Elección órganos de control regionales

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

A las contralorías y personerías regionales y municipales, debería imprimírseles el sello de la eficiencia, puesto que tal cual están concebidas, – con algunas excepciones-, no, son, más que nidos de burócratas. 

Los órganos de control regionales y locales, deberían reestructurarse; tal cual están concebidos y conformados,  no son más que entes politiqueros proclives a la corrupción, considero que debería pensarse en liquidarlos regional y municipalmente, para que dependan directamente de los organismos de control nacionales, y más bien fortalecer en los municipios las veedurias ciudadanas.   

Son varios los casos de municipios que ante la ineficiencia de las contralorías y personerías, un grupo de ciudadanos se organiza con el fin de supervigilar lo que los organismos de control deberían hacer, pero, que lamentablemente para poder actuar, le tienen que pedir permiso al gamonal de turno, puesto que, fácilmente le pisan los callos a  sus protegidos. 

Las administraciones públicas tanto del nivel nacional como regional y local, están atiborradas de órganos de control,  con presupuestos y nóminas burocráticas tan abultados, que el solo pensar que son los que velan por la transparencia y la pulcritud de la administración y el manejo de los dineros públicos, produce asco e indignación, puesto que con algunas excepciones, destilan corrupción por todos los poros, sin que nadie tome decisiones para solucionar semejante vergüenza que a todos los ciudadanos de bien  indigna.

Lo más grave, es que las investigaciones por chanchullos y peculados de alto nivel, como en los casos de: la salud, isagen, interbolsa y últimamente reficar, entre muchos otros, terminan en nada, puesto que fueron cometidos por delincuentes de cuello blanco protegidos por el alto gobierno y pare de contar, puesto que los dineros adquiridos con artimañas y trapisondas, ya se encuentran en el exterior, y quienes, son sus damnificados tienen que aguantarse inmensas filas para que el liquidador de marras, – si es que no actúa en contubernio con los defraudadores-, les dé una respuesta bobalicona, “ de tengan paciencia que todo se va a solucionar”.   

Cada ministerio, instituto descentralizado de nivel departamental, alcaldías,  en fin hasta los más minúsculos poderes del Estado, disponen de una oficina de control interno, pero, lo más jocoso e irónico, es que son nombrados por los mismos jefes que presiden el organismo, queriendo decir con esto: para que le cuiden el queso de los ratones.

Si esto fuera suficiente para frenar la corrupción sería lo ideal, pero parece aunque nadie se atreva a asegurarlo, su única función consiste en enmochilar o desviar las quejas y reclamos que llevan los ciudadanos por actos de abuso de autoridad y corrupción, cometidos por sus jefes que se creen inmunes ante los desafueros que cometen frente a los usuarios.

Soy de los que cree que los organismos de control,- para el caso de ser imposible liquidarlos-, tanto del nivel nacional, como departamental y municipal, deben ser reducidos a su más mínima expresión para hacerlos más eficientes, se hace indispensable reestructurarlos, puesto que con algunas excepciones tal cual están funcionando no son más que la peor vergüenza para el País, sus departamentos y municipios.

Si queremos unos órganos de control lo suficientemente serios, bien estructuraos y técnicos, debemos quitarle su manejo a los gamonales políticos que simplemente los utilizan para perpetuarse en el poder, gracias a los votos que les reportan las contralorías y personerías tanto departamentales como municipales.   

En estos días las dumas departamentales y los concejos municipales, deben estar en la rebatiña para elegir  contralores y personeros que sean de su mayor conveniencia para conservar sus réditos políticos, lamentablemente no existen normas legales que ponga punto final a semejante desbarajuste que para  muestra un botón, estos funcionarios muchas veces no tienen el más mínimo concepto de lo que es el control fiscal o para el caso de personerías desconocen: qué son los agentes del Ministerio Público en los municipios. 

Por esta razón, son tan proclives a la politiquería y componendas, que a los nominadores no les importa las calidades intelectuales y profesionales de sus candidatos, con tal de que les nombren sus recomendados y les pasen de agache actos administrativos y contratos leoninos de los niveles departamental y municipal.

Si se hace una investigación con el fin de conocer  todos los exabruptos que se cometen a nivel regional y local, habría material para escribir las historias más jocosas de los departamentos y municipios, puesto que son tantas las metidas de pata de estos funcionarios, -que por su ignorancia-,  muchas veces confunden un control fiscal, con un centro de reclusión. 

Lamentablemente si se hace una evaluación de los órganos de control del nivel: municipal, departamental y nacional, todos se rajan, puesto que su elección es el producto de las componendas politiqueras propiciadas en su mayor parte por los gamonales que manejan los hilos del poder en todas las instancias de su jurisdicción.

Son miles y miles las obras que en los departamentos y municipios no se realizan, o quedan inconclusas, no obstante haberse apropiado el presupuesto correspondiente, pero que lamentablemente ante la poca eficiencia de los órganos fiscalizadores, sus dineros se esfuman y después de cumplidos los periodos de estos funcionarios nadie responde por ellas.

No olvidemos que la poca eficiencia del control fiscal, es lo que produce la corrupción en nuestro País, no hay derecho que para ciertos departamentos y municipios se asignen abultados presupuestos para obras sociales, pero lamentablemente al llegar a las tesorerías desaparecen con la complicad de gobernadores y alcaldes, citar por ejemplo el drama que se está viviendo en el departamento de la Guajira, donde la muerte por desnutrición en los niños es causada por actos de corrupción por falta de un buen control fiscal.

Siempre he creído que las veedurías ciudadanas deberían fortalecerse, con el fin  que sean las principales garantes, para que los dineros de la administración pública, sean bien invertidos, puesto que allí está representada la comunidad en todas sus manifestaciones, lo más importante, directamente las afectadas por el mal manejo en la administración pública, por la  inoperancia de los organismos de control. 

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