‘Las consecuencias políticas de la paz’

 Por: Jorge Bustamante R

Titulo el artículo con comillas para hacer una yuxtaposición con el nombre del libro de J. M. Keynes Las consecuencias económicas de la paz, en el cual criticó y se opuso radicalmente a las condiciones del Tratado de Versalles (1919), impuesto a los alemanes con motivo de la finalización de la Primera Guerra Mundial. Allí sostuvo que la incapacidad de pagar la deuda de la guerra por los alemanes sería una amenaza para la paz europea. Y lo que advirtió sucedió con la Segunda Guerra Mundial, a un costo inconmensurablemente más grande.

Mientras Clemenceau, al firmarlo, exclamó de manera prepotente: “Este es un bello día”, el Congreso norteamericano se negó a aceptar el tratado, pues entendió que era totalmente improcedente e inviable. Keynes, como uno de los delegados de Gran Bretaña, renunció. Por su parte, el canciller alemán, Philipp Scheidemann, y su Minexterior lo firmaron, pero se negaron a asumir la responsabilidad de lo acordado.

Algo similar sucede con la negociación de la paz con las Farc. El Gobierno, al parecer, no está midiendo las consecuencias políticas del acuerdo, por las innumerables concesiones que está otorgando por su obsesión de firmarlo a como dé lugar. Y la guerrilla tampoco está consciente de que se le está yendo la mano. ¿Se podrá cumplir lo pactado? En política, y en particular en un caso tan complejo como el colombiano, no necesariamente se aplica la máxima “es mejor un mal arreglo que un buen pleito”. Estamos de acuerdo con una negociación de paz, pero las concesiones conocidas hasta ahora generarían más inestabilidad que la que hay.

La negociación vulnera la ya endeble Constitución y debilita la frágil institucionalidad del país. El Tribunal Especial de Paz arrasa con la Rama Judicial. Los guerrilleros podrán aceptar o vetar los nombramientos de sus propios jueces. Pulveriza la Rama Legislativa, porque quedan parlamentarios de primera categoría (comisiones primeras de Senado y Cámara) y de segunda (las plenarias), que ratificarían o negarían, sin discusión ni modificaciones, lo acordado en las comisiones mencionadas, con cuatro debates constitucionales menos. Se refrendaría una ley habilitante con poderes extraordinarios para el Presidente, quien sustituiría al Congreso, para instrumentar lo acordado.

Se impulsa un plebiscito espurio, que desconoce el mandato constitucional del pueblo, otorgado a los congresistas con casi 12 millones de votos, mientras que con solo 4,4 millones pretende legitimar el acuerdo de paz. Así se discuta durante un mes su contenido, este acuerdo, con más de 200 páginas, es desconocido, y su alcance político es complejo de entender y asimilar. Además, no hay capacidad de discernimiento: se aprueba o se rechaza.

Este plebiscito no es necesario, porque la ley habilita al Presidente para firmar el acuerdo de paz, sin refrendación alguna, además de haber obtenido un mandato expreso para hacerlo. Las Farc no lo aceptan, pues piden una asamblea constituyente, y lo más grave es que con él se pretenda evadir la responsabilidad, para bien o para mal, de sus consecuencias políticas, al querer que el pueblo la asuma con su refrendación.

En medio de las concesiones otorgadas a las Farc, la coyuntura es aún más compleja, pues existen elementos de incertidumbre externos, como la situación de Venezuela. Maduro y su grupo manifiestan que no van a entregar el poder, posición que las Farc apoyarían, mientras que Colombia apoyaría la institucionalidad, que encabeza hoy la oposición. Una vez empoderadas las Farc, ¿cómo sería el grado de afectación de una eventual confrontación allí, y la de los ‘paraestados’ que están en la frontera, sobre nuestro endeble equilibrio?

En conclusión, el impacto de las consecuencias políticas de las concesiones en el acuerdo, que sería el remedio, puede ser peor que la enfermedad.

JORGE BUSTAMANTE R.

  Share: