Protestas y saboteos

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez

BOGOTA, 13 de febrero_ RAM_ Escribía yo esta semana en el Face que estaba cansado de la manera tan negativa como la gente que escribía por medio de esa red lo hacía, la mayoría no ve nada bueno, todo negativo y para ellos este país en el que vivimos es lo más malo de la tierra y no entienden las equivocaciones de sus gobernantes, los que de todas maneras son humanos y que todas las cosas no le salen bien, por más deseos que tengan de hacerlos.

Es verdad que hay corrupción, pero también hay gente buena, es verdad que hemos formado a un grupo de limosneros a los que les estamos dando todo y los estamos llevando a no trabajar, por lo menos eso sucedió en Bogotá, en donde la pasada administración regaló desde los útiles escolares, comida, dinero para transporte y auxilios a muchas personas que se atrevieron a pasar papeles, muchas veces falsos, diciendo que eran desplazados y que no tenían la forma de trabajar, para que el Estado, sin hacer investigaciones de dichos documentos, les dieran ayudas mensualmente.

Bogotá se convirtió en la ciudad de verdad que es, la ciudad de todos y la ciudad de nadie, en donde todo el mundo hace lo que se le viene en gana, en donde rompe, daña y vuelve nada los buses, las calles y todo lo que corresponde a la comunidad, porque como ellos no son los que tienen que pagar los arreglos, nada les importa y para eso es que está la plata del Estado que debe de pagar sus platos rotos.

No estoy sacando la cara por nadie, porque mi mamá me enseñó que yo mismo debía de responder por mis actitudes y dejar que cada quien se defendiera por su lado, muchos se sienten discriminados y no creen que ellos son los que discriminan y no hay más racistas que los propios discriminados (lo que no quiere decir que esté diciendo que no hay racismo y discriminación). No estoy de acuerdo con que no se le dé oportunidad a los nuevos mandatarios de poner la casa en orden y que quienes salieron sin hacer nada o todo a medias, se hayan dedicado a campañas de desprestigio, pidiendo soluciones apenas 45 días, cuando ellos no fueron capaces de encontrar soluciones durante su periodo de gobierno y lo peor es que un grupo de “periodistas” se presten para hacer guerra sucia de manera cínica en estos momentos.

No quiere decir que esté contento ni del lado de todo lo que hacen los mandatarios que acabaron de entrar, como en el caso de Bogotá, hay cosas buenas y malas, pero vuelvo y repito, se necesita tiempo para dar forma a lo malo o continuar con cosas que se hicieron bien y que pueden dar buenos resultados.

No entiendo que es lo que pasa en Colombia con los seguidores del ex presidente Uribe, un hombre de grandes ideas, de verraquera como buen paisa, que con él a la cabeza no quieren sino estropear lo que haga el Gobierno legítimamente elegido por los colombianos y que es el que debe de buscar el bienestar y al que no debe ponérsele trabas para que saque adelante el país, Uribe debía de ponerse a la tarea de en vez de ser tropiezo dar soluciones, sabemos que es un hombre que el encuentra salida a todo y que la inteligencia que está utilizando para estropear las cosas buenas que se hacen, la utilice para poder poner todo al orden del día.

De Petro no hay nada que esperar, cree tener la última palabra, no reconoce que por su terquedad casi que no puede gobernar, porque le interesó fue primero no respetar los fallos de la justicia y puso todas las trampas que pudo para sostenerse en el cargo y lo logró, y lo peor del caso es que ahora quiere hacer lo mismo ya no de manera local como lo hizo en Bogotá sino a nivel nacional y para colmo hay ciudadanos que no se preguntan qué puede pasarle al país si lo que pasó en Bogotá fue un verdadero caos.

Ahora vienen los saboteos y protestas por el Transmilenio, no estoy de acuerdo con los reajustes tan fuertes de tarifas y de impuestos, pero de alguna parte tiene que salir el dinero para arreglar el Transmilenio y los daños que hacen los desadaptados, como los que en esta semana se tomaron el Portal de las Américas y el de Soacha, dejando cuantiosas pérdidas y se puede saber que la mayoría de los que participaron en alterar los ánimos de los ciudadanos fueron activistas profesionales, esos que están listos para el saboteo y armar el caos y de esa manera demostrar que todas las cosas andan mal y que exigen soluciones sin saber ellos mismos que es lo que piden.

