¡Las campanas del olvido!

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

Noviembre 6 y 13 de 1.985, son fechas trágicas para el Mundo, con solo ocho días de intervalo, Colombia se estremeció de dolor y de angustia, fechas que jamás podremos echar al olvido.

Nos debemos inclinar permanentemente ante el mausoleo de los miles y miles de mártires de estas dos fechas aciagas, que llevan el sello de la desidia y la ignominia, puesto que para ambos casos, fueron varios los campanazos de alerta que se dieron, pero, ante la insensibilidad del Estado incapaz por salvaguardar la vida y la honra de sus ciudadanos, el gobierno prefirió el silencio y esperar que tan nefastas tragedias ocurrieran.

Lamentablemente todo sucedió, serán dos estrellas negras, que perdurarán para la historia de la humanidad, que muy seguramente los estudiosos de las tragedias y problemáticas sociales profundizarán en sus evaluaciones, con el fin de sacar nefastas conclusiones y ponerlas de ejemplo a presentes y futuras generaciones, donde nuestra Colombia, siempre será el epicentro de semejantes desgracias, puesto que fue en el santuario de las leyes, y en la bella y laboriosa ciudad blanca –  Armero  -Tolima, donde ocurrieron los hechos.   

Por eso, ante tan dolorosos acontecimientos y en aras de esclarecer la verdad, las campanas de nuestra conciencia jamás deberán silenciarse, antes por el contrario día a día deberán tañer para invocar a nuestras víctimas que perecieron bajo el yugo de la ignominia de un Estado cruel acostumbrado a celebrar aniversarios, para de esta forma mitigar un poco el dolor de sus deudos, cuando en honor a la verdad, tiene por delante mucho que aclarar ante la Corte Penal Internacional, donde sus familiares con justificada razón tendrán que acudir para que sean resarcidas en sus derechos morales y materiales.

Es imposible ignorar estas dos fechas que dejaron en el alma nacional un halito de destrucción de dolor y de tragedia, al recordarlas nos viene a la memoria el pavoroso incendio del Palacio de Justicia, tomado a sangre y fuego por guerrilleros del M19, donde murieron además de 11 magistrados, gran cantidad de civiles, que a esa hora se encontraban cumpliendo diligencias judiciales; después de treinta años las responsabilidades aún continúan en la mirada de la justicia con el fin de ubicar a los verdaderos responsables de semejante masacre, que no tiene ningún sentido, ni razón de ser, puesto que los mismos dirigentes del movimiento guerrillero, M19, después de tanto tiempo, aun no entienden el porqué de esta locura, ni cuales fueron los móviles que  llevaron a varios de sus miembros a enfrentarse con la Fuerza Pública en el Palacio de las Leyes.

El Palacio de Justicia continuará ardiendo, hasta no dar con todos los responsables comprometidos en claras violaciones a los más elementales derechos humanos, puesto que varios de los rescatados por el mismo ejército y llevados a la Casa del Florero con vida, sufrieron terribles torturas, o este es el momento en que aún muchos se encuentran desaparecidos.

Todo parece indicar que hubo excesos de parte y parte, por consiguiente, la Fiscalía ha resuelto abrir nuevamente los expedientes de los actores de la masacre con el fin de aclarar tantas dudas que están surgiendo y que de no ser esclarecidas, muy seguramente cogerán la instancia de los Organismos Internacionales, para que se investigue lo que realmente ocurrió, por tratarse de delitos de lesa humanidad.

El episodio del Palacio de Justicia, continuará siendo un fantasma que estará rondando la conciencia de todos los Colombianos, puesto que además de hecho tan dramático, quienes han sido el reemplazo de los magistrados masacrados, no han brillado con la honestidad y la grandeza que debe ser, puesto que se han presentado casos tan denigrantes, que en lugar de honrar a sus mártires con la honestidad y la pulcritud que los debe caracterizar en el cumplimiento de sus deber, han sido inferiores en el cumplimiento de este precepto, por casos de corrupción plenamente comprobados.

En cuanto a la catástrofe de Armero que sepultó más a de 25.000 compatriotas, también fue una catástrofe anunciada, basta con escuchar el debate en la Cámara de Representantes de la época, de Humberto Arango Monedero, que mediante una intervención sustentada por los expertos en la materia, alertó al País, sobre lo que iba a suceder; en la misma forma lo hizo el Alcalde de Armero, que puso en conocimiento del gobernador de la época lo que se veía venir, pero este muérgano funcionario, prefirió seguir jugando un chico de billar, antes que pararle bolas a asunto tan delicado.

Pero lo más vergonzoso con la tragedia de Armero, falta por investigar: fueron miles y miles los funcionarios corruptos que se enriquecieron pescando en río revuelto, se tiene información de ayudas internacionales que llegaron a los centros de recepción de la catástrofe, pero jamás a poder los damnificados, el mundo entero se volcó sobre Colombia, y fueron miles y miles las toneladas de alimentos y de ayudas en dinero que se recibieron, para jamás cumplieron su función social, muchas fueron a parar a manos de  pillos y ladrones camuflados en el Estado como redentores de nobles causas. 

Valdría la pena que el señor Fiscal, en lugar de estar casando brujas con lo del M19, abriera una investigación sobre las ayudas que hicieron los gobiernos extranjeros con la catástrofe de armero, y empiece a dar con los responsables, que hoy en día amasan inmensas fortunas a costa de semejante tragedia.    

Cada año durante estas dos fechas, seguiremos escuchando el tañer de las campanas para convocarnos nuevamente a actos de reflexión, para así homenajear y honrar la memoria de quienes perecieron en tan trágicos acontecimientos, que después de treinta años continúan lacerando el alma nacional, pero lamentablemente con serias responsabilidades por parte del Estado.

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