Repensando los modelos de análisis y planeación de infraestructura en el país

Por: Camilo González.— *

No es difícil ver la relación entre inversión en infraestructura y el crecimiento económico de un país. Invertir en infraestructura aumenta la conectividad y productividad, genera empleo y estimula el intercambio comercial; pero al mismo tiempo, el crecimiento económico resulta clave para aumentar la inversión y establecer una base de desarrollo para la industria de un país. Basta ver cómo las economías con mayor crecimiento tienden a atraer más inversión en la industria de infraestructura que aquellas con pocas perspectivas.

Sin embargo, esta correlación evidente, parece estar siendo subestimada por los gobiernos, pues los esfuerzos por fortalecer este aspecto en la mayoría de países, no son suficientes para la demanda que hoy en día la sociedad exige.

Hoy, más que nunca, los gobiernos y sociedades necesitan un plan a largo plazo para el desarrollo de su infraestructura y deben enfocarse en responder tanto al crecimiento económico, como a las necesidades sociales. Pero para esto, es necesario tener mecanismos de evaluación y análisis de selección de proyectos de inversión más sofisticados de los que se tienen hoy en día.

En el mundo, no existen procesos estándar para priorizar proyectos, pero usualmente los gobiernos se toman decisiones de acuerdo con las capacidades presupuestales o intereses políticos. Los proyectos se priorizan basados en las necesidades inmediatas y se desarrollan como acciones aisladas, esto es un error, pues deben pensarse en términos de un eslabón en el desarrollo de un plan de desarrollo a largo plazo y sostenible.

Por ejemplo, el Reino Unido desarrolló un modelo donde a partir de tres criterios principales, se seleccionaron y priorizaron proyectos: i) El potencial de contribución al crecimiento económico. ii) El potencial del proyecto de brindar calidad y sostenibilidad. Y iii) El potencial del proyecto de atraer inversiones privadas. Los anteriores criterios fueron los determinantes para darle prioridad, de manera objetiva, a 20 propuestas de una lista de 80. Esto, sin dejar de lado factores también importantes como la importancia estratégica,  la importancia regional o la capacidad para mejorar y apalancar el resto de la infraestructura nacional.

En Brasil, en cambio, existe un programa de aceleración del crecimiento creado en 2007 y actualizado en 2011, donde se planeó una inversión de alrededor de 26 billones de dólares en el sector privado y público para 6 iniciativas: mejores ciudades (infraestructura urbana), seguridad e inclusión social, vivienda, acceso a servicios de agua y luz para todos, energías renovables, petróleo y gas y transportes (ferrocarriles, aeropuertos, carreteras). En la ejecución de este plan, la mayoría de decisiones se han tomado según lo que el gobierno piensa que es mejor para los ciudadanos, pero se han quedado cortos en la identificación de estrategias de sostenibilidad más allá del desarrollo de proyectos específicos sin mayor proyección. El resultado de esto: fiascos en infraestructura con fuertes secuelas sociales como la falta de una solución clara en construcción para el mundial de futbol del 2014, que dejó un descontento en la población, por mencionar un caso, o la preocupación por lo que se mostrará en los juegos olímpicos que se llevarán a cabo este año en Rio. Para los brasileños, las inversiones no se están haciendo de manera experta para beneficiar al país y a la gente.

Si es claro que la inversión en infraestructura mueve el crecimiento económico ¿por qué se toman decisiones sin una visión completa del valor económico que esta traería? Si no hay un análisis previo adecuado ¿cómo se sabe que la inversión está siendo adecuada y en el proyecto ideal? Es necesario repensar la forma en que se evalúa y prioriza la inversión en infraestructura y dejar de calcular beneficios económicos solo en términos de ahorro de tiempo e ingresos generados, sino también tener en cuenta el impacto en ingresos fiscales o en objetivos de carácter social.

Está claro que el desarrollo de programas con enfoques innovadores en evaluación y priorización de los proyectos infraestructura no es fácil. Los datos necesarios a veces no están disponibles y a veces, los gobiernos se enfrentan a la oposición de stakeholders o de intereses políticos. Sin embargo, el cambio en esto debe empezar cuanto antes para contribuir al desarrollo sostenible de la sociedad actual a partir del desarrollo de esta industria.

(*)socio KPMG en Colombia