Diatriba contra los ciclistas bogotanos

Día sin carro. Día que quiero aprovechar para hablar de las bicicletas, sus ciclo-usuarios, los ciclistas y sus víctimas los peatones y conductores… Si, peatones y conductores…

Empiezo por advertir que no tengo nada contra las bicis. Que estoy convencido de que en ese vehículo de tracción humana puede estar la solución a los problemas del transporte y la congestión en las grandes ciudades. Que son un alivio para la contaminación ambiental y auditiva.

Pero también estoy convencido de que, como en todo lo que metemos mano los humanos, se necesitan normas claras, conocidas por todos y una autoridad que las haga cumplir. Y cuanto antes mejor…

Los ciclistas bogotanos creen que las normas de tránsito no aplican para ellos. Les da lo mismo circular por las ciclorutas, las ciclovías, los carriles dedicados, preferentes o exclusivos que por andes y calzadas. Para ellos no hay diferencia.

Los semáforos, no tienen nada que ver con ellos. Tampoco los límites de velocidad, especialmente para esas motocicletas, disfrazadas de bicicletas, que tienen un pedal para disimular el motor que llevan puesto y que sus dueños usan como mejor les convenga, como bicicleta en la cicloruta o moto en calles y avenidas.

El uso de casco y señales reflectivas en la noche, no les parece obligación. Al contrario, entre más oscura su indumentaria mejor. Y así andan asustando a peatones y conductores con sus apariciones fantasma. Están corriendo un riesgo tan inmenso como innecesario por falta de visibilidad. Ellos y sus víctimas.

El sentido de circulación de las calles tampoco es motivo de atención. El concepto de contravía no existe. Para ellos da lo mismo si las calles van o vienen. Si suben o si bajan. ¿La señales de Pare y la prelación? Invisibles para ellos.

Y ni hablar del parqueo. Armados con una especie de cables metálicos las dejan amarradas a cualquier árbol, poste o señal de tránsito invadiendo el poco espacio publico que nos dejan libre los vendedores ambulantes, los carros y las motos mal parqueadas.

¿Por qué las bicicletas de Bogotá no tiene placa? No tengo idea. Para que no les pongan pico y placa. Dijo yo. El asunto, es que ese anonimato les da licencia para hacer lo que les da la gana a los cada vez más numerosos ciclistas bogotanos. Incluidos por supuesto, aquellos que utilizan su bici para rapar celulares y carteras y desaparecer.

Con todo respeto creo que llegó la hora de hacer que las bicicletas también respeten las normas. 

Hacerles entender a sus ambientalistas propietarios que si, que sabemos que son la avanzada que salvará al planeta. Que apreciamos y agradecemos ese esfuerzo. Que, de pronto, seguimos su ejemplo. Pero que, como todos, tienen que respetar las reglas.

Deben asimilar que la luz roja del semáforo también aplica para ellos. Que las bicicletas con motor se llaman motocicletas y no pueden ir por el andén, ni por la cicloruta. Que las zebras son para el uso del peatón y no zona de espera para el ciclista.

Que si las calles tienen sentido no es por contrariarlos sino para tratar de poner algo de orden en Bogotá y para que los mapas de Google, Wase y los GPS sirvan de algo.

Que sus caballitos de acero también hacen estorbo, poquito, pero estorbo.

Alcalde Enrique Peñalosa usted que gobierna la ciudad en bicicleta, que va a la oficina a ritmo de pedal, ¿no cree que llegó la hora de que todos los usuarios de la calle, todos, incluidos ustedes los ciclistas, hagamos caso?

De usted depende que las bicicletas no se conviertan en otro factor de caos en nuestra amada Bogotá.

Feliz Día sin carro. Y sin moto, por gracia de quien sabe quien.

Feliz día de la bici. Que Dios y el Alcalde nos guarden de que nuestros ciclo-usuarios conviertan nuestras  ciclo-rutas, ciclo-vías y ciclo-carriles en un ciclo-caos que nos desespere y nos lleve a pedir que decreten el Día sin Bici.