¡Por fin un reality al que le veo pocos “peros”!

Por: Luis Antonio Gómez López.–

Había sido muy crítico de los reality donde los mal llamados jurados, se mofaban de los participantes y ponían en ridículo y sin ningún derecho, sus aspiraciones e integridad humana. La cosa cambió.

Es que pareciera que estos programas los produjeran con el único objetivo de burlarse de las persona por  su físico, sus manifestaciones o excentricidades; pero apartándose del respeto que amerita el derecho a la libre personalidad. Todo sosteniendo la caña de un libreto programado así, para ganarse el rating.  

“Púdrete, nos vemos en el infierno”, algo así, fue una de las expresiones hace unos años, entre otras, de un joven herido en su ilusión, dicha a un jurado en un famoso reality de talentos histriónicos. ¡Obvio! No se justifica una mala  intención de estas a nadie; pero hay que analizar el grado de provocación y burla ante lo que un ser esperanzado pueda ver como un atentado a lo que él ve como su cualidad en lo más preciado de su intima humanidad.

Se denotaba que un defecto físico es el clarísimo ingrediente para el hazmerreir del público expectante y esa es la base de la diversión para captar teleaudiencia, sumado a los shows de criterios encontrados entre los jurados.

Pero, algo que había criticado por lo manifestado, pareciera se hubiera tenido en la cuenta; pues por la curiosidad que me dio dada la excelente expectativa promocional del reality – A otro Nivel-, resultó ser eso, un programa al mejor nivel con un fresco ingrediente en la presentación de Paulina Vega Dieppa, quien no necesitaba de ser profesional en el tema, ya que con el solo hecho de su bagaje mediático como Miss Universo, es prenda de garantía en simpatía y profesionalismo.  Aunque el complemento de Linda Palma no me convence mucho por el estilo postizo y de cliché en que esta presentadora se ha convertido infortunadamente, dados sus atributos. ¡Bueno! Es cuestión de conceptos.

No me niego a que este reality no se trata de algo novedoso en su razón de contenido, pues podríamos decir que es una misma familia en una nueva casa; pero rescato a consideración, el esfuerzo por una metamorfosis positiva de los errores cometidos en “La Voz” y otros similares.

Hay  más dinamismo, más espectacularidad visual, herramientas de producción que motivan a los ojos y hasta a las emociones, un trabajo bien hecho de sensibilización como preliminar, con las vidas y sus esfuerzos, de cada uno de los concursantes.

Se le da un valor significativo a cada uno sin importar su procedencia. Es decir el equipo de producción se tomó la molestia de realizar investigación, guiones magníficos e uniformidad en el objetivo, así se sepa que las posibilidades de escalar en el ascensor estén limitadas.

Esto es un valor agregado destacable de lo que está haciendo Caracol Televisión, entendiéndose que las vidas de los cantantes, músicos, compositores, y artistas en general en Colombia, no son fáciles para cultivar y menos recibir los frutos deseados.

En buena hora con este tipo de programas bien producidos, se está dando la notable oportunidad a infinidad de talentos, que así no avancen a la etapa esperada, están siendo difundidos unos minutos valiosos para ellos en su carrera, lo que seguro les repercutirá en sus sueños.

Por ejemplo me llamó la atención la niña que sobrevive y sostiene a su familia, cantando en los buses de Bogotá. No ascendió en el ascensor; pero es muy seguro que su popularidad si ascendió y por ende sus ingresos y expectativas. Gracias a la valiosa oportunidad de – A otro Nivel-.

Y en cuanto a los jurados seleccionados, me parece una genial mezcla de profesionales y con autoridad para emitir conceptos, dado lo que han representado en el escenario musical colombiano y mundial; aunque no hubiera sobrado la cuota femenina que diera el toque de susceptibilidad, ternura y decoro que demandan las mujeres.  

Además un idóneo jurado: Kike Santander, seriedad, conocimiento y precisión; Silvestre Dangond, típicamente popular, con simpatía y jacarandoso; y Fonseca, analítico, tranquilo y considerado.  Con el común denominador del manejo respetuoso, motivador y sutil que le están dando a los participantes.   

Ojalá que este formato se sostenga hasta el final sin variaciones condicionales, para que así de una manera atractiva, nos pueda seguir divirtiendo, profesional, justa y sanamente a los colombianos.