¡Colombia se está venezonalizando!

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

Con el deterioro de los tres poderes públicos, la venta de Isagen, la inseguridad, el pírrico aumento del salario mínimo, la escalada alcista y la cascada de impuestos, podemos decir sin lugar a equívocos, que vamos rumbo a la  venezonalización. 

Es todo un absurdo que el presidente Santos haciendo alarde de sospechosa prepotencia, pretenda vender a Isagen, aun solo postor, pero, lo más grave desafiando el querer y la voluntad del pueblo colombiano, que ven con horror cómo en plena época de sequía cuando la crisis energética nos acosa, se quiera pagar el incendio con gasolina. ¿Qué se esconde detrás de todo esto?    

Como lo expresamos en nuestra columna del 30 de diciembre de 2015, el 2016 será año crucial para Colombia, considero que no nos hemos equivocado, puesto que con el proceso de paz, que si bien va avanzando con paso firme, vendrá la etapa del plebiscito o del referendo, mecanismos de participación ciudadana que lo refrendarán; posteriormente será la etapa postconflicto considerada la más álgida, puesto que es nada más y nada menos que el sostenimiento del acuerdo de paz ya firmado y en plena vigencia.

Pero hay además otro aspecto preocupante, y es el fenómeno del niño, que ya nos está haciendo mella, lamentablemente fueron muchos los anuncios hechos por el Ideam, y demás organismos nacionales e internaciones para que se tomaran las medidas necesarias, pero se hizo caso omiso con las graves consecuencias a la vista, puesto que los pontífices del agro que son expertos en hablar estupideces, nada dijeron, ni nada propusieron, toda vez que son hábiles en escurrir el bulto al momento de asumir responsabilidades.

La escases de productos originarios del agro, que surten la canasta familiar ha podido evitarse, si se hubiese acudido a los procesos de valores agregados e industrializados, con el fin de haberlos almacenado para esta época de sequía, que según pronósticos se extenderá hasta mediados de año, el ministerio de agricultura y Desarrollo Rural, tiene mucha responsabilidad en esta debacle, puesto que lo vimos   dando alardes de tranquilidad.

Con todo este panorama desalentador encima, son muchas las empresas que están pensando seriamente en ser liquidadas, con la consecuente ola de generación de desempleo especialmente en las principales ciudades del País, y en sector rural, total que si queremos derrotar el fantasma de las dificultades, se hace indispensable que el señor Presidente modere un poco los cantos de sirena, aterrice en la realidad y proponga fórmulas salvadoras con fundamento en los recursos humanos frente a los diferentes procesos de desarrollo, que en todos los municipios y veredas del País claman por ser utilizados, pero que lamentablemente la burocracia oficial, ni los ve, ni los oye, ni los entiende.

Los costos de la paz no se le pueden trasladar a los gobernados señor Presidente, que es lo que usted pretende hacer con las escaladas alcistas para financiar el postconflicto, y de esa manera estrangular con más impuestos al pueblo colombiano, que no tiene la culpa de lo que pasa en las altas esferas del poder; cuando los principios democráticos se negocian para conseguir la paz con la guerrilla de las Farc, que si bien requiere del sacrificio de todos, no nos podemos convertir en su caballito de batalla permanente, y en el cien por ciento de las soluciones económicas.

Hay que guardar las justas proporciones de las responsabilidad en el conflicto armado con quienes han sido sus actores por acción o por omisión,  que lleva más de sesenta años, y que si bien la paz es el anhelo de todos los colombianos, debemos tener la mente más abierta frente a los inmensos recursos humanos y naturales, que justamente están ahí en la antesala del proceso de paz, pero, que lamentablemente a la fecha no se han visto, mucho menos evaluados y estructurados, para convertirlos en proyectos productivos postconflcito.

Es que la burocracia discursera y politiquera, ya empieza a recorrer el país hablando poética y folclóricamente del proceso de paz, pero sin ninguna coherencia válida que soporte sus invitaciones ante la opinión ´pública nacional e internacional, que por así decirlo, tiene todo un adecuado escenario nada difícil de entender, pero que guardadas proporciones de las regiones en donde se van a concentrar los desmovilizados, son susceptibles de manejarlos y explotarlos económicamente para beneficio de las partes y sobre todo del País en general.   

La transición de un cambio de esquema de gobierno, es paso tan delicado, que fue el mismo proceso que utilizó el extinto presidente Chávez, heredado por Nicolás Maduro, que no supo discernir entre la responsabilidad social y la responsabilidad política, echando todo a un mismo costal, que con el correr de los tiempos se le fue convirtiendo en una olla de alta presión, cuyas primeras evaporaciones apenas empezaron a descongestionarla el pasado 6 de diciembre con la elección de 112 disputados de la oposición, de los 167 en que está conformada la asamblea nacional.

Es apenas obvio que aportemos un mínimo de nuestras capacidades para contribuir con el proceso de paz, pero pretender venezonalizar el país para lograrlo, es generar otra guerra entre sus mismos gobernados, que en los actuales momentos ven con horror cómo el paso que vamos a dar, se está pareciendo al hermano país y al ya casi derrotado presidente de Venezuela Nicolas Maduro.

Apenas estamos despegando en el 2016, y ya existe pánico colectivo: primero por el aumento tan pírrico del salario mínimo, que se hizo sin guardar la más justas proporciones   de equidad y de justicia social, que destacados analistas entre ellos el doctor José Gregorio Hernández, ex magistrado y ex presidente de la Corte Constitucional, lo consideran desde todo punto de vista todo un atropello contra la clase trabajadora del País y susceptible de ser demandado ante la Corte Constitucional.

Como si fuera poco, se está viniendo toda una escalada alcista, partiendo de los abusos de poder, al querer convertir el 4X1000 en permanente y aumentar el IVA, del 16 al 19%, para productos básicos de la canasta familiar y útiles escolares, que en ese orden de ideas terminaremos el 2016, con alarmantes cifras de desempleo y gran deserción de la población estudiantil.

Si el gobierno no corrige semejantes desatinos terminaremos el 2016: con doña paz  regresando a sus bases; miles de empresas quebradas, muchas de ellas clausuradas y los supermercados con escases de productos básicos para la canasta familiar, el común de los colombianos con la mirada perdida en el vacío, llamando desesperadamente a doña paz, para que regrese a los rediles de la mansedumbre. 

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