La democracia en América Latina se estancó

Por: Miguel Maldonado Martínez (*)

Para nadie es un secreto, América Latina se estancó democráticamente hablando,  “es incapaz de progresar en la democratización” y sólo un país  de la región: Uruguay  califican como “democracia plena”, según un informe de The Economist Intelligence Unit (EUI). El informe señala que tras Europa Occidental y Norteamérica, América Latina es la tercera región más democrática del mundo, según el Índice de Democracia 2015. La publicación menciona que la “falta de progreso en la región es notable”, ya que mantiene la misma calificación (6,37) que en 2006. La región está conformada por 24 países, de los que solo uno es considerado como una “democracia plena”, Uruguay, y 15 como “democracias imperfectas”.

CUMBRE 1 (1)El informe Democracia en una era de ansiedad ha retirado a Costa Rica del grupo de 20 “democracias plenas”, entre las cuales solo hay dos países americanos: Uruguay y Estados Unidos. La publicación también registra retrocesos en la calidad de este sistema político en Bolivia, Brasil, México, Nicaragua y Venezuela. Estos países están entre los 15 Estados latinoamericanos incluidos en la categoría de “democracias imperfectas”, a la que pertenecen un total de 59.

El informe incluye 169 Estados independientes y dos territorios, y coloca por cuarto año consecutivo a Noruega en el primer lugar del conteo con 9,93 sobre 10. De acuerdo a la comparación 2014-2015, Argentina y Chile incrementaron ligeramente sus posiciones, y Ecuador y Cuba mantuvieron el mismo puntaje en el grupo de democracias con fallas.

Los índices son preocupantes: “La falta de avance en América Latina entre 2006 y 2014 es impresionante”, señala. Desde 2006, el año con el mejor índice de democracia fue 2008 (con 6,43) y en 2015 registra 6,37 (igual que en 2006 y 2010). El documento registra que la consolidación de la democracia sigue bloqueada por la incapacidad de mejorar la efectividad política —el funcionamiento de los Gobiernos— y la cultura política: “Ello fomenta la desafección política, en particular en aquellos países con los mayores escándalos de corrupción que han salido a luz recientemente”. El informe destaca, entre otros, el debate por la destitución de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff; la renuncia y posterior arresto del presidente Otto Pérez Molina en Guatemala; y las acusaciones de corrupción de la Casa Blanca hacia el presidente mexicano, Peña Nieto, y su esposa.

Las campañas presidenciales se han deteriorado, en la medida que los votantes sienten que las opciones en la boleta son más de lo mismo se multiplican las actitudes que fomentan populismo e inestabilidad.

La puntuación de América Latina se ha estancado desde el Índice de Democracia fue publicado por primera vez , lo que ilustra problemas profundamente arraigados de la región pertenecientes a la cultura política , la participación política , el  funcionamiento de los gobiernos, el crimen y la corrupción.

El Decepcionante desempeño de la región en la última década ilustra las dificultades de ampliar y profundizar el proceso de democratización y de establecer democracias plenas. La frustración popular con la falta de políticas públicas y desarrollo institucional de los gobiernos, desbordó en varias ocasiones en la región en los últimos años y, en 2015, entró en erupción en las protestas contra la corrupción.

La consolidación de la democracia en América Latina continúa siendo obstaculizada por la incapacidad de la región para emparejar los extraordinarios avances en la democracia electoral realizadas en décadas anteriores con mejoras correspondientes en su eficacia política y cultura política. Esto, a su vez, viene fomentado el descontento popular, sobre todo en aquellos países donde los grandes escándalos de corrupción han salido recientemente a la luz pública.

Entre los casos más publicitados en 2015, esta Brasil, donde la presidente, Dilma Rousseff, se enfrenta a una amenaza de juicio político, y en Guatemala, donde el presidente, Otto Pérez Molina, renunció y posteriormente fue detenido. Incluso Chile, uno de los mejores clasificados entre Los países latinoamericanos, donde las protestas que se enfrentan a más de un escándalo que involucra a la hijo del presidente, Michelle Bachelet. En México, la insatisfacción popular se relaciona con la política, acusaciones de corrupción que involucran el presidente, Enrique Peña Nieto, y su esposa, y el caso de Ayotzinapa que implica la desaparición y la muerte de un grupo de estudiantes a finales de 2014.

Uno de los rasgos más llamativos de esta ola de descontento popular es que ha sido cada vez más centrado no sólo en el gobierno, sino también de la clase política en su conjunto. Esto refleja una visión peligrosamente cínica que los gobiernos pueden ser castigados con eficacia en las urnas electorales, ya que la corrupción y la mala gestión son tan generalizados que todos los partidos se suponen ser, en cierta medida, cómplices.

