Tras una semana turbulenta

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

BOGOTA, 20 de febrero_ RAM_ Hace unos años decía un periodista español de visita en Colombia que este era un país sui generis, pues que a pesar de todo lo que le sucedía y principalmente de soportar una guerra fratricida, era capaz de sostenerse y seguir adelante.

Estoy de acuerdo con el colega, aunque yo diría que en un país donde solo vivimos para acabarnos los unos a los otros, vivimos de verdadero milagro, aquí comemos prójimo al desayuno, al almuerzo y a la comida, y hablamos por hablar a toda hora, descalificando lo que hacen los demás, porque a veces somos tan egoístas que solo sirve lo que hacemos nosotros y no los demás y lo peor del caso no reconocemos los triunfos y las capacidades de los demás.

De verdad que somos unos verracos. Contamos con grandes embajadores en el deporte, en la música, en el arte y en otras actividades, menos en la propia diplomacia en donde más de una vez presentamos fallas, que no se pueden corregir de la noche a la mañana y es así como esos seres anónimos son los que dan grande nombre a Colombia como Shakira, James, Juan Pablo Montoya, Juanes, Nairo, entre otros y que decir del gran Carlos “El Pibe” Valderrama y Carlos Vives, digo anónimos no porque no se les conozca, sino por su trabajo importante y callado que adelantan cada día de sus vidas en sus diferentes disciplinas.

Vivimos una guerra de más de sesenta años y lo peor del caso es que toda nuestra generación la ha padecido y ahora que se trata de buscar un convenio para la paz aparecen las trampas, los ataques y muchas cosas, que pueden hacer pensar que esa empresa del presidente Santos por conseguir la paz pueda estar en peligro.

Quienes pueden ser los responsables. Todo el mundo los conoce, los mismos guerrilleros que se pasan las normas por la faja y que cometen errores infantiles o pensados, como lo que sucedió en la Guajira el jueves pasado y aquí se cumplió un adagio tremendo que dice que no hay nada más grave que dar papaya, porque papaya dada, papaya partida y eso fue lo que sucedió, el Gobierno y las FARC dieron papaya y una congresista le puso candela al detonante que explotó en seguida, lo que ha hecho que la imagen del Presidente y los esfuerzos para la paz estén bastante bajos y en peligro.

Son los políticos que dicen que no son enemigos de la paz, pero actúan de manera diferente, son las personas que no están de acuerdo con que sea el presidente Santos el que logre poner al país en un momento de tranquilidad y a las puertas del verdadero progreso.

Están los enemigos ocultos que trabajaban y trabajan, no para hacer el bien sino para hacer el mal.

En definitiva, pareciera que estuviéramos felices convivir en una guerra en donde los inocentes son las víctimas y donde los muertos de lado y lado son colombianos.

Debía de haber empezado por el principio, por el escándalo de la semana que dejó muchos perdedores y que no creo que deje muchos ganadores, porque el nombre de una institución tan grande como la Policía quedó por el suelo, quedó por el suelo por las denuncias hechas por la periodista Vicky Dávila, perdió ella por no saber manejar la situación y tocar temas tan delicados como son los personales y la vida íntima.

Se puede ver que, con la caída del Director de la Policía, las cosas en vez de mejorar empeoraron, porque ahora al nuevo Jefe Policial le exigen poner en orden una casa que está totalmente desorganizada, en donde hay escándalos sexuales, donde hay problemas graves de corrupción y en donde los verdaderos culpables hacen de las suyas sin que les pase nada.

Muchos defienden a Palomino y a Dávila, hasta la Iglesia Católica salió a decir que el ex Jefe de la Policía un hombre de bien y un santo, el Ministro de Defensa dijo que se sabía lo que estaba sucediendo, pero que no todo el mundo sabía y que todo quedará arreglado lo más antes posible.

Escándalo, escandalo y más escándalo y lo peor del caso es que las cosas pueden quedar igual o peor, porque vivimos en un país que no tiene memoria y va a olvidar lo sucedido en esta semana turbulenta.

Es grave meterse uno en estos casos, aunque no soy de los que acostumbro a meterme en las vidas personales de nadie y respeto lo que cada quien hace, porque creo que no hay nada más sagrado que la intimidad de las personas.

Da tristeza que un país al que se le anuncian una posible reforma tributaria, para apretar más el bolsillo y pagar el precio de la corrupción tenga que soportar a gente que no hace sino denunciar y no deja trabajar, porque no da soluciones y que decir lo que está pasando con la justicia en donde un paro judicial sigue cada día dejando más problemas y no muestra soluciones al respecto.

Cuándo será que podemos decir “cesó la horrible noche” como dice nuestros Himno Nacional.

Cuándo será que quienes no pudieron hacer nada por mejorar la ciudad en más de doce años dejen trabajar a quien trae nuevas ideas y no patrocinan revueltas callejeras, respaldando a quienes no trabajan y que se han convertido en saboteadores profesionales. Así no se solucionan los problemas y así no se tendrá jamás el verdadero transporte que necesita la Capital Colombiana.

Demos soluciones, no seamos trabas en la rueda, mucho menos piedras en el camino de quienes quieren en bien para el país.

Pongamos cada mañana nuestro granito de arena desde el lugar donde nos encontremos, desde el hogar, el trabajo, el estudio o del deporte.

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