioso análisis de las movidas políticas con fines electorales que se han hecho en Antioquia, lo cual lo ha hecho ficha de amenazas para callar sus opiniones y columnas.

Los hechos, cuenta Gaviria, se realizaron vía telefónica en las instalaciones de Caracol Radio en Medellín, cuando estaba de vacaciones.

“En mi primer día de vacaciones llamaron a la recepción de Caracol Medellín. Preguntaron que dónde estaba, y cuando oyeron la palabra vacaciones soltaron una frase que no vale la pena repetir. Con el lenguaje de los pillos dijeron que mejor me quedara por allá y recalcaron que iban muy en serio”, cita el periodista en su columna.

“La llamada vino de un teléfono público cerca de Caracol en Medellín. Una seña más para la intimidación: ‘Desde aquí lo estamos mirando'”, agregó Gaviria.

El periodista también indicó que en las últimas semanas había escrito sobre “temas sensibles” como el proceso de paz o la temporada electoral que se vive en la ciudad, lo que puede tensar el ambiente político “hasta el borde de la agresión física”.

Tras conocerse las denuncias realizadas, diferentes medios y personas se solidarizaron por redes sociales exigiendo respeto para la libertad de prensa.

Una amenaza

Sólo una vez en mi vida me habían amenazado de muerte.

Por: Pascual Gaviria

Fue un ladrón con la cara acechante de los bazuqueros. De manera franca, se arrimó a la ventanilla del carro donde esperaba a un amigo y me pidió las llaves apuntándome con una pistola. El temor me hizo acelerar, en un desplante que fue sobre todo un acto de cobardía. Su reacción fue un disparo que quedó instalado como un quemón en el tablero del carro, cerca al radio.

Hace unos días me enteré de una segunda amenaza de muerte. Esta vez llegó como un mensaje taimado, anónimo, cobarde como acostumbran los asesinos en este país de terrores íntimos y públicos. Me lo contó un amigo por teléfono, sin rodeos, con el desparpajo y la franqueza de las conversaciones de todos los días. No puedo negar que me recorrió un escalofrío que no conocía. Un temor seco ante el que no quedan muchas respuestas.

En mi primer día de vacaciones llamaron a la recepción de Caracol Medellín durante la última hora de La Luciérnaga. Preguntaron que dónde estaba —parece que me extrañan— y cuando oyeron la palabra vacaciones soltaron una frase que no vale la pena repetir. Con el lenguaje de los pillos dijeron que mejor me quedara por allá y recalcaron que iban muy en serio. Como hacen los fantoches y los asesinos. Es una tristeza que sea tan difícil diferenciar a los unos de los otros. La llamada vino de un teléfono público cerca de Caracol en Medellín. Una seña más para la intimidación: “Desde aquí lo estamos mirando”.

El tema de la paz genera en Colombia polarización, gritos e insultos. Aviva el fuego de un conflicto que se ha mantenido en brazas durante décadas. Pero según creo nos hemos acostumbrado a dar esa pelea de una manera equívoca, histérica en ocasiones, pero alejada de la violencia. Al menos en las ciudades donde el conflicto es una sombra, un duelo ideológico, un recuerdo macabro. He defendido el proceso de paz pensando en una balanza entre la justicia que merecen las víctimas del pasado versus la esperanza de que disminuyan las víctimas del futuro.

En cambio las elecciones regionales siempre tensan el ambiente político hasta el borde de la agresión física. Aquí se juegan poderes y dineros ciertos, odios que se hacen palpables en los balances privados y en las sillas públicas. Ya no se trata de una pugna entre ideas o partidos, sino muchas veces de un riña entre facciones, de un temor de los “amos” electorales, de la rabia de algunos ilegales que viven cerca al poder regional y se recuestan y se untan.

En las últimas semanas he hablado de algunos temas sensibles en el ambiente electoral en la ciudad donde vivo. La Universidad Medellín como un fortín político que presiona a sus estudiantes, profesores y trabajadores a sumarse a las causas de quienes se sienten sus dueños desde hace cerca de dos décadas. Un abuso que se convirtió en práctica cotidiana y que insulta el ámbito académico, donde la autonomía individual debe ser sagrada. La presencia de la política como microempresa de intereses privados, en algunos casos muy cercana a estructuras ilegales, que desde Bello e Itagüí amplia cada vez más su importancia en Medellín y Antioquia. Y un recorderis de las conocidas pifias de Luis Pérez como alcalde de Medellín, amén de sus mentiras y su oportunismo como candidato oscuro y perenne. No los puedo señalar como culpables de un hecho que ya investiga la Fiscalía, pero no puedo dejar de mencionar mis intuiciones de recién amenazado. No soy bueno para los duelos ni soy ejemplo de valentía, pero soy malo para el silencio por obligación.

Comunicado de prensa de la Alcaldía de Medellín

En relación con las amenazas en contra del abogado y periodista Pascual Gaviria Uribe, la Alcaldía de Medellín informa que:

En defensa y protección de la vida, rechaza contundentemente las amenazas contra el señor Pascual Gaviria Uribe y contra toda manifestación de violencia que atente contra la libertad de prensa o contra la integridad personal de cualquier ciudadano.

Tuvo conocimiento de estas amenazas por comunicación telefónica recibida de parte de directivos de la Cadena Radial Caracol, y a través de la Secretaría de Seguridad orientó a estos directivos para que se instaurara la respectiva denuncia penal.

Inmediatamente se conoció esta información, se le solicitó a la Policía Metropolitana adelantar las actuaciones preventivas para garantizar la protección de la vida de Pascual Gaviria Uribe.

A la Unidad Nacional de Protección del Ministerio del interior le corresponde hacer la respectiva valoración y definir las medidas finales que se adoptarán en este caso para garantizar la protección de la vida de Pascual Gaviria Uribe y la libertad de prensa.

Solicita a la Fiscalía General de la Nación celeridad en la investigación de este caso.

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