La era Kirchner en Argentina llegó a su fin con la victoria de un conservador, Mauricio Macri, en la segunda vuelta presidenciales de noviembre de 2015, mientras que, en Venezuela, el agarre de Nicolás Maduro en el poder cayó después de la victoria histórica del la oposición en las elecciones legislativas de diciembre de 2015.

En 2015 la región en su conjunto no creció por primera vez desde la temporada 2008/09, esta sometida a una crisis económica y financiera. Hay desaceleraciones económicas en la mayoría de las principales economías y de plano la recesión en la más grande economía de la región, como es  Brasil se ha mantenido.

La puntuación promedio regional para América Latina se mantuvo prácticamente sin cambios en el 2015 en comparación con 2014, y los mejores y peores desempeños de la región se mantuvieron en las mismas posiciones. Sin embargo, un modesto deterioro de la puntuación para Costa Rica resultó en su descenso de categoría a una “democracia defectuosa”, dejando Uruguay como único “democracia plena” de la región. Cinco de los seis países que se alzaban en el ranking provenía de América Central y el Caribe (con la excepción de Argentina), mientras que sólo tres países, Ecuador, Brasil y México se deslizaron hacia abajo en la clasificación.

Más positivamente, la relativa estabilidad de los rankings de la región es indicativo de un bajo nivel de los principales conflictos o crisis en comparación con otras partes del mundo. De hecho, la renuncia de Guatemala de presidente fue manejado de manera ejemplar y sirvió para fortalecer, en lugar de debilitar, la democracia en ese país. Sin embargo, la falta de avances importantes para mejorar la eficacia política y para hacer frente a la principal fuente de descontento popular de la corrupción, también muestra lo difícil que será para afianzar la democracia en América Latina más allá de la esfera electoral.

Es país más pequeño es la única democracia en Suramérica

El Índice Democrático 2015 de The Economist Inteligence Unit señala que la amenaza terrorista global ha significado un retroceso en la salud democrática del mundo

Uruguay es el único país latinoamericano al que la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist considera una democracia plena en la región latinoamericana, y está un peldaño por encima de Estados Unidos en el informe “Democracia en una era de ansiedad”, publicado por este medio editorial hoy; al tiempo, los únicos países de la región abiertamente autoritarios son Haití (puesto 119 global) y Cuba (119), mientras el último de los países antes en un régimen considerado “híbrido” en la región es Venezuela, en el lugar 99 del ranking.

Canadá es el séptimo país más democrático del mundo y el número 7 en el medidor mundial, que encabezan Noruega, Islandia y Suecia, y tras los cuales sigue Nueva Zelanda. Chad, Siria y Corea del Norte son los tres países menos democráticos en el planeta.

Tras Europa Occidental y Norteamérica, América Latina es la tercera región más democrática del mundo, señala el informe, que hace énfasis en este continente destacando la incapacidad de la región para acompañar con efectividad y cultura política el “extraordinario avance democrático” de las décadas pasadas, lo cual ha derivado en insatisfacción ciudadana ante los escándalos de corrupción en Guatemala y Brasil, a los cuales pone como ejemplo.

“En el pasado, los latinoamericanos han tolerado menores niveles de democracia a cambio de progreso económico. Donde esto ya no es posible, las actitudes públicas hacia los líderes políticos serán cada vez más hostiles”. Brasil ocupa el lugar 51 global, en el segmento de las democracias “defectuosas”, al que pertenecen la mayoría de los países del continente; Guatemala está en el lugar 80 global, como un régimen “híbrido”.

El índice de The Economist se basa en cinco categorías: Procesos electorales y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del Gobierno, participación política y cultura política. De cada uno de estas categorías hay otros doce subíndices, con lo cual se miden en total 60 indicadores.

En Latinoamérica, el panorama continuó en 2015 igual al de los años anteriores, señala la revista, indicando además que hubo un pequeño deterioro en los indicadores de Costa Rica que la bajaron al escalafón de democracias “defectuosas”; seis países de la región (todos ellos de América Central y el Caribe, además de Argentina, en el puesto 50) ascendieron en los indicadores, mientras el precitado Brasil, México (66) y Ecuador (83) descendieron. Chile ocupa el puesto 30, Panamá el 45, República Dominicana el 60, Colombia el 62 y Perú el 65, entre otros.

El título del informe hace referencia a la creciente amenaza terrorista global y cómo esta ha hecho que los valores democráticos retrocedan en el mundo entero; “en nuestra era de ansiedad, la primera víctima del miedo e inseguridad es, a menudo, el terrorismo. América Latina no es inmune a esta tendencia global”, indica The Economist

(*)Consultor Marketing, Comunicación Política y gobierno