Plebiscito y Asamblea Constituyente en la  encrucijada

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

El señor Presidente debería bajarle el tono a la imposición del mecanismo plebiscitario para refrendar la paz, puesto que de acuerdo a como están las encuestas lleva todas las de perder.

Considero que solo a través de una Asamblea Constituyente limitada a tres aspectos coyunturales que afectan el diario convivir de los colombianos: la paz, la corrupción y la reforma política, se podría abrir un debate nacional e internacional, con el fin de conocer cual el diagnóstico que Colombia realmente necesita, para lograr una paz verdadera y perdurable.

Esto solo se logra lo repetimos, mediante una Asamblea Constituyente, que convoque a todos los estamentos: sociales, económicos, culturales,  educativos y políticos del País, para que participen activa, directa o indirectamente mediante el voto popular, caso contrario, quedarían muchos cabos sueltos que empezaremos a verlos en la etapa posconflicto, cuando ya no haya reversa para enmendar los errores, por querer manejar tema tan delicado de forma: elitista y egoísta, ignorando el clamor popular. 

Los tres temas: paz, corrupción y reforma política, son concluyentes para sostener una paz justa y duradera, puesto que los tres estamentos están unidos entre sí, que debido a su mal manejo  desde hace varias décadas, es que se vienen presentando actos de subversión en todas las regiones de Colombia.

Creer que con lo acordado en la mesa de negociación en la Habana- Cuba, – entre las comisiones negociadoras, es suficiente-, es cosa de ingenuos, puesto que lo allí convenido en su mayor parte, no se le ha dado a conocer a la opinión pública, hay muchas cartas por debajo de la mesa y secretos que están guardados con tal recelo, que el solo hecho de saludar a uno de los negociadores guerrilleros, se corre el riesgo de ser investigado y fácilmente parar en la cárcel, por subversivo.

Creo que en los actuales momentos en que el proceso de paz, está tan avanzado, se deben abrir más compuertas con el fin de escuchar a las partes, en lo que sea posible, que los negociadores de las Farc, expongan libremente ante la opinión nacional sus puntos de vista sobre lo que debe ser el acuerdo final, puesto que ellos son los protagonistas principales de este proceso que involucra a todos los Colombianos, pero que muy especialmente están cerca del clamor popular que ha mantenido encendida la antorcha de la guerra por más de sesenta años, con las consecuencias letales y dolorosas que todos sabemos.

El mecanismo para refrendar el acuerdo de paz, según la opinión de la mayoría de los colombianos,- con mayoría también de la corte constitucional a la cabeza-, tiene tendencia a que se haga mediante: Asamblea Constituyente; pretender el señor Presidente imponer su personalismo  sobre la voluntad popular expresada en las urnas, además de ser un acto de gobierno de mal gusto, también se va afinado la creencia que tendemos hacia una dictadura.

Por lo tanto, es importante que la opinión pública nacional e internacional, conozcan a fondo en qué se diferencia el plebiscito propuesto por el presidente Santos, y la asamblea constituyente, que goza de la simpatía de las mayorías, incluidos los negociadores de las Farc en la Habana – Cuba; el Centro Democrático, entre otros sectores de la vida nacional, ambos mecanismos de participación Ciudadana desde luego, son válidos  para refrendar el posible acuerdo de paz previsto a firmarse el 23 de marzo del año en curso.

De conformidad con el artículo  7 de la Ley 134 de 1.994, el Plebiscito es uno de los mecanismos de participación, contemplados en la constitución, para que los ciudadanos se pronuncien sobre las decisiones políticas que los afectan, pero, con el agravante que se vota: SI o No, de acuerdo a la pregunta propuesta por el gobierno, sin dar oportunidad a que los ciudadanos opinen y discrepen sobre su conveniencia o inconveniencia.   

Por lo tanto, a la mayoría de la opinión nacional le está molestando que dicho mecanismo constitucional tan simplista, sea el utilizado para refrendar la firma del acuerdo de paz, puesto que después de casi sesenta años de guerra y teniendo en cuenta todos los acontecimientos violentos y dolorosos que se han sucedido por parte de las Farc, como también por  agentes del Estado, donde los casi cuarenta y seis millones de colombianos, directa o indirectamente hemos sido víctimas de la violencia guerrillera, se nos quiera obligar a votar por el Sí o por el No, sin darnos oportunidad siquiera a chistar.

Pero la principal trampa del gobierno está en querer bajar el umbral para el plebiscito al 13%, lo que quiere decir que de acuerdo al último censo electoral, serían suficientes un poco más de tres millones de votos, criterio que ha sido analizado y debatido en varias instancias de la vida nacional, calificándolo como: inconstitucional, abusivo y tramposo, impuesto con la fuerza del poder y la inercia política de la mermelada como ocurrió con la reelección presidencial, la  venta de isagen y el caso de Reficar que está al rojo vivo.   

El Gobierno tiene que aceptar que las heridas de la violencia guerrillera están sangrantes y que una convocatoria, Plebiscitaria, en las condiciones en que la propone, – sería como colocar gasa en la herida, sin hacer el tratamiento de rigor para matar las infecciones -, Sin darnos  la oportunidad de expresar nuestros puntos de vista.

La Asamblea Constituyente, se define como  un grupo de ciudadanos elegidos por el pueblo, con el fin de diseñar nuevas políticas de convivencia entre el Estado y la sociedad, como la que se constituyó en 1.991, que dio origen a la Constitución que actualmente nos rige.

Sin embargo los alcances, como lo propone el expresidente y sanador, Alvaro Uribe, pueden ser limitados única y exclusivamente a lo acordado por las partes en la Habana – Cuba, pero, que según mi criterio podría extenderse además del tema de la paz, con el de la corrupción y la reforma política.    

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