Soy consciente del mal servicio que Transmilenio por la demora de los alimentadores y porque ya el servicio se quedó limitado para la gran cantidad de usuarios pero también hay que ser conscientes que las soluciones no se dan de un momento a otro y mucho menos cuando en esos actos de protesta y vandalismo se lanzan proclamas en las que se dicen que el Gobierno anterior era mejor y que se equivocaron por votar por el Gobierno actual.

La ciudad está descuadernada, hay problemas y cosas por solucionar por todos los lados pero no hay que pensar que todo está arreglado de la noche a la mañana y mucho menos si no ponemos de nuestra parte para que todo sea mejor.

Las redes sociales se han vuelto el punto de partida de los incendiarios, incendiarios que solo les interesa que las cosas salgan mal, incendiarios que no dan soluciones, que no están de acuerdo con el Proceso de Paz, que no están de acuerdo que se ponga la ciudad en marcha y en orden y que creen que dejándose hacer a la gente lo que le venga en gana sin orientación es la gran solución para buscar el bienestar.

Dicen que un buen amigo es el que dice las verdades de frente y no el que alcahuetea lo que uno hace y mucha gente de la que habita en Bogotá y en Colombia quieren ir por la vida como Pedro por su casa, sin trabajar, sin responsabilidades y sin respetar a las autoridades.

Es verdad que en este momento en Colombia se vive un momento muy difícil por la falta de justicia, una justicia en paro, una justicia que de momentos se vuelve más difícil, porque solo se le aplica a los de ruana y porque los delincuentes de cuello blanco siguen haciendo de las suyas, una justicia que condena teniendo en cuenta la clase social de quien ha infringido la ley, pero por eso no debemos de sembrar más cizaña, sino tratar de que se den soluciones a todo lo que acontece.

Toco en este momento un tema que no me gusta mucho y es lo que está sucediendo con la Policía, cuando era niño era un orgullo ser amigo de la Policía, pero en estos momentos “se emborrachó la Policía”, no hay semana en que no haya escándalos con esta institución y de verdad por lo que se vio en televisión, los desmanes y la violencia y el abuso de autoridad fueron rampantes, creo que más de una ocasión se violaron derechos humanos, por lo menos en una de las tomas que vi por el Canal del Tiempo me quedé sorprendido como más de ocho policías con cascos y bolillos arrastraban a una joven de escasos 16 años que protestaba en el municipio de Soacha en el bloqueo que se hizo por el problema de Trasmilenio. A otro joven lo golpearon en el estómago y también lo sacaron a rastras para llevarlo detenido sin estar seguros si participaron o no en las revueltas del viernes pasado.

Hay policías buenos, como los que ayudaron a una señora a tener su hijo, porque no llegó una ambulancia a tiempo, hay policías honestos, pero hay también delincuentes como los que dirigían la banda de micro tráfico en el barrio San Bernardo de Bogotá.

Es una lástima que gran parte de la sociedad le haya perdido confianza a una Policía como la de Colombia, que en más de una oportunidad ha sido ejemplo a nivel nacional e internacional.

Parece que las cosas se le fueron de las manos al general Palomino, quien ha estado en el ojo del huracán en los últimos días por demandas en su contra y contra la institución en casos de persecución a los medios de comunicación y como le repitió Vicky Dávila al recibir el Premio Nacional de Periodismo el pasado 9 de febrero “General Palomino, en la Policía hay corrupción”.

Unámonos y luchemos por el bien del país y aprendamos del nacionalismo que es repetido de los mexicanos, quienes a pesar de estar pasando por un momento bastante delicado por culpa del narcotráfico son defensores de su pueblo y sus costumbres, porque muchas veces a algunos de nuestros compatriotas les da pena decir que son colombianos.

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