Transmilenio

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Como bien lo advirtió una y otra vez el Contralor Diego Ardila, ( que hoy precisamente termina su mandato), el sistema de Transmilenio se acerca cada vez más al colapso.

Cuando uno ve la locura que es tomar los buses rojos en Soacha a
las 7
y 30 de la mañana, entiende la magnitud de la ceguera que han tenido los responsables de Bogotá en dejar crecer el problema y no encontrarle solución.

Cuando el mismo Contralor Ardila trató de poner freno a las locuras de Petro, primero con el esquema de aseo y después con la populista determinación de bajar los pasajes para hacerle perder plata al Distrito, nadie le paró bolas. Petro estaba en la gloria y como lo tenía en la mira el Procurador, había que salvarlo así la embarrara.

Ahora, con Peñaloza de alcalde, su invento copiado de Curitiba, el Trasmilenio, hace agua por todos los lados .En vez de ser la herramienta para que los bogotanos puedan ir y volver de su trabajo, se ha convertido en la tortura diaria y lo que fuera un orgullo de la ciudad, hoy es una necesidad incómoda que hay que aguantarse.

Las soluciones a su deterioro y a su cada vez más creciente inutilidad las dicen por todas partes, pero no las oyen, como no oyeron a Ardila. La rebelión de las masas, fastidiadas hasta el tope, se vuelve vandalismo movido solo por la furia de la incomodidad y no puede ser leído como terrorismo.

Adoptar una solución rápida, es fácil. Se requiere que el alcalde no defienda más su criatura de hace 20 años, sino que la transforme. Impedir el vandalismo de las protestas apenas exige un alcalde que convoque y haga entender a los bogotanos que Trasmilenio es un bien de todos y que no se arregla destruyéndolo. En otras palabras lo que se necesita es un alcalde que asuma.

PUBLICADO EN ADN,BOGOTÁ, FEBRERO 12  2016

www.eljodario.co

@eljodario