Monserrate

Monserrate es uno de los símbolos de Bogotá. Es uno de los sitios más visitados por turistas propios y extraños. En él confluyen el turismo, el deporte y la fe. Monserrate ha sido siempre motivo de orgullo bogotano por los milagros que le atribuyen al Señor Caído, Santo al que está consagrada la iglesia que lo corona. Por el teleférico y el funicular sistemas de transporte que alguna vez fueron los más modernos de América.

Subir a pie o de rodillas a Monserrate durante nueve domingos consecutivos es una promesa que hacen los creyentes en busca de trabajo, salud o la solución de algún problema. Pudo ser la consigna de una madre para que su hijo abandonara la droga y la calle.

Monserrate está vedado para las parejas de novios. Si suben juntos jamás se casarán, dice la leyenda. “El que en Bogotá no ha ido con su novia a Monserrate no sabe lo que es canela, ni tamal con chocolate” dice una vieja canción que la contradice.

Monserrate es junto al de Guadalupe, uno de los cerros hacia los que miramos felices los bogotanos cuando regresamos después de un largo viaje o permanencia fuera de Bogotá. Apenas verlos sentimos que estamos en casa.

Monserrate es la guía para orientarnos en Bogotá. Para saber hacia donde quedan el Norte y el Sur. Para pronosticar si tendremos un día de lluvia o de sol.

A Monserrate lo llamamos cerro tutelar de Bogotá porque su presencia, imponente, nos transmite protección. Seguridad. Su presencia nos hacia sentir tranquilos.

O nos hacía sentir tranquilos hasta que apareció un asesino en serie al que los medios bautizaron como el “Monstruo de Monserrate” y lo convirtió en la fosa común en que sepultó a un número indeterminado de sus víctimas sin que los millones de bogotanos que todos los días miramos hacia el cerro nos dieramos cuenta.

A partir de ahora Monserrate será también el símbolo de la indiferencia con la que en Bogotá, gobernantes y gobernados tratamos a quienes hemos dado en denominar como “habitantes de calle”. Personas. Seres humanos. Hombres y mujeres miserables y adictos que pueden asesinar o ser asesinados durante meses y años sin que nadie se de cuenta.

Sin que a nadie parezca importarle.

Monserrate.